«Algunas grandes editoriales acabarán dedicándose al entretenimiento audiovisual»

Enrique Redel, editor de Impedimenta/
Enrique Redel, editor de Impedimenta

ANTONIO PANIAGUAMadrid

Enrique Redel, editor de Impedimenta, no soporta la mediocridad en el arte de editar. Apuesta por publicar libros de bella factura, aunque resulten más caros. Su editorial se ha hecho un nombre al apostar por la literatura británica del siglo XX y autores contemporáneos de calidad irrebatible, como Stanislaw Lem, Natsume Soseki, Mircea Cartarescu eterno candidato al Nobel de Literatura- o Penelope Fitzgerald. Redel piensa que la crisis del sector editorial ha tocado fondo, aunque advierte de que los tiempos dorados de las grandes tiradas jamás volverán. Su sello, junto a las editoriales del grupo Contexto, en la que están integradas Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica y Sexto Piso, publicarán de forma conjunta títulos ambiciosos cuyo coste es demasiado grande para asumirlo en solitario. Serán dos o tres libros al año, que pueden venderse a un precio de 30 euros, con una edición impecable y una excelente traducción. Enrique Redel argumenta que las pequeñas editoriales soportan mejor la crisis que las grandes, que se han volcado en exceso en títulos de rápido consumo. Muchos de mis libros más queridos han sido fracasos comerciales, explica.

¿Por qué el nombre de Impedimenta?

La impedimenta es el bagaje que llevaban los romanos en la batalla. Era algo que pesaba muchísimo y doblaba la espalda de los soldados, pero todo lo que llevaban en ese equipaje resultaba fundamental. Elegí ese nombre porque para mí la literatura y la edición son algo parecido, un ejercicio que consiste en ir atesorando libros que nos van haciendo lectores, libros que se llevan en las mudanzas, de los que uno no se desprende y que acaban formando parte de la biografía personal

¿Concede mucha importancia al diseño?

Muchas veces somos prisioneros de nuestro propio diseño. En cuanto a su producción, nuestros libros están muy elaborados. Personalmente soy incapaz de comprarme un libro que no sea bonito, por eso cuidamos mucho el proceso, de manera que los materiales que utilizamos están pensados para durar. Quizá salen un poco más caros, por eso nuestros precios no pueden bajar. Estudié incluso la posibilidad de hacer libros más sencillos, pero no quiero bajar el listón. Para mí es fundamental que el libro sea bello, que esté bien maquetado y corregido. Hay editoriales buenísimas que han fracasado por un diseño equivocado. No queremos que eso nos pase.

Impedimenta nació en 2007, a pocos meses de la crisis. ¿Cómo incidió este hecho en la andadura inicial?

Empezamos muy bien y ahora estamos muy asentados. Tuvimos un par de años de crecimiento muy fuerte, y luego nos hemos ido manteniendo. Los cinco primeros títulos los reeditamos. No fueron libros que nos costara colocar en el mercado porque ya venían con un bagaje previo. La crisis empezó a notarse de verdad en los dos o tres últimos años. Anteriormente ya existía la sensación de que había una crisis financiera, pero en ningún momento se transmitió la impresión de que la gente iba a dejar de comprar libros. En los dos últimos años, sin embargo, sí ha ocurrido, aunque a nosotros no nos ha costado tanto porque nuestros lectores son más militantes. No contamos con un lector de aluvión que compra un libro de vez en cuando para regalar porque es un best seller. La crisis no está afectando tanto a las editoriales pequeñas como a los grandes grupos, que lo están pasando muy mal pues están viendo reducidas sus ventas porque el tipo de libro que publican es de rápido consumo. La gente se lo piensa mucho a la hora de gastarse veinte euros en libros.

Atomización de las ventas

¿Vive la industria del libro un momento de emergencia?

Creo que se ha tocado fondo. Desde hace un tiempo se experimenta la sensación en las librerías de que las cosas van mejor, aunque no mucho mejor. Pero ya nada volverá a ser como antes. No va existir una editorial como la nuestra que vendió en un momento dado 50.000 ejemplares de un solo título, por ejemplo. Seguramente nos tendremos que conformar con cifras muchos más humildes. Pero el sector se está recuperando, si bien, eso sí, saldrá transformado. Ahora no existen los best sellers de 100.000 ejemplares, porque el libro de más éxito puede vender a lo sumo 10.000 copias. Además, si antes había diez títulos que acaparaban una parte importante de las ventas, ahora en vez de diez hay cincuenta, de suerte que está todo mucho más repartido.

Apegados al presente

Impedimenta comenzó con la recuperación de libros olvidados y luego apostó por clásicos del siglo XX ¿Cuál es la siguiente etapa?
Vamos a publicar a escritores mucho más apegados al presente, incluso autores actuales que escriben en castellano como Fernando Cordobés o Pilar Adón. También vivimos un momento especial con la novela gráfica. Hemos sacado la colección El chico amarillo, que va muy bien. En cuanto literatura británica, que cuidamos muchos, publicaremos algunos títulos de los años setenta, una época donde una liberación de todo tipo de cadenas
¿Acabará extinguiéndose el libro en papel?
Creo firmemente que el libro en papel no se va a extinguir. Otra cosa es que haya una depuración o una selección natural. El papel va a quedar para publicar lo canónico, no sólo clásicos, sino también libros que necesitan un recorrido largo. El libro de gran consumo pasará al formato electrónico. Con todo, tendremos que procurar que el libro sea más barato. En cuanto a las librerías, supongo que tendrán que reconvertirse y algunas hacerse cafés, pero sin duda van a sobrevivir
¿Qué libro reciente de su catálogo recomienda al lector?
La enciclopedia de la tierra temprana. Es una novela gráfica, de Isabel Greenberg. Es una historia épica que habla de reyes locos, gigantes malvados, espías que no son espías... Está pintado a la acuarela, con un estilo degradado. La historia es una delicia porque habla de mitos griegos y bíblicos. Representa todo un homenaje al arte de narrar

¿Afecta esta circunstancia a las librerías?

Mientras las ventas de las grandes superficies se han desplomado, las librerías están dejando de vivir del best seller y ahora se sostienen gracias al goteo de ventas, que se encuentran mucho más atomizadas.

¿Amazon es el gran enemigo de la edición o los hay peores?

La clave del negocio de Amazon, que es llevar el libro a tu casa, es magnífica. Comporta, sin embargo, dos desventajas. La primera es que en ciertos países, como Estados Unidos y el Reino Unido, está acabando con la red de librerías. En Londres, muchas librerías han desaparecido o están ahogadas económicamente. Bastante gente mira los libros que hay en los escaparates y luego compra en Amazon, donde no hay precio fijo. En España sería deseable que los libreros se unieran y creasen una plataforma en la web para vender sus libros. Amazon es un gigante que en España no ha alcanzado todas sus posibilidades de desarrollo. Pero cuando lo hace lamina todo lo que hay. El segundo problema es que Amazon es un monopolio y, en muchas ocasiones, fija precios trabajando a pérdidas, locual debería estar prohibido. Por lo demás, no pagan sus impuestos en España. Es paradójico que critiquemos a los políticos que evaden impuestos mientras la sede de Amazon está en Luxemburgo.

¿De qué manera han incidido las nuevas formas de entretenimiento en la lectura?

El principal enemigo del libro no es el e-book, que ha tocado techo y en este momento ronda un 15% de la facturación de cada editorial. El enemigo es el juego Candy Crush, la serie Breaking Bad o el WhatsApp. Hace unos años la gente viajaba en el metro o en el autobús leyendo un libro. Ahora no hay tiempo para aburrirse. Mucha gente ha dejado de comprar libros debido a la multiplicación de ofertas de ocio y de consumo. El verdadero problema es que la gente no lee. Leer es cansado y exige un gran esfuerzo de concentración, y ahora vivimos en la época de la dispersión.

Los grandes grupos editoriales, salvo algunas excepciones, parecen haber apostado por el entretenimiento. ¿Fiar las ventas a lectores circunstanciales no es una forma de labrarse la ruina?

Sí, porque las industrias culturales que apuestan por el mero entretenimiento tienen que competir con otras mucho más poderosas. El libro además tiene mala fama; mucha gente está convencida de que es caro, de que los editores somos unos ladrones y de que militamos todos en la SGAE. Sospecho que algunas editoriales acabarán dedicándose al entretenimiento audiovisual. No preveo que las grandes compañías vivan en el fututo del libro.

¿Es posible vivir decentemente vendiendo mil ejemplares de cada título o es necesario sobrepasar ese listón?

Necesitamos vender más de mil, nuestro listón está más alto. No nos es muy difícil vender esos 1.100 o 1.200 libros para cubrir costes. Antes teníamos libros que vendían entre 7.000 y 10.000 copias, pero eso ya no existe. Con todo, si logramos vender 1.700 ejemplares de un libro, con esos 500 de sobra te puedes permitir comprar los derechos de un libro un poco mejor.:

Bajar el listón

Pronto se jubilará Herralde. También Beatriz de Moura, de Tusquets, tiene diseñada la retirada. ¿El grupo Contexto y otras pequeñas editoriales están preparadas para tomar el testigo u os movéis en otra liga?

Queremos ocupar el sitio de esas editoriales, entre otras cosas porque ese vacío no lo pueden ocupar propuestas que bajen el nivel. No soportaríamos que ese espacio lo ocuparan sellos de planteamientos cortoplacistas. Tenemos a los libreros de nuestra parte, pero falta que el lector en general nos ubique mucho mejor.

¿Es factible que Impedimenta compre los derechos de un Martin Amis o Pinchon o es una misión imposible?

A alguno de ellos les he tirado los tejos, pero me han dicho que no. En cambio, sí ocurre que las agencias empiezan a dirigirse a nosotros para proponernos ciertos pesos pesados porque ven que nuestras ventas medias son buenas. Más que Pynchon, Amis o Milan Kundera, que ya tienen su nicho y su editorial, lo que tenemos que hacer es dar cabida a sus sucesores. Por lo demás, este año publicaremos a Kingsley Amis, el padre de Martin.

Beatriz de Moura, la editora de Tusquets, advirtió a las pequeñas editoriales de algunos errores en que ella incurrió, como sacar demasiados títulos al año. ¿Usted le ha hecho caso?

Hubo un momento en que se me puso bastante fácil la posibilidad de crecer. En el año 2010 publicamos La hija de Robert Poste; acto seguido Soy un gato, de Natsume Soseki, y al mes siguiente La librería, de Penélope Fitzgerald. De La hija de Robert Poste llegamos a vender 50.000 ejemplares; de Soy un gato 20.000 y de La librería 10.000 o 15.000. De repente entramos en el mainstream. Los distribuidores me dijeron: ahora lo que tienes que hacer es un expositor gigante. Pero los libreros me advirtieron de que me iba a ganar la enemistad de algunos porque iba a parecer avasallador. En definitiva, prefiero sacar veinte libros al año que me permitan seguir creciendo poco a poco que jugar con los grandes anticipos y ese tipo de cuestiones.

¿Alguna vez ha pensado en fusionarse con algunas otra editorial?

Vamos a hacer otra cosa: las editoriales del grupo Contexto (Impedimenta, Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica y Sexto Piso) vamos a sacar de forma conjunta libros que serían demasiado grandes si lo hiciéramos en solitario. Si queremos publicar un libro magnífico que cueste 30 euros, con buena edición y traducción, tenemos que unirnos. Publicaremos dos o tres libros al año.

Ha hecho usted algunas apuestas arriesgadas, como publicar un libro extrañísimo como De la elegancia mientras se duerme, del Vizconde Lascano Tegui. ¿Mereció la pena?

Lo volvería publicar, pero fue mi mayor fracaso como editor. Ese libro surgió de una recomendación de Luis Solano [editor de Libros del Asteroide]. Lo volvería a sacar porque tiene uno de los mejores comienzos de la historia. Muchos de mis libros más queridos han sido fracasos comerciales.