LLa Real Academia de Bellas Artes de San Telmo acaba de perder a uno de sus miembros más ilustres, Manuel Alcántara. Hoy nuestra Corporación se ha empobrecido con pérdida tan irreparable.

Corría el año 2008 cuando el pintor Daniel Quintero andaba buscando a alguien que le presentara a Manolo Alcántara pues quería hacerle un retrato. Me preguntó si lo conocía y al día siguiente ya estábamos los tres en el Restaurante María compartiendo una agradable comida y rememorando cosas de Málaga. El pintor llevaba ausente de nuestra ciudad más de treinta años y había decidido rendirle homenaje pintando a algunos de sus personajes más señeros.

Mas para el pintor no era fácil desplazar su impedimenta artística hasta el Rincón de la Victoria, a casa de Manolo y pensó en alquilar una habitación de hotel con buena orientación (la norte, claro, que es la de luz constante) y no hallaba una que fuera de su agrado. Me atreví a ofrecer una de mi bufete, que cumplía esa condición esencial. Un gran ventanal orientado al norte y al que colocamos una gran sábana blanca para homogeneizar la luz que entraba.

Hubo que resolver un problema, que parecía menor pero que se reveló muy importante. Pintor y modelo habían pactado que el retrato se haría con Manolo sentado y un periódico en las manos (esta fue casi una imposición de Daniel pues decía que la prensa escrita y Manolo Alcántara eran una misma cosa). Pero la figura quedaba muy baja cuando Manolo se sentaba y al pintor se le ocurrió acudir a una obra próxima y pedir un palé, sobre el que colocó al sillón. Con el modelo encaramado en la improvisada tarima, haciendo equilibrios, el retrato comenzó a cobrar vida y, sesión tras sesión, la imagen del poeta, del maestro de periodistas, iba conformándose en el lienzo hasta adquirir vida. Durante las horas de trabajo no se les molestaba y hasta se desconectaron los teléfonos. Al finalizar el tiempo de posado, Manolo nos avisaba a todos los miembros del despacho para intercambiar opiniones sobre los avances; en esas conversaciones de fin de jornada hubo momentos verdaderamente maravillosos. El modelo miraba inquisitivamente a su propia imagen y, volviendo la vista a los presentes decía una y otra vez: «Es un fenómeno, este tío es un fenómeno».

Cómo no, acabábamos comiendo en el María y hablando de Neruda o de Pepe Legrá, de sus tiempos de juventud con Alfonso Canales, al que admiraba y respetaba profundamente y desde aquel tiempo se nos quedó pendiente una conversación sobre Walter Benjamin que a todos los presentes nos interesaba y al que ninguno acabábamos de comprender.

Cuando llegó el día del ultimo posado, compramos en el despacho unos ejemplares de Antología personal que le acababa de editar a Manolo, Editorial Almuzara

A todos y cada uno de los que le acompañamos en sus días como modelo nos dedicó un libro, el mío lo guardo como recuerdo de unos días excepcionales.

En esa obra hay un poema titulado 'Como una oración', que concluye diciendo: Creo en la vida perdurable, / en la unión de los llantos, / en el perdón de lo soñado / y en que después de nuestra muerte / empezará la Edad de las Respuestas.

En ella estás ya, querido amigo Manolo, nos quedan tus imágenes, la del recuerdo y la del retrato y nos queda tu obra, para siempre. ¡Ojalá hayas encontrado respuesta a tantas preguntas como en vida te hiciste!