Mircea Cartarescu: «Soy infinitamente mejor lector que escritor»

El escritor rumano Mircea Cartarescu. /Cati Cladera (Efe)
El escritor rumano Mircea Cartarescu. / Cati Cladera (Efe)

«Me preocupa más escribir una buena frase que ganar el Nobel», dice el recurrente candidato al premio de la Academia Sueca y ganador del Premio Formentor

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Soy mucho mejor lector que escritor». Lo dice sin falsa modestia el escritor rumano Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956). «Me preocupa mucho más escribir una buena frase que recibir el Nobel», asegura el recurrente aspirante al universal galardón horas antes de recibir el Premio Formentor de las Letras 2018 por su «poderosa habilidad narrativa» y su «excepcional conocimiento de la biblioteca universal». Autor de una vasta e inclasificable obra, insiste Cartarescu en que nunca quiso «ser escritor». «Sólo quise escribir, escribir de verdad, con todas mis fuerzas», asegura un autor torrencial que «jamás» planea una página y que se deja llevar. «La inspiración es más sabia que yo», dice más que apesadumbrado por «la fuerza maligna del nacionalismo» que crece en Europa.

«Nadie debería llamarse a sí mismo escritor, filósofo o profeta; son los demás quienes deben decir que lo eres si les convences», plantea el ganador del Premio Formentor. «Soy un hombre que escribe, que se escribe, y no me interesa el halo social de mi vocación», asegura este grafómano irredento, hijo de un campesina «mucho más inteligente» y que alimenta sus textos, en parte, de los sueños que su madre le contaba cada día y que él anotaba en su diario. Son la fuente de una vasta obra de la que Impedimenta publica ahora un texto fundamental, 'El ala izquierda', la primera parte de su trilogía 'Cegador'. «Es mi texto principal, como el portaaviones en una flota; una gran isla de lava en torno a la cual está todo lo demás que he escrito», dice su autor que triunfa en España «más que en ningún otro país del mundo».

Asegura que en su interior vive aún «el niño sorprendido ante el mundo» que impulsa todo lo que hace y que comenzó el diario que sostiene su aventura narrativa. «Un artista es una persona que conserva la mirada infantil, y me reconozco en el niño que fui. Esto supone que puede haber artistas sin obra pero que se alegran de la belleza del mundo», plantea. Asegura ser «infinitamente mejor lector que escritor». «Apenas un cuarto de lo que leo es literatura», explica un compulsivo lector de ensayos, libros de ciencia, memorias, «y hasta los prospectos y etiquetas». Se define como «un amateur», que escribe siempre a mano, «sin editar, desafiando el mito extendido del escritor que trabaja infinitamente en su texto». Dice que «jamás» ha formado parte del mundo literario, «sea local o universal», que ha publicado «casi por casualidad», que no ha negociado «nunca» un contrato ni ha tenido un agente literario. «El aprecio por mi escritura ha sido siempre una gran sorpresa para mí», añade.

A vida o muerte

Su recreado Bucarest natal natal es el centro de la obra de este singular narrador rumano de alma europea. «Europa es mi patria y los problemas que atraviesa son para mi muy personales. Un asunto de vida o muerte. Nada de bromas», dice muy serio. «Antes se ser rumano soy europeo» asegura un Cartarescu apesadumbrado por la deriva nacionalista de varios socios del a UE. «Antes que rumano soy europeo. Europa es mi verdadera patria y sufro terriblemente con lo que esta ocurriendo», dice. Sueña con un Europa federal «en la que se fundieran las fronteras y la unidad primara sobre las diferencias». «Por desgracia, las cosas ocurren al revés; hay tendencias centrífugas alimentadas por la fuerza maligna de los nacionalismos, una corriente en la que está mi propio país», lamenta. «En lugar de aliarse con la Europa civilizada, Rumanía ha decidido aliarse con Estados nacionalistas como Hungría o Polonia, que demuestran su intención de alejarse de Europa, y ese es uno de mis grandes sufrimientos», plantea.

Todas las quinielas dicen que el Nobel llegará antes que después, pero a Cartarescu no le quita el sueño. «Debería llevar, como dijo Vargas Llosa, una etiqueta diciendo que el Nobel perjudica seriamente la salud, como el tabaco», ironiza. «Me preocupa más escribir una frase que me guste que recibir el Nobel, o cualquier otro premio», dice rompiendo una lanza por un galardón amenazado por los escándalos. «El Nobel era uno de los últimos bastiones de la literatura de verdad, que, como se sabe, se ve continuamente asaltado por la literatura comercial», dice. Lamenta «profundamente» los escándalos que han minado el prestigio de la Academia Sueca «y que afectan a todo el mundo literario». «Espero que acabe el tambaleo del velero y que se recupere la normalidad. El Nobel debe continuar», plantea.

Recibe Cartarescu el Formetor por una obra «destinada a impulsar la transformación radical de la conciencia humana», y «expandir los límites de la ficción». Explica que su interés es sentirse «asombrado y sorprendido con cada página», y que si no lo logra lo rechaza. Sólo le guía la inspiración «que es más sabia que yo y tiene mucho más talento». «Si no estoy inspirado no hago nada», dice. Asegura que ha pasado «periodos de hasta tres años sin escribir una letra». «Cuando estoy inspirado dejo mi mente libre, no intervengo en el flujo de mi pensamiento, sigo a mi propia mente», asegura.

Más orgulloso de su realismo que de su onirismo, al escritor rumano no le agrada etiqueta de autor de culto. «Siento un enorme aprecio por los lectores y si ve en mí a un escritor de culto le estoy muy agradecido, pero no escribo con esa intención», señala. Lamenta también que se le etiquete como «posmoderno», algo que surge del la dificultad de definir su obra. «Siento un especial rechazo ante la filosofía de la nada y el hedonismo que han difundido filósofos como Ganni Vatimo», dice el autor de una obra que mezcla realidad y una desbordante imaginación y en la que la cartografía de la memoria, se entrelaza con el sueño yla pulsión de los deseos. «Sólo quiero desenmascarar la realidad, abrir puertas a laberintos imposibles de desentrañar y para ello escribiría aunque no quedase ni un solo lector en el mundo», concluye.

Poeta, novelista, crítico literario y periodista, Cartarescu es autor de más de 30 libros traducidos a 23 idiomas. De su temprana obra poética destaca 'El Levante' (1990), escrito en plena dictadura de Ceaucescu. Dio el salto a la narrativa con 'Nostalgia' (1993), que se abre con 'El Ruletista'. Siguió con 'Lulu' (1994) y con su monumental trilogía 'Cegador' (1996-2007), que recupera ahora Impedimenta, sello que publicó el volumen de relatos 'Las Bellas Extranjeras' (2010, Premio Euskadi de Plata), 'El ojo castaño de nuestro amor' (2012) y su última y monumental novela, 'Solenoide' (2015).

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