Aretha Franklin deja vacío el trono del soul

Franklin, en una actuación de noviembre de 2017. / AFP

El icono de la música negra muere en Detroit, su ciudad de adopción, a los 76 años y rodeada de su familia

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

El trono del soul ha quedado vacío. La reina ha muerto. Aretha Franklin falleció en Detroit, víctima de un cáncer de páncreas a los 76 años, rodeada de su familia y, curiosamente, en la misma fecha que Elvis Presley. 'La artista más grande de todos los tiempos' (bautizada así por la revista 'Rolling Stone') vendió 75 millones de discos durante seis décadas de carrera, publicó 42 álbumes, logró 18 Grammys y tuvo el mérito de haber llevado 77 'singles' entre los cien primeros de la lista 'Billboard'.

Unos números increíbles que nacieron en la iglesia, esa cantera musical que son los coros. La propia Aretha decía que esa exposición al público desde tan jóvenes era el mejor entrenamiento para los cantantes. Ella lo vivió desde la cuna. Nacida en Memphis (1942), cuando apenas tenía cuatro años se mudó a Detroit. A su padre, el reverendo Clarence LaVaughn Franklin, le habían designado como pastor de una nueva iglesia baptista de la ciudad que años más tarde se convertiría en uno de los centros de la lucha por los derechos civiles. Allí, el reverendo observó que su hija valía para la música y empezó a cantar con el coro. «Cada fin de semana podía ganar 50 dólares recorriendo el país por diferentes iglesias», decía la cantante, que también aprendió piano.

Se empapó de toda esa música, de las voces de Ella Fitzgerald y Dinah Richardson. Era una joven prodigio que a los 14 años ya había grabado su primer disco ('The Gospel Soul Of Aretha Franklin'); en el plano personal, con 17 años era ya madre de dos pequeños que se quedaron con su familia mientras iniciaba su carrera musical. Tuvo cuatro hijos y se casó dos veces. En 1961 firmó su primer contrato profesional con Columbia, no con la Motown de su ciudad de acogida, y se fue a Nueva York. En el sello quisieron centrarla más en el jazz, un estilo al que ella nunca se adaptó. Fue un lustro de tiras y aflojas, con intermedios, hasta que ficha por Atlantic Records.

En apenas cuatro años se convierte en la reina del soul. Publica dos singles casi de forma consecutiva: 'I Never Loved A Man (The Way I Love You)' y 'Respect', la canción que Otis Redding había grabado dos años antes, que Franklin convirtió en número uno y con la que ganó sus dos primeros Grammys, además de lograr que un tema con un deje machista se transformase en un canto feminista y por la lucha de los derechos civiles. Apenas hizo cambios. Añadió unos coros y unos arreglos y deletreó la palabra, dándole una carga de profundidad que Redding no consiguió.

Los dos 'singles' formaron parte del disco 'I Never Loved A Man The Way I Love You', que salió a la venta en 1967. Ese mismo año publicó 'Aretha arrives', con una versión de '(I Can't Get No) Satisfaction', de The Rolling Stones. Los británicos son admiradores confesos de una de las grandes damas de la música negra, que versionó veinte años más tarde 'Jumpin' Jack Flash' de la mano de Keith Richards.

Versiones y ritmo frenético

Franklin tenía un ritmo frenético. Un año más tarde, en enero de 1968, publica 'Lady Soul', con una impresionante versión de 'A Natural Woman', de Carole King. Colabora con Eric Clapton, Ray Charles, James Brown... y solo seis meses después, llega a la tienda de discos, 'Aretha Now', con éxitos como 'Think' (escrita por la propia Franklin), 'I Say a Little Prayer', 'Chain Of Fools' o 'I Can't See Myself Leaving You'. Más Grammys.

En la década de los setenta prosigue con sus versiones (Beatles incluidos), convirtiéndolas en algo propio con ese torrente de voz. Además, se atreve con un disco en directo, 'Aretha Live At Filmore West' (1971), y con otro trabajo de gospel, 'Amazing Gospel' (1972). Poco a poco abandona el soul tradicional para abrazar la música disco de esa época. Las giras son interminables, pero casi siempre por Norteamérica. No se prodiga fuera de Estados Unidos y Canadá. Pocas actuaciones en Londres y en el Festival de Montreaux. El Festival de Jazz de Vitoria estuvo a punto de traerla en 1982, pero la diva se negó. Su miedo a volar la superó.

Aretha acepta el reto de participar con los Blues Brothers en 'Granujas a todo ritmo' con su 'Think'; casi dos décadas después repetiría experiencia en 'Blues Brothers 2000' con 'Respect'. Siguió colaborando con otros artistas -dúo con George Michael para cantar 'I Knew You Were Waiting (For Me)'-, fue la primera mujer en entrar en el Salón de la Fama del Rock and Roll (1987) y actuó en las dos tomas de posesión de Bill Clinton. Demócrata confesa, también actúo ante Barack Obama en 2009. «Fue histórico», dijo emocionada.

Sus últimos años publicó recopilatorios y un disco en el que homenajeaba a grandes divas de la música. Pero en febrero de 2017 dijo basta. Solo realizaría actuaciones muy selectas para pasar más tiempo con sus nietos y por sus problemas de salud nunca confesados. Quería seguir viviendo de forma estable en Detroit, la ciudad que amó.

«La reina de nuestras almas»

«La reina ha muerto. Larga vida a la reina». Con esta clásica fórmula, Elton John se despedía de Aretha Franklin y expresaba el cariño que sentía por una de las cantantes más importantes de las últimas décadas. «La reina de nuestras almas que nos inspiró a todos durante muchos años», señalaba Paul McCartney en las redes sociales. «¡Qué vida! ¡Qué legado! Muchísimo amor, respeto y gratitud», dijo Carole King, autora de '(You Make Mee Feel Like) A Natural Woman'.

     Una canción que Franklin amaba y que interpretó hace dos años en el homenaje a King y otros premiados en los Kennedy Center Honors. Allí apareció Aretha, con un abrigo de visón hasta el suelo, su bolso de pedrería que dejó encima de piano. Comenzó a cantar y Barack Obama, fan confeso, no pudo aguantar la lágrima ante semejante interpretación. «En su voz podíamos sentir nuestra historia: nuestro poder y nuestro dolor, nuestra oscuridad y nuestra luz, nuestra búsqueda de la redención y nuestro respeto ganado con tanto esfuerzo», indicó el expresidente norteamericano. Donald Trump comentó que Franklin era «un regalo de Dios» y Hillary y Bill Clinton destacaron que durante su vida «removió nuestras almas».

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