«El mundo se ha colado en Málaga a través del CAC»

Fernando Francés, durante la entrevista. /Manuel Gómez
Fernando Francés, durante la entrevista. / Manuel Gómez

Fernando Francés, secretario general de Innovación Cultural y Museos y exdirector del CAC, hace balance de los 16 años de un espacio que ha sido clave en la transformación social y cultural de la capital de la Costa del Sol

María Eugenia Merelo
MARÍA EUGENIA MERELO

Ante su mirada ya no hay piezas de Mark Ryden, Michaël Borremans o Shepard Fairey sino anodinos cuadros de un despacho oficial en Sevilla en el que se sienta como secretario general de Innovación Cultural y Museos de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Hoy, 17 de febrero, el CAC Málaga cumple 16 años. Por primera vez, Fernando Francés, su creador y director hasta hace cuatro días, es el gran ausente en el aniversario de un espacio que ha sido punto de encuentro obligado para acercarse a los nombres del mejor arte español y a una larga y exquisita nómina de grandes creadores extranjeros. Una oferta de arte contemporáneo internacional en el viejo Mercado de Mayoristas que ha puesto mucho músculo en la transformación social y cultural de Málaga. Una trayectoria fecunda llena de momentos estelares, pero también de polémicas.

–¿Para qué ha servido el CAC?

–Para transformar la ciudad.

–¿Y cómo la ha transformado?

–Social, educativa, culturalmente. Le ha dado una perspectiva exterior y una apertura al mundo que antes no tenía.

–¿Y qué ha aportado al discurso en torno a la cultura que se ha construido en Málaga?

–Una ventana al mundo. El mundo se ha colado en Málaga a través del CAC. Y ese mundo ha sido el mundo de la frescura, de la innovación, de la modernidad.

El Museo Picasso, que abrió pocos meses después que el CAC, y el Centre Pompidou, el Museo Ruso o el Carmen Thyssen, más recientemente, también habrán hecho su aportación a la pedagogía para lograr esa mirada contemporánea. Por cierto, ninguno de ellos tiene la entrada gratis como el CAC.

–El CAC fue el primero que abrió. Y el primero, y probablemente el único, en abrirse a la ciudad, porque sigue pulverizando las cifras de porcentajes de visitantes locales. Duplica en ese porcentaje al segundo, que es el Museo Ruso. Es evidente que por número y por calidad sobrepasa a todos los demás. Está por encima del 70% en visitantes locales, según las estadísticas que publicó SUR. Otros, como la Fundación Picasso, están en el 5%. Es evidente que el impacto y la transformación de la ciudad se debe al CAC, no a otros que solamente aportan un 5% y que se han convertido en un centro de interpretación más que en un museo.

El gestor cultural hace balance de los 16 años de un espacio que ha sido clave en la transformación social y cultural de la capital de la Costa del Sol

«No sé si he cerrado bocas. Lo que sí he demostrado es que se podían hacer cosas de una manera diferente»

Ai Wei Wei, Gerhard Richter, Obey, Marina Abramovic, Gilbert & George, Erwin Olaf, Mark Ryden o Ron Mueck han pasado por el CAC. ¿Algún hijo predilecto en ese extraordinario mosaico de artistas?

–Por importancia y trascendencia, Gerhard Richter. Por calado en la sociedad, Mark Ryden. Conseguir 103.000 visitantes en una exposición de un artista que sólo conocían 3.000 de las personas que la visitaron me parece un éxito que te da la medida de la forma bestial en la que puede funcionar Málaga si se traen propuestas y hay presupuesto para hacerlas.

–¿Lo más gratificante de estos años?

–Ha habido cosas sumamente gratificantes. Una, la aceptación del gran público malagueño. No del público pequeñito, sino del gran público. Que los artistas de proximidad tengan como referencia única en el arte contemporáneo al CAC Málaga. No como la mejor sino, prácticamente, como la única. Y que los artistas internacionales han optado por venir al CAC, que es un pequeño museo de la periferia de España. En todos los grandes curriculum aparece ya el CAC.

Habla de los artistas de proximidad. No le han faltado las críticas de quienes consideran que les ha dedicado poca atención.

–Siempre hay alguien que no está de acuerdo, sobre todo si no lo eliges. Pero yo creo que son muy pocos.

Dos generaciones de niños han pasado por el antiguo Mercado de Mayoristas en 16 años. ¿Es ese su gran legado?

–Sin duda. Muchos de la primera generación ya vienen con sus hijos. Y algunos son coleccionistas de arte. Muchos, no solamente de la segunda, también de la primera, tienen en sus perfiles en redes imágenes captada en el CAC Málaga. No hay esa relación con ningún otro museo.

«Hemos conseguido comprar a artistas internacionales piezas muy importantes»

Exposiciones imposibles

Cuando llegó a Málaga le advirtieron que tendría que cerrar en Semana Santa porque no tendría ni una visita. ¿Cuántas bocas ha cerrado en estos años?

–Yo no sé si he cerrado bocas. Lo que sé es que se ha demostrado que las cosas se podían hacer de otra manera, que una institución cultural puede transformar una sociedad, puede ser eje vertebrador de los cambios. No se hacían las cosas por cerrar bocas sino, simplemente, como una constatación de hechos. La pretensión ha sido: tenemos que hacer algo, aunque nadie nos crea. Y hemos ido haciendo cantidad de cosas, aunque nadie nos creyese.

–¿Qué exposición o exposiciones se han quedado en el tintero?

–Prácticamente todas las que Gestión Cultural ha presentado al nuevo concurso, que no sé si ganará o no. Si gana, ya no las hago yo, con lo cual, esas, de alguna manera, se me quedan a mí en el tintero, porque yo las tenía en mente.

–¿Alguna exposición imposible?

–Damien Hirst. Y Takashi Murakami. Pudimos traerlo, pero no teníamos presupuesto para hacerlo. Quizás esas dos. Plausibles, difíciles, pero conseguibles.

Siempre ha hablado de presupuesto ajustado, pero también hay críticas desde sectores políticos y culturales, que consideran excesivo una partida de 2,86 millones al año.

–Con seis mil euros te puedes comprar un coche, pero con ese coche no puedes dar la vuelta al mundo ni puedes ganar ninguna carrera. Si quiere un vehículo especializado, de primera línea mundial, no lo compras por menos de 150.000 o 200.000 euros. Que se pueden bajar los presupuestos, sin duda, se pueden cortar a la mitad. Pero, ¿qué proyecto quiere usted, un coche que le permita recorrer cincuenta kilómetros al día o uno que le permita dar la vuelta al mundo cruzando cualquier tipo de dificultad? Eso es demagogia pura. No es que haga falta más o menos dinero para un museo. Depende de para qué lo quieras. Una exposición de Murakami cuesta un millón de euros. Que se pueden hacer exposiciones con menos, sí. Pero usted qué quiere, un producto de excelencia o un producto 'low cost'. La Champions League no se puede ganar con un presupuesto de segunda o tercera división.

–¿La obra más emblemática del CAC está fuera del CAC?

–¿Te refieres a una obra de arte?

Me refiero a los murales de Obey y D*face.

–Ya, ya. Yo creo que no. La obra más importante del CAC es el conjunto de piezas que hemos adquirido estos años sobre el paisaje artístico actual andaluz. Eso no lo tiene ningún otro museo. Y se ha podido hacer con muy poco dinero. La otra es la más mediática, no la más importante.

–¿Qué destaca de ese fondo de arte que queda para la ciudad?

–Si hablamos de piezas concretas, por ejemplo tenemos una excepcional pieza de Jason Rhoades y también de Marina Abramovic. Y una muy buena pieza de Santiago Sierra y de Art & Language. Hemos conseguido comprar a algunos artistas internacionales piezas muy importantes. Y otras, gracias a las exposiciones que se hicieron, se pudieron comprar para la ciudad, que al final es lo mismo. Por ejemplo, la escultura de Tony Cragg. Gracias a lo contento que él estaba por haber expuesto en el CAC y por cómo se le había tratado, se pudo comprar en aquel momento por una cantidad simbólica una pieza que hoy vale varios millones de euros.

Dificultades técnicas

–¿Por qué se quedó en nada la ampliación de Moneo para el CAC?

–Por Lehman Brothers.

–¿Y es necesaria?

–Absolutamente. Las condiciones en la que se han venido trabajando en el CAC son muy malas. Las oficinas no están ventiladas, los sistemas de aire acondicionados son muy débiles, los consumos son altísimos, la biblioteca no se ha podido poner en uso porque no hay espacio. Ahora, las nuevas bases para la adjudicación del CAC contemplan ponerla donde está el espacio Proyectos y los talleres pedagógicos. El que cumpla ese requisito no podrá disponer de una sala de exposiciones ni podrá hacer actividad pedagógica, salvo en las salas. Es un error. Y hay dificultades técnicas. El encofrado es débil y ahora hay que hacer un estudio de ingeniería para ver si soporta el peso de la biblioteca.

–¿Fue el MAUS –(Málaga Arte Urbano en el Soho), la iniciativa de renovación urbana para transformar el Soho de Málaga a través del arte– un proyecto fallido?

–Si eso se le pregunta del entorno dirán que les cambió la vida. Hasta hace seis años, todo el ensanche de Heredia no tenía vida, nada más que por las mañanas. Cuando se cerraban los despachos era un lugar triste para vivir. Hoy la palabra Soho, que a mí nunca me ha gustado, es la palabra más utilizada en el distrito. No hay locales vacíos ni pisos vacíos. Hay una conciencia de orgullo de vivir allí. Fallido, en absoluto. Lo único fallido de aquel programa fue su paralización. Hubiese necesitado más ayudas y más tiempo de desarrollo.

La exposición de Sorolla, ¿fue un gran gol que le metieron al CAC?

–No porque la decisión fue mía. Uno toma decisiones y en aquel momento pensé que era una oportunidad aquella exposición que iba a estar parada durante todo un verano en su itinerancia. Yo quería cambiar la colección permanente, quería hacer unas pequeñas reformas que al hacer aquella exposición nos las patrocinó una entidad financiera. Pensé que podía servirnos para abrirnos a nuevos públicos. El análisis posterior me demostró que fue flor de un día. De visitantes fue un éxito, la exposición más visitada en la historia de la ciudad de Málaga: 161.000 personas. Pero no conseguimos fidelizar a ninguno de esos públicos. Nunca repetí esa experiencia porque no trabajaba para un día. El CAC no era un museo para turistas, para provocar que la gente viniese a Málaga un día y comieses en la ciudad. Eso es un recurso turístico, pero nunca puede ser un recurso cultural. Hay en la ciudad algún museo que funciona con esos parámetros. Pero nosotros nunca quisimos que fueran los el CAC.

El secretario general de Innovación Cultural y Museos, en su despacho en la Consejería de Cultura.
El secretario general de Innovación Cultural y Museos, en su despacho en la Consejería de Cultura. / Manuel Gómez

–¿Ha habido falta de previsión del Ayuntamiento de Málaga con el nuevo concurso del CAC?

–Lo que parece evidente es que podía haberse hecho un poquito mejor. No sólo en los plazos, que han apurado. Se podía haber sacado antes de la nueva Ley de Contratos para las Administraciones Públicas. Tuvieron tiempo. Los tres meses anteriores a que saliese la nueva ley ha sido el periodo histórico en España donde más concursos se han licitado. Alguién pensó que era mejor dejarlo para después, sin darse cuenta de que un concurso de estas características, tan complejo, de tanto dinero –que no es para una carretera, que se hacen muchas– requiere una especialización. Creo que quien ha redactado las bases lo ha hecho como si estuviese contratando la limpieza de las playas o el abastecimiento de un mercado, pero no los contenidos de un museo. Ha primado los servicios auxiliares a los contenidos de calidad y la excelencia.

El plante de Enrique Juncosa para dirigir desde ya el CAC, ¿le ha amargado la despedida?

–Repito de nuevo lo que dije en la rueda de prensa. Juncosa se ha comprometido en firme a gestionar el CAC si Gestión Cultural gana el concurso. Si alguien considera que eso es un plante, yo no. Es una apuesta firme, confirmada por él.

«Hay algunos museos que están literalmente en coma: sin personal, sin equipos, con edificios con graves deficiencias»

«Siempre hemos pedido las licencias pertinentes. ¿Invader va a ser un excepción?»

«Quizás vuelva al CAC. No es seguro. He aprendido que nunca se puede decir nunca jamás»

Invader

Se despidió del CAC con esa polémica y en la política le reciben con otra: las críticas por estar investigado por un juez por los mosaicos de Invader en el Centro Histórico de Málaga, un posible delito contra el patrimonio histórico.

–Mi participación ha sido nula. Están investigando al autor de los hechos. Nosotros ni le hemos invitado ni le hemos ayudado ni se lo hemos sugerido ni le hemos pagado ni nadie nos ha pagado porque lo hiciera. ¿Alguién puede pensar que una empresa privada va a hacer un trabajo si alguién no se lo encarga y se lo paga? Cualquier empresario del mundo sabe que eso es así. Y cualquier gestor cultural del mundo sabe que no puede hacer nada al margen de la ley. Hemos trabajado con 200 artistas fuera de las paredes del CAC. Todo el mundo sabe que hemos hecho siempre una invitación formal, les hemos pagado el viaje y la estancia. Hemos pedido las licencias pertinentes. Han sido concedidas. Y siempre eso se ha hecho porque había un contrato. ¿Invader va a ser la excepción?

–¿Le ha fichado Juanma Moreno para repetir en Andalucía el milagro cultural de Málaga?

–No se por qué me han fichado, la verdad. Sin embargo tengo la intuición de que están tratando de hacer equipos que equilibren lo político y lo técnico, en todas las áreas. También en cultura, que estamos equilibrados. Bueno, nos han reñido porque no cumplimos la paridad, porque hay más mujeres que hombres. Eso es una anécdota. Lo que no es una anécdota es que en Andalucía se puede interpretar la cultura de muchas maneras. Que las subvenciones se pueden distribuir mejor. Que en las programaciones no siempre entren los mismos. El criterio técnico no ha existido. Para poner orden, equilibrio y ecuanimidad en la gestión cultural en Andalucía es para lo que a mí me han fichado. Y por eso me han colgado la pata de los museos, porque es mi territorio natural. Venimos también a destapar algunas cosas que estamos comprobando que no son muy limpias.

–¿Cómo qué?

–Lo sabremos cuando lo hayamos comprobado. Estamos aterrizando.

Museos malagueños

–¿Tiene ya prioridades como secretario general de Innovación Cultural y Museos?

–Nos estamos encontrando con graves deficiencias. Algunas históricas. En los museos, hay algunos que están en coma, literalmente en coma: sin personal, sin equipos, con edificios con graves deficiencias. El personal es un problema real muy grave que tendremos que darle solución lo antes posible. No es normal que falten 50 conservadores de museos, por poner un ejemplo. O que falte un 20% de vigilantes de museos. Y que haya directores de museos, como las directoras del Museo de Bellas Artes y del Arqueológico de Sevilla que, en unas condiciones absolutamente mínimas, de ruina, han conseguido hacer cosas memorables. Son héroes que han estado protegiendo el patrimonio artístico en unas condiciones tristes que hay que resolver.

«La Champions League no se puede jugar con presupuestos de segunda o tercera división»

«El Museo de Málaga, con los millones de euros que ha costado, no podemos justificarlo con la actividad que tiene»

«Tengo la impresión de que están tratando de hacer equipos que equilibre lo político y lo técnico»

Dentro de ese diagnóstico de los museos, ¿cómo ve el Museo Picasso y el Museo de Málaga, los dos que gestiona la Junta en la ciudad?

–En el Museo de Málaga vamos a tener que meternos de una forma importante. Hay que pelearse por las cosas. Hay que ilusionar a la gente con la idea de que no debemos esperar el maná para comer, sino que hay que buscar la comida cuando no existe. Un museo que ha costado tantos millones de euros, socialmente no podemos justificarlo con la actividad que tiene. La propia colección es mejorable. Pues habrá que iniciar contactos con el Estado para conseguir fondos de más calidad de los que tenemos y que están en los depósitos del Museo del Prado. Soy partidario de no conformarnos con lo que hay sino de hacer más. El Museo de Málaga lo requiere. Y también requiere aumentar la plantilla.

–¿También hay necesidades en el Picasso?

–No lo sé. Quiero tener pronto una reunión con su director, José Lebrero. Y desde luego tendremos que apoyarle si es necesario hacer más cosas. O si hay que estudiar alguna cosa como la programación. Todo el mundo me ha oído decir que había cosas de la programación del Picasso con las que yo no estaba absolutamente de acuerdo.

–¿Por qué?

–Porque con algunas exposiciones ha parecido a veces más un museo de arte contemporáneo que un museo dedicado a Picasso.

–¿Y eso es malo?

–Bueno, no parece que sean las razones por las que se creó ese museo. En todo caso, no quita que las cosas que se han hecho no sean de un rigor y una calidad absolutos. Son cuestiones diferentes. En cualquier caso José Lebrero –que está ahí, que va a seguir estando y que tiene mi apoyo absoluto– es una garantía de que las cosas se pueden hacer bien.

–¿Tendrá algún día Málaga un auditorio?

–Se me ha oído decir muchas veces que el paisaje, el escenario, el territorio de Málaga como ciudad de museos no es suficiente. Hay una magnífica oferta y ahora Málaga tiene que hacer lo mismo con otros sectores de la cultura, por ejemplo, con la música. Es indudable que una ciudad de 700.000 habitantes necesita un auditorio. Eso no existe en Europa. Para ser la capital de la cultura, además de las artes visuales o del cine, se requiere una oferta de artes dramáticas y la música. Vienen unas elecciones y se puede dar el escenario de que gobiernen en el Ayuntamiento, en la Junta y el Gobierno central alguien que no es el PSOE. Y ahí se puede dar el escenario para desbloquear rencillas y rencores y poder hacer ese auditorio. La Junta de Andalucía no va a dar un paso atrás.

«Hay algunos museos que están literalmente en coma: sin personal, sin equipos, con edificios con graves deficiencias»

«El director del Museo Picasso, José Lebrero, está ahí, va a seguir estando y tiene mi apoyo absoluto»

Provocador en el arte y la gestión, ¿lo va a ser también en la política?

–Voy a ser el menos político de todos los políticos.

Puso mucho énfasis en que se iba del CAC, por el momento. ¿Volverá cuando termine la etapa política?

–Quizás. Pero no es seguro. He aprendido a que no se puede decir nunca jamás. Nunca me había imaginado en política. En mi vida.

Con lo crítico que ha sido con los políticos, ¿se ha pasado al lado oscuro?

–(Risas). Lo que espero poder hacer es que aquellas cosas que yo criticaba a la clase política en general, contribuir en la cultura de Andalucía a que no ocurra, al menos mientras yo esté. Siempre he dicho que no veía bien que los técnicos ocupasen puestos políticos. Lo he dicho toda mi vida. Pero tampoco veo del todo bien que políticos sin conocimientos específicos atiendan líneas de actuación culturales que son muy técnicas. Cada uno en su sitio. Y juntos creo que se pueden hacer grandes cosas. A eso sí creo que puedo contribuir. No creo que entre en ese lado más oscuro.

Fernando Francés, en la galería del Palacio de Altamira, sede de la Consejería de Cultura.
Fernando Francés, en la galería del Palacio de Altamira, sede de la Consejería de Cultura. / Manuel Gómez

–¿Ha sido fácil dejar atrás el CAC?

–El CAC ha sido el proyecto más apasionante de mi vida profesional. En una ciudad en la que he tenido más gratitud de la que yo jamás hubiera esperado. Cuando yo llegué a Málaga era impensable, insólito, que un periódico diese una información de cultura en portada, a no ser que viniese Monserrat Caballé. Jamás de artes visuales. Hoy en día es raro, si la exposición es buena, que los periódicos locales no pongan, aunque sea en un cuadradito, esa información en primera página. Eso es un cambio sociológico brutal. Cómo no va a costarme alejarme de esa situación, a la que creo que yo he contribuido de una forma más que notable. Ese museo ha sido mi hijo. Hemos hecho cosas insólitas para un museo tan pequeño y con un presupuesto tan reducido. Se me secaría la boca sin tuviese que repetir los grandes artistas mundiales que han expuesto por primera vez en España en este museo. ¿Quien soñó con ver a Borremans? ¿Quién soñó con tener una exposición como la que de los Chapman o la que hizo Anish Kapoor? ¿Quién soñó con una exposición en España de Luc Tuymans cuando dos museos como el de Salamanca y el Reina Sofía lo habían intentado y no lo consiguieron? Hemos traído a Louise Bourgeois antes que nadie. Y la Tate Gallery nos copió el montaje y nos lo reconocieron. La Tate nos compró la exposición de Simon Starling, la primera compra del museo británico a un museo español. ¡Claro que me cuesta dejar eso! Pero creo que vivimos un momento histórico en Andalucía. Cuando te dan la oportunidad de cambiar las cosas hay que dar un paso adelante.

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