El inevitable estupor de los conciertos con hologramas

Holograma de Gorilaz./Reuters
Holograma de Gorilaz. / Reuters

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El mismo día que el Primavera Sound se preparaba para anunciar el que dicen que es el mejor cartel de su historia, las baterías se encendían en París para acoger el concierto del holograma de Maria Callas en una gira mundial, con música en directo y la imagen proyectada en 3D de la soprano griega. Aunque en un principio parecía que la propuesta de BASE Hologram terminaría siendo una broma macabra de la industria o una amenaza constante, silenciada por el buen gusto y una supuesta falta de demanda de este tipo de conciertos, la actual gira de la Callas o, mejor dicho, de su holograma está siendo un éxito y eso ha vuelto a encender las posibilidades de que lleguen a España este tipo de conciertos con miles de personas aplaudiendo un rayo de luz. Entre los grandes defensores de los conciertos con hologramas hay fans acérrimos y presumiblemente jóvenes a los que no les importa lo irreal y una parte de la industria de la música en directo, consciente de que es mucho más sencillo lidiar con una imagen tridimensional que atender los caprichos de artistas multimillonarios que encima tienen el defecto de anular conciertos por cansarse o por ser humanos. Los aficionados a la música están divididos entre quienes prefieren el calor y la emoción de la presencia física de los cantantes, es decir, lo clásico, y los que se inclinan por poder ver a sus artistas favoritos aunque sea en pintura: simulacro virtual que ofrece la experiencia casi real de algo que es imposible.

De Alan Turing a Whitney Houston

La posibilidad de que los músicos sean sustituidos por robots data de los tiempos de Alan Turing pero se extiende a la actualidad. No hay que irse muy lejos: en Málaga, el ordenador Iamus, una máquina compuesta por investigadores de la UMA, ha ofrecido algunos conciertos y grabó su primer disco en 2012. Sin embargo, la versión más desarrollada, completa y pop de un artista electrónico la tenemos en Miku Hatsune; desarrollada por la empresa Crypton Future Media, es una de las artistas japonesas más famosas y rentables de la contemporaneidad. Es en realidad un 'banco de voz', tiene una edad permanente de 16 años y es un ídolo de masas en su país, donde ha batido récords de venta de canciones, giras de éxito y un portentoso 'merchandising' (la protagonista de 'Magical Girl', de Carlos Vermut, es seguidora de Hatsune y parte de la trama reside en su fanatismo). Una versión más accesible y menos exagerada la tenemos en Gorillaz, la 'banda virtual' liderada por Damon Albarn que empezó como una broma y ha reventado de éxito.

Por su parte, el fenómeno de hologramas pop, bastante habitual en las noches de La Vegas, ganó popularidad en 2012 por la aparición del rapero Tupac Shakur resucitado virtualmente en el festival Coachella. Luego Michael Jackson apareció en los Billboard y ya vinieron otros, incluida la gira de Roy Orbison. Capítulo aparte merece la emisión en The Voice del dueto entre Christina Aguilera y el holograma de Whitney Houston, suspendida porque la familia de la cantante fallecida consideró que la imagen no tenía suficiente calidad.

Una gira de tres años de Amy Winehouse

Después de que aparecer retratado en el documental 'Amy' (2015), Mitch Winehouse ha anunciado que el holograma de su hija saldrá en una gira de tres años que dará comienzo en el otoño de 2019, terminando lo que el agotamiento y su salud no le permitieron por culpa, en parte, del interés del padre por explotar a su hija incluso después de muerta. Se da la circunstancia de que el sello de la cantante procedió a la destrucción de todo el material inédito que tenía en su poder para que nadie pudiera sacar tajada de grabaciones que seguramente no estaban a la altura del 'Back to Black'. Solo dos discos y un puñado de colaboraciones es el único legado que ha dejado la británica, una discografía corta que lo ha puesto difícil a la hora de saturarnos con recopilatorios y discos póstumos de la cantante. Cabe recordar que Amy detestaba cantar las mismas canciones tan dolorosas y uno se pregunta qué pensaría si se viera a sí misma convertida en láser y cantando el mismo repertorio hasta la eternidad.

 

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