Genalguacil forja su lugar en el arte actual

Tamara Arroyo pinta la pieza integrada en la barandilla del mirador de Genalguacil que reproduce la silueta de un alcornoque. /Arturo Comas
Tamara Arroyo pinta la pieza integrada en la barandilla del mirador de Genalguacil que reproduce la silueta de un alcornoque. / Arturo Comas

El pequeño pueblo malagueño celebra 25 años de apuesta por la creación contemporánea con una exquisita exposición sobre la Costa del Sol

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Los padres de él nacieron en Igualeja y Pujerra, se fueron a Ronda primero y, desde allí, bajaron al calor de la Costa del Sol en busca de un futuro más próspero, él trabajando la ferralla y después como jardinero; ella como costurera y camarera de pisos. Los padres de ella también se movieron desde el interior hasta el mar, de la meseta a Marbella, para vender los primeros pisos de aquella nueva tierra prometida: Andalucía Garden Club se llamaba la promoción que recuerda esta toalla que ahora cuelga en una escultura de hierro en la sala de exposiciones. Un trozo de tela ajado, con cuatro décadas a las espaldas de ella. Ella es Tamara Arroyo y él, Antonio R. Montesinos, los artistas que firman 'Forjando identidades. Construyendo escenarios', la exquisita exposición inaugurada ayer en el Museo de Genalguacil con la que este pequeño municipio malagueño celebra 25 años de una apuesta decidida por el arte contemporáneo, entendida como una estrategia de pura supervivencia.

Porque a través de la creación plástica actual, este pueblo de apenas 400 habitantes ha forjado su carácter hospitalario, capaz de llevar sus Encuentros de Arte hasta las mejores citas del país recogidas en el Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea. Pero los Encuentros de Arte se celebran cada dos veranos, en los calendarios terminados en número par, y para mantener vivo ese pulso, la localidad organiza de un tiempo a esta parte en los años impares exposiciones y acciones urbanas en las calles del pueblo. Así ha ido cuajando Genalguacil una identidad como «Pueblo Museo», planteada primero como escenario de obras colocadas en su paisaje urbano y, en los últimos años, integrando las creaciones en el municipio de una forma menos invasiva, más natural y orgánica.

Ahí está, sin ir más lejos, la sutil intervención de Tamara Arroyo en la barandilla del mirador que se asoma al Valle del Genal desde la entrada al museo. La silueta de un alcornoque casi camuflada entre las rejas, fundida por un herrero de Benarrabá, como las piezas de forja de Arroyo, como los soportes que sustentan las obras de Montesinos encaladas mediante una técnica ancestral aprendida de la mano de Antonia 'La Española', una vecina del pueblo, octogenaria de carné pero joven de espíritu, que cada año se cuela en las propuestas artísticas producidas en la localidad.

Porque justo de esa implicación con lo más cercano, de ese compromiso hasta el tuétano con el territorio habla el proyecto comisariado por Juan Francisco Rueda. «Esta propuesta está pensada para Genalguacil, se hace en Genalguacil y desde Genalguacil para reflexionar sobre asuntos que van más allá. Lo que intentamos es, desde la identidad del pueblo andaluz, preguntarnos esta otra identidad que hemos construido en la Costa del Sol. De ahí ese juego que se plantea entre lo aparentemente puro y el manoseo de la identidad que acaba en cliché», ofrece Rueda sobre la exposición que inaugura la semana cultural en la localidad malagueña.

Así, 'Forjando identidades...' plantea una reflexión crítica sobre la construcción, física y conceptual, de la Costa del Sol. Y lo hace a través del trabajo de dos artistas que no sólo abordan ese cuestionamiento en sus obras, sino que además están vinculados a este fenómeno desde sus propias biografías. «Siempre me he sentido fascinado por el fenómeno urbano de la Costa del Sol, porque yo soy un hijo de todo eso», ofrece el malagueño Antonio R. Montesinos, que combina la fotografía, el vídeo y la escultura en una suerte de juego de espejos entre el interior y la Costa.

Un éxodo que marca su historia familiar y que Genalguacil intenta revertir a través de iniciativas como esta exposición y sus Encuentros de Arte, que en su edición del año pasado tuvo que reponerse al revés de ver cómo la Diputación Provincial eliminaba en el último momento su aportación de 80.000 euros, que suponía más de la mitad del presupuesto de la cita.

El fruto de aquella semilla

«Somos conscientes de que para venir a Genalguacil tienes que hacer un esfuerzo, por eso tenemos que hacer proyectos lo bastante buenos como para que la gente venga», sostiene el alcalde de la localidad, Miguel Ángel Herrera, factótum del giro emprendido por Genalguacil en los últimos años hacia propuestas de mayor calado y ambición. «La transformación de Genalguacil comenzó hace 25 años y demuestra cómo un pueblo se puede transformar. Somos lo que somos porque hace 25 años hubo gente que plantó esta semilla», recuerda.

Y esa semilla germina en frutos como una ocupación plena en junio y julio, tradicional temporada baja en la localidad. Y en la presencia ayer de artistas y gestores culturales como Isidro López Aparicio, Aixa Portero o Isabel Hurley –por citar algunos ejemplos– en la inauguración de una exposición planteada en una pequeña localidad del Valle del Genal, pero capaz de sostenerle la mirada a cualquier museo y centro de arte de la primera división nacional.

Un proyecto de vuelo intelectual con las raíces clavadas en el suelo que pisa. Lo resume Rueda, como quien piensa en voz alta: «Esta exposición habla de nosotros». De un rincón de la provincia rodeado por paisajes de una belleza sobrecogedora que ha hecho del arte la forja de su batalla contra la despoblación y el olvido. Y así, Genalguacil hace su lucha como la nueva obra de Arroyo en su paisaje: a hierro.