Poesía elevada a 'best-seller'

Poesía elevada a 'best-seller'

Irónico y brillante, Antonio Gala convirtió un género minoritario en una máquina de vender libros. Ahora vive refugiado en su finca de Alhaurín el Grande, donde trata de «defraudar a la muerte»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Sintió pronto el impulso de la escritura, cuando apenas levantaba unos palmos del suelo, pero también tuvo claro que la vida no podía reducirse al oficio, por tentador que resultara el abrigo del folio en blanco. «Sé que cuando vivo como un hombre común, que ama y desama y presencia injusticias y goza y está triste, no lo vivo para contarlo, sino que lo cuento para vivirlo más, con mayor intensidad, para recrearlo», explicó en su autobiografía, 'Ahora hablaré de mí'. Antonio Gala nació en Brazatortas, en Ciudad Real, en algún momento entre 1930 y 1936, sin que haya un acuerdo sobre el baile de fechas inicial, probablemente producto de su coquetería. «No lo sé ni yo», zanjó en una de sus últimas entrevistas. Tampoco presta especial atención a su lugar de origen, del que nunca habla, un desdén que el pueblo manchego le devolvió colocando una placa cargada de ironía: «En esta casa nació el escritor cordobés Antonio Gala».

La profesión de su padre, médico, obligó a la familia Gala a trasladarse a Córdoba cuando Antonio aún era pequeño. El horror infantil ante el estruendo de los bombardeos de la Guerra Civil y la temprana muerte de uno de sus hermanos dejaron una huella de tristeza crónica que, ya en su madurez, escondió bajo una brillante mordacidad sobre la que construiría su personaje público. Revelado como un adolescente prodigioso, dio conferencias algo teatralizadas sobre asuntos como el existencialismo francés y escribe poemas bajo la influencia del Grupo Cántico. Llegaron las colaboraciones en revistas literarias como Caracola, editada en Málaga, provincia que acabaría convirtiéndose en un segundo hogar, y forjó amistad con autores como Fernando Quiñones, Gloria Fuertes o Pablo García Baena.

Su polémica expulsión de la milicia universitaria cuando estudiaba Derecho, acusado de escribir una nota privada al camarero de la cafetería de oficiales, denuncia que acabó en juicio y que también se asoció a una posible conspiración de sus compañeros, abrumados por su superioridad intelectual, supuso un zarpazo inesperado para Gala, que se encerró en la casa familiar. Instalado en Madrid, en plena oposición a abogado del Estado, sufrió una crisis religiosa e ingresó en la Cartuja de Jerez, donde permaneció un año, hasta que sus superiores se percataron de sus capacidades: «Tu voz no es nuestro silencio. Tú tienes que hablar». El objetivo de la aventura monacal, romper el cordón umbilical, había sido alcanzado.

Su grupo de amigos fue ensanchándose, incorporados Manuel Alcántara, José Hierro o Paca Aguirre. Fueron ellos quienes le convencieron de que presentase un libro inédito, 'Enemigo íntimo', al prestigioso premio Adonais, cuyo primer accésit consiguió en 1959. Aquella irrupción disparó el número de colaboraciones de Gala en prensa y revistas literarias. Coqueteó con las artes plásticas, dirigiendo varias galerías e instalándose en Florencia, y en su regreso intensificó su actividad literaria con la publicación de los poemarios 'Meditación en Queronea' y 'La deshora' y escribiendo sus primeras obras de teatro. El diagnóstico de alzheimer de su padre, a quien le unía una adoración mutua, y su muerte lo sumieron en una depresión de la que tardó meses en salir.

«Pasión por el lenguaje»

El premio Calderón de la Barca de Teatro y su encuentro con José Luis Alonso, quien dirigiría varias de sus obras, constituyeron un revulsivo para Gala, a quien la estrechez de los géneros siempre le ha apretado como un mal corsé; a su producción poética y teatral suma novelas y guiones para televisión, una obra marcada por «la persecución de la justicia, la aspiración a la esperanza, la pasión por el lenguaje, la fugacidad del tiempo, la muerte y el naufragio constante del amor, la solidaridad y la defensa de causas casi siempre perdidas», como escribió José Infante en la antología 'Una señal en el corazón'.

Desde los años setenta cimentó una popularidad que alcanzó su cima en los noventa, con el Premio Planeta por 'El manuscrito carmesí', al que seguirían otros éxitos como 'La pasión turca' o 'Más allá del jardín'. Se suceden los premios y los amores, épocas de actividad frenética que equilibra con sus estancias en La Baltasara, la finca que compró en Alhaurín el Grande a finales de los ochenta. Sus intervenciones en televisión lo convierten en uno de los escritores españoles más famosos, capaz de sacar la poesía de su destierro habitual como género minoritario para vender cientos de miles de ejemplares.

En 2011 anunció que padecía cáncer de colon. «Trataré de defraudar a la muerte una vez más: la última», escribió. En 2015, al recoger el título de Hijo Adoptivo de Málaga y la Medalla de la Ciudad, anunció que los médicos le habían declarado «libre» de la enfermedad. Fue una de sus últimas apariciones públicas antes de refugiarse de forma casi definitiva en La Baltasara, de donde sólo sale, siempre impoluto, con su eterno bastón, para visitar la fundación para jóvenes creadores que tiene en Córdoba, su obra más preciada: «Mi hijo».

ANTONIO GALA

ENEMIGO ÍNTIMO

Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: «Ven».
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.(...)

CONDENA

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

PLAYA DE EL PALO

Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar...

Cuando el amor comienza, hay un momento
en que dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura

-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.

Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos dios. Y lo adoré.

HOY ENCUENTRO, TEMBLANDO YA Y VACÍA

Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.

Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.

Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la muerte.

 

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