Manuel Rivas: «Los desobedientes hacen avanzar el mundo»

Manuel Rivas. /Luca Piergiovanni (Efe)
Manuel Rivas. / Luca Piergiovanni (Efe)

«Bolsonaro, Trump, Orban y otros políticos neofascistas funcionan como los gánsteres», denuncia el escritor gallego

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Para Manuel Rivas, desobediencia y libertad son casi sinónimos. El escritor gallego (La Coruña, 1957) cree así que «los desobedientes son quienes hacen avanzar el mundo», que «la insumisión es el origen de la libertad» y que «un acto de obediencia acabará con el mundo». En torno a la tensión entre libertad y poder, dominación y rebelión, giran los tres relatos que conforman 'Vivir sin permiso y otras historias de Oeste' (Alfaguara). El narcotráfico que carcomió Galicia es el hilo conductor de unos cuentos armados en torno a una dilema hamletiano -«ser o no ser libres»- y por un escritor que asumen que «los políticos neofascistas funcionan como los gánsteres y los mafiosos».

'El miedo de los erizos', 'Vivir sin permiso' y 'Sagrado mar' son las tres «novelas cortas» cuyos personajes comparten su vinculación con el mundo del narco y con el territorio mítico del Oeste. «Es un lugar límite», dice Rivas de su particular y nebuloso Macondo, un trasunto de la Galicia natal del escritor y articulistas donde el narcotráfico aparece «como un neoliberalismo llevado al extremo de forma delincuencial».

Eligió fabular sobre el ecosistema del narco y sus juegos de poder y dominación por entender que son «un fiel reflejo de un mundo actual, en el que pasamos del Estado del bienestar al del malestar y la opresión». En especial, 'Vivir sin permiso', una reflexión sobre el poder en torno a Nemo Bandeira, un destacado narco del Oeste aquejado de alzhéimer y temeroso de perder su liderazgo, además de su memoria. Un cuento inspirado en un personaje real convertido en serie de televisión por Tele5.

A partir su su historia fabula Rivas sobre las claves del poder en una sociedad neocapitalista, sumida en un ola de neofacismo que ve «sublimado» en el mundo del narcotráfico. «Gobernantes y políticos como Trump, Bolsonaro, Orban, Le Pen o Salvini se comportan como gánsteres y mafiosos», sostiene. «Vivimos en un momento de distopía y nos están robando la línea del horizonte. El capitalismo depredador abarata lo humano y pone en la diana a enemigos como los feministas, los ecologistas, lo defensores de los derechos de los pueblos autóctonos y las minorías», lamenta Rivas, recordando el asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres.

«Estamos en un proceso de descivilización en el que un pensamiento posfascista y totalitario que se expresa con espacial groseria y humillando al diferente crece y se contagia por el mundo», denuncia Rivas. «Un neofascismo grosero que amenaza a Europa desde dentro», dice el escritor evocando el 'brexit' y el avance de la ultraderecha fascista en Grecia, Francia, Italia, Alemania o Hungría.

«Velocidad + codicia + necesidad + violencia» es, según Rivas, la ecuación que imperó en el Oeste del narco y que inspira «ese pensamiento neototalitario del capitalismo depredador». Un narco que «quiso asaltar el poder y al que solo frenó la conciencia cívica». «Galicia no quiso ser Sicilia, pero estuvo a punto de serlo. Hubo por fortuna quien lo frenó: en especial las mujeres, que agitaron las conciencias, denunciaron las complicidades y rompieron los muros del silencio selectivo», plantea.

'Sagrado mar' aborda la desobediencia y la posibilidad de rebelarse contra el sometimiento a través de de la historia de un joven presidiario que se enfrenta tanto al sistema carcelario como al que ejerce un capo de la droga. 'El miedo de los erizos' es, para su autor, un «ejercicio de perversión» que retuerce la narrativa de los cuentos. «El objeto mágico que ayuda a los protagonistas en los cuentos torna en este relato en un objeto diabólico que amarga la existencia a sus personajes», dice. «'Excalibur', la espada artúrica, se transforma en los fardos de cocaína que hallará un grupo de jóvenes precarizados y que podrían cambiarles sus vidas radicalmente», concluye.

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