Luz Casal: «Como mujer y roquera, me sigo enfrentando a prejuicios»

Luz Casal clausuró en el MVA el ciclo 'Ni tontas ni locas. Mujeres en la cultura del siglo XX'. /Félix Palacios
Luz Casal clausuró en el MVA el ciclo 'Ni tontas ni locas. Mujeres en la cultura del siglo XX'. / Félix Palacios

«No tengo tanta arrogancia como para pensar en ser un referente», declara antes de cerrar el ciclo 'Mujeres en la cultura del siglo XX' con la figura de Nadia Boulanger

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

En su haber tiene algunos de los premios más prestigiosos de la música. Su nombre despierta admiración y respeto a partes iguales. Pero en el tú a tú, sentada en una cafetería de la Malagueta, no hay ni rastro de divismo ni alardes de estrella. Discreta, amable y cercana, a Luz Casal se le enciende la mirada cuando habla de Nadia Boulanger, la compositora, pianista, organista, directora de orquesta, intelectual y profesora francesa cuya vida le ha «fascinado». Ella instruyó a Astor Piazzola, Aaron Copland, Quincy Jones, Michel Legrand, Burt Bacharach, Philip Glass o Daniel Baremboim, entre muchos otros. Con su historia, la cantante clausuró ayer el ciclo 'Ni tontas ni locas. Mujeres en la cultura del siglo XX', organizado por el Centro Generación del 27 en el Centro MVA. Antes, en una charla con este periódico, repasó su carrera («No me avergüenzo de ninguna canción»), reconoció que aún queda camino para la igualdad de género («Me sigo enfrentando a muchos prejuicios») y rehuyó ser bandera de nada («No tengo tanta arrogancia como para pensar en ser un referente»).

–A las puertas de conciertos importantes, ha decidido hacer una parada para hablar de Nadia Boulanger.

–La verdad es que, al principio, cuando estaba redactando mi conferencia pensé '¿para qué me meto yo en esto?' (ríe). Supongo que, al final, lo que he decidido es obligarme a conocer más el trabajo de alguien de quien me quedé fascinada.

–¿Cómo llega a ella?

–Sabía de su existencia por Quincy Jones, que siempre decía que un momento muy importante en su vida había sido conocer a una pianista francesa. Indagando llegué a ella. Me atrapó lo importante que ha sido para muchísimos músicos e incluso ella como compositora, aunque no se consideraba nunca importante. Creía que para ser compositora había que ser genial y que si no, no merecía la pena. Era bastante dura consigo misma.

–¿Piensa igual?

–De alguna manera, cuando siento que estoy componiendo algo que no tiene interés, por más trabajo que me haya costado, lo tiro. Lo considero como parte del ejercicio para mantener el músculo de escribir.

–Antes de acertar hay que equivocarse mucho.

–Me equivoco todos los días un montón de veces, así que estoy acostumbrada a eso (ríe).

–¿Cómo pudo Nadia Boulanger influir en músicos tan relevantes?

–Y en una época donde te imponían tu lugar incluso desde el mismo ámbito familiar y social. En el caso particular de Nadia y de su hermana Lili, tenían a su favor que contaban con una madre que les impuso una férrea disciplina. Supongo que eso fue lo que luego le sirvió para ser una buena profesora. Era muy exigente, pero también era capaz de dar clases a gente que no tenía formación musical clásica, solo un talento natural que ella supo impulsar.

«Persigo hacer canciones que me representen y me motiven. Llegar, a ser posible, a la excelencia»

«Puedes tener mucho éxito que siempre hay un éxito superior que tiene que ver con el hecho de ser machote»

–En la música, ellos lideran las listas de ventas, los carteles de los festivales, los cachés más altos…

–Ya, pero no puedes forzar a que haya en un festival 500 solistas o mujeres porque no las hay. Como técnicos de escenario, no hay. Una cosa es pelear por eso y otra es forzarlo, adoptar imposturas que significan para mí caer en un error grave.

–Paralelamente al auge del movimiento feminista, gana peso la corriente reaccionaria. ¿Algunos tienen miedo a la mujer?

–Es natural. Es como cuando el hijo único pierde privilegios, protagonismo y regalos porque llegan más a la familia. Y entonces te mosqueas, te haces el duro, el fuerte, el exigente, el déspota incluso. Son reacciones que entiendo; salvo las violentas, con las que no comparto ningún tipo de defensa que las explique.

–Como mujer y roquera, ¿se ha enfrentado a muchos prejuicios?

–Me he enfrentado y me sigo enfrentando a prejuicios.

–¿Se sigue enfrentando?

–Muchísimo. A veces no es de una obviedad que digas 'me voy a enfadar y voy a sacar los puños', metafóricamente hablando, pero hay una especie de trato... La prueba está en que tú puedes tener mucho éxito que siempre hay un éxito superior que tiene que ver con el hecho de ser machote.

«He tenido una cierta precaución a no ser juzgada físicamente antes que musicalmente»

–¿En qué ha notado esa diferencia de trato?

–Hasta hace nada, hasta ahora mismo, en muchas de las crónicas de un concierto mío prácticamente la mitad era una relación de lo que llevaba puesto, cómo lo llevaba puesto y si era sexy o no lo era.

–Y eso que usted siempre ha sido muy discreta.

–Sí. No he sacado el pompis a cada momento. Pero no porque no me sienta libre, sino porque de alguna manera he tenido una cierta precaución a no ser juzgada físicamente antes que musicalmente. Cuando me subo al escenario, subo como una persona que se dedica a la música. Ni género ni raza ni opción religiosa. Supongo que mis comienzos en un ambiente determinado, me hicieron ver que era mejor ser discreta en lo físico.

–¿De qué le gustaría ser referente?

–No tengo tanta arrogancia como para pensar eso. Yo actúo como una mujer libre en la música y como persona intento trabajar diariamente por ser lo más plena posible. Tengo una grandísima curiosidad y le saco partido a la vida bien, pero no tengo ciertas veleidades. No tengo ningún propósito de significarme. No soy ciega ni sorda y sé que para mucha gente ciertas cosas de mi vida y de mi profesión tienen un significado importante en sus propias vidas, pero no es algo que yo potencie o saque la bandera.

–La música le ha dado mucho pero, ¿cuál ha sido su mayor renuncia?

–Si hiciera un análisis rápido, probablemente no tener una cierta vida normal. Empecé muy jovencita y que cuando las demás compañeras del colegio se comportaban como niñas yo ya me comportaba como adulta porque me subía a un escenario y tenía público enfrente. Pero esas renuncias han tenido su compensación en hacerme una persona comprensiva, que percibe ciertas cosas. De lamentar algo, quizás lo que de una manera recurrente aparece es no haber hecho una carrera universitaria, no haber estudiado composición y armonía como Nadia Boulanger.

–Este verano actuará en el Weekend Beach de Torre del Mar. No es habitual verla en este formato.

–Es una experiencia, algo diferente. En muchos casos, puede darse la circunstancia de que no estén en el festival para verte específicamente a ti; que accedan como la novedad o como la cantante que le gustaba a su hermano mayor. Tiene ese plus de aventura que está bien.

–¿Qué viene después de 'Que corra el aire', su último disco?

–A ver qué sale de todo lo que llevo apuntado y de algunas cosas que tengo tengo grabadas como demo. Dedicándole el tiempo que sea necesario, sin prisas. Siempre persiguiendo hacer canciones que tengan textos que me representen, que me motiven, que me hagan vivir situaciones que no necesariamente he vivido. Llegar, a ser posible, a la excelencia. Nunca he tenido la presión de tener que entregar un álbum en una fecha concreta. Eso me ha dado muchísima libertad y la posibilidad de darle vueltas a las cosas. Por eso no me avergüenzo de ninguna canción.