Korda, el artista oculto tras la foto del Che

Fotografías de la exposición. /Migue Fernández
Fotografías de la exposición. / Migue Fernández

La Térmica descubre la vida y la obra un fotógrafo en constante búsqueda de la belleza en su exposición más ambiciosa

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Es la imagen más reproducida de la historia. Todo el mundo la tiene en su cabeza y también en camisetas, pósters, tazas… cualquier objeto que imaginen. Un emblema de la revolución cubana, pero ni mucho menos su mejor fotografía. 'Korda: belleza y revolución' saca a la luz el interesante trabajo de un artista que quedó ahogado tras una sola instantánea, la icónica mirada al cielo del Che Guevara. La Térmica descubre en una ambiciosa exposición, que por primera vez ocupa dos salas del centro cultural, a un artista en constante búsqueda de la belleza y con un dominio absoluto de la estética fotográfica.

No fue un hombre político, ni el cámara oficial de la revolución, ni vestía uniforme. Alberto Díaz Gutiérrez 'Korda' (La Habana, 1928-París, 2001) era un fotógrafo obsesionado con la belleza y con las mujeres, a las que su objetivo buscaba con la misma pasión en un atelier de moda que en un mitin político. «Fue un fotógrafo muy versátil, moderno y contemporáneo, que fue mucho más allá de la prácticamente única foto que por muchos años se le reconocía», aseguró Cristina Vives, comisaria de la muestra, que cuenta con el respaldo de la Fundación Unicaja.

Por eso, para hacerle justicia, la foto del Che Guevara no se expone en la Térmica. Solo se exhiben en una vitrina cientos de pruebas de la imagen impresas por quien fuera su asistente durante años, José Figueroa, y la hoja de contacto en la que aparecen los dos instantes en los que inmortalizó al Che durante un funeral público. Sobre el negativo, una línea roja señala el encuadre que Korda quiso darle a la captura que marcó su carrera. «Nunca fue fotoperiodista ni fotógrafo documental. Era un publicista entrenado en la manera en que hay que hacer una imagen para comunicar», indicó Vives. Korda era «irrespetuoso» con el negativo completo: para él, la fotografía final era la que transformaba en su estudio.

A Alberto Díaz no le molestaba ser recordado por 'la foto del Che'. En el fondo, como apostilla su amigo Figeroa, «vivió de ella» cómodamente. Solo «le sorprendía» su repercusión, como indicó su hija Diana Díaz, que acudió a la presentación. Pero con la muestra que mañana se inaugura, se cumple un deseo de su padre, «unas palabras que siempre decía en sus últimos cinco años: no ambiciono cosas ni palacios, no dejo dinero ni yates, solo me interesa dejar mi trabajo, la obra de un fotógrafo de una pequeña isla, para las nuevas generaciones».

Y lo ha conseguido pese a que, por dos veces, perdió todo su material fotográfico. La primera, cuando le confiscaron su estudio de moda y publicidad en el centro de La Habana en 1968 con las leyes que abolían la propiedad privada. Después, pasado los años 70, cuando envió sus imágenes marinas para un proyecto en Bulgaria «y nunca más regresaron». La exposición, inédita en España (solo se vio una parte en la Casa de América de Madrid), es el resultado de una labor de investigación que ha conseguido rescatar una pequeña parte de su trayectoria a través de los negativos conservados en el Consejo de Estado de Cuba y de los cedidos por sus propias modelos.

El tríptico que recibe en la primera sala sirve de carta de presentación de la exposición: la foto de un líder político flanqueada por dos imágenes de mujer. Los modelos femeninos junto a los nuevos modelos del inicio de la revolución, también jóvenes y atractivos. No hay tanta diferencia entre unos y otros. Korda buscaba en ambos casos la «imagen efectista y hermosa». Ellas ocupan una pared; enfrente Fidel, el Che y otros líderes del momento. «Se puede apreciar la aproximación tan humana, íntima y estética con la que enfrentó a los líderes políticos. La misma que para sus modelos y musas», añadió la comisaria.

Tras años haciendo fotografía de moda y publicidad, a partir de 1959 comenzó a acompañar a los líderes de la revolución en sus multitudinarios actos públicos. Pero su cámara se movía en un doble sentido. Atendía a la tribuna, sí, pero después giraba el objetivo hacia el pueblo y escudriñaba en él hasta encontrarse, de nuevo, con el rostro de la mujer. Además, la publicidad comenzó a decaer a partir de 1961, no había demanda ni clientes. La mujer ya no entraba en su estudio «y entonces la buscó en la calle». Esa serie de instantáneas ocupan todo un lateral de la segunda sala de la exposición, milicianas y chicas entre el público en los que se repiten «las miradas y los perfiles» de sus sesiones de moda.

Pero mientras el mundo clamaba por una mayor libertad en el 1968, Cuba «involucionaba». Con la prohibición de todo negocio privado, Korda perdió su estudio y dejó de ser llamado para seguir a los políticos en sus actos. Como explicaba su amigo Figueroa, Korda «levantaba ronchas» a su alrededor: no gustaba que no vistiera uniforme verde, que llamara a Fidel por su nombre en lugar de comandante y que siempre estuviera rodeado de bellas mujeres. Le dio entonces un nuevo rumbo a su carrera y dirigió su mirada al mar, impresionantes fotografías del fondo marino de las que se conservan muy pocos ejemplos. Algunos se exponen desde mañana en la Térmica.