Lorca rompe el muro

Lorca rompe el muro
Salvador Salas

Nuria Espert y Laura García Lorca tejen la vida y obra del poeta, capaz de «trascender el idioma» y crear «un cordón umbilical» con el futuro

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Defendía Lorca que «hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo». Tal vez también se refería a la poesía. Cientos de personas abarrotaron ayer el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga para celebrar el nonagésimo segundo aniversario de la Generación del 27 recordando al autor granadino en un acto organizado por la Fundación Manuel Alcántara en colaboración con la Fundación Cajasol. Dos conversaciones, una entre la actriz Nuria Espert y el director de SUR, Manuel Castillo, y otra entre Laura García Lorca y el director del diario Málaga Hoy, Antonio Méndez, tejieron la vida y obra del autor de 'Poeta en Nueva York'.

«¿Cómo se sobrevive a Lorca?», preguntó Castillo. Para Espert, icono del teatro europeo, cuerpo y voz de sus personajes más memorables, desde Bernarda Alba hasta Doña Rosita, el escritor andaluz continúa vivo: «No se puede amar tanto a un autor y pensar que no está entre nosotros. Lorca está en el aire, dentro de mí, cuando los jóvenes lo leen por primera vez... Todo lo que he sido, actriz, directora, empresaria, maquinista, ha girado en torno a él». El director de SUR incidió entonces en la capacidad del escritor andaluz para «trascender el idioma», como demuestran las giras internacionales de sus obras, muchas de ellas con Espert como protagonista. «Produce la misma emoción en España que en Irán, Rusia o Estados Unidos, algo que resulta muy extraño, porque la poesía traducida pierde parte de su encanto original, de su olor, pero el perfume de Federico lo huele el mundo entero», reflexionó la intérprete catalana.

Espert recordó sus inicios como la Medea de Eurípides, papel al que accedió por una sustitución, «que es como suelen empezar las buenas carreras». A punto de alcanzar los 84 años que cumple hoy, tras más de siete décadas sobre los escenarios, la actriz confesó que sus personajes más poderosos «tienen tantos colores que nunca sabes si has conseguido acercarte a ellos». Interpretar 'Yerma' con treinta años y hacerlo mucho después, «cuando ya no tienes la regla», resultan experiencias «diferentes», como le ocurre con 'Romancero gitano', cuyos poemas lleva al teatro ahora de la mano de Lluís Pasqual, cerrando «un ciclo vital», como destacó Castillo.

«Es una profesión extraña», explicó Espert cuando el director de este periódico le recordó que no canceló la obra que estaba interpretando cuando murió su marido: «Buenos y malos actores anteponemos este oficio a nuestro dolor personal. Mi hija me propuso cortar las funciones, pero el teatro era el único sitio donde yo podía respirar». También Lorca era poliédrico: «Alberti me contaba que Federico pasaba de ser el centro de las reuniones a quedarse de pronto en un rincón, solo». La intérprete, Premio Princesa de Asturias en 2016, reivindicó la lucha por la igualdad sexual y de género que encierra la obra lorquiana: «Hay poemas que son gritos de rabia».

Casi una hora antes del inicio del acto comenzó a formarse una cola que llegó a ser kilométrica. Castillo, consciente de que Espert ejercía como principal reclamo, le pidió que recitara un poema. «¡Esto no estaba preparado!», se resistió ella unos segundos antes de interpretar 'Romance de la luna, luna', que despertó una ovación propia del teatro, insólita en el Ayuntamiento. Recogieron el testigo Laura García Lorca y Antonio Méndez. La sobrina del autor granadino se emocionó cuando se dirigió a Espert para agradecerle la difusión de la obra de su tío, cuyo asesinato marcó a la familia.

«La vida por delante»

La presidenta de la Fundación Lorca recordó a su padre, hermano de Federico: «Eran los años treinta, se abría una época de modernidad. Tenía toda la vida por delante, era diplomático, y de repente mataron a su hermano y tuvo que convertirse en su voz. Fue un peso muy grande». Méndez hizo referencia a su condición de «guardiana del legado de Lorca», una responsabilidad que asume «como una deuda con quienes no acabaron de contar su historia, una deuda de amor porque alguien tiene que contar la historia de la familia». Y parte de esa historia pasa por explicar su negativa a buscar los restos del poeta, reflexión que fue respondida por el público con un aplauso: «Su asesinato fue un crimen político, siempre lo hemos sabido. No se puede desligar de su homosexualidad ni de su éxito, pero tampoco de su apoyo a la República y a un proyecto progresista. No queremos recuperar sus restos porque mantenerlos ahí, mezclados con los restos de otras víctimas, nos parece mucho más elocuente que distinguirlo, separarlo. Que siga ahí ayuda a la memoria pública, a la memoria del resto de víctimas».

Con él, explicó su sobrina, «todo el mundo se sentía mejor, más inteligente, más atractivo». También leyendo sus poemas y sus obras de teatro, o escuchándolas en voces como la de Espert. Porque Lorca hace décadas que rompió el muro.