Un viaje de citas culturales al caer el sol

Actividades en el Centre Pompidou/MIGUE FERNÁNDEZ
Actividades en el Centre Pompidou / MIGUE FERNÁNDEZ

La décimo segunda edición de la Noche en Blanco de Málaga rebaja su tirón popular con un nutrido programa en torno al tema de la vuelta al mundo

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

En 1794 Xavier de Maistre se batió en duelo, lo pillaron y fue arrestado. Confinado en su cuarto, escribió 'Viaje alrededor de mi habitación', un librito a modo de exhaustivo itinerario por cada uno de los detalles que le ofrecía la estancia de la que no podía salir. Un viaje mental sin moverse del sitio. Algo parecido a la Noche en Blanco. Por varios motivos. El primero, porque la cita sigue ofreciendo la posibilidad de salir sin alejarse de lo conocido y de paso mantiene su tirón popular, este año rebajado de manera notable. Pasadas las diez, se podía cruzar la calle Larios, visitar un museo, incluso encontrar mesa en alguna terraza sin demasiados problemas, así que la ausencia de la masificación de años anteriores redundó en una experiencia, en líneas generales, menos agobiante.

Así se facilitaba la travesía, que al fin y al cabo era el tema de este año: la vuelta al mundo. Un viaje, cuya novena, coloquial y última acepción en el diccionario ('Multitud de cosas de un mismo grupo') encaja como un guante en el espíritu de la Noche en Blanco malagueña y en la propia idiosincrasia local; esto es: la querencia por la concentración en el tiempo y el espacio, la gratuidad, la calle y el paseo, muy por encima de la pertinencia o la simple enjundia de lo que ofrezca el programa en cuestión. En este caso, un viaje de citas. Unas 200, casi los mismos años que han pasado desde aquel 'Viaje alrededor de mi habitación'.

Este año los organizadores adelantaban el inicio del evento a las siete de la tarde y así durante la mitad de la Noche en Blanco todavía era de día, abundando en el tuétano paradójico que sigue ofreciendo esta cita, la única iniciativa que ha sobrevivido a aquella candidatura para ser Capital Europea de la Cultura en 2016.

Porque en la Noche en Blanco siguen triunfando, al menos en lo que a respuesta popular se refiere, las propuestas que permanecen en el mismo sitio al día siguiente, a menudo también de manera gratuita en la jornada dominical: los museos, que para más inri también celebraban ayer su Día Internacional, con el pase libre desde primera hora de la mañana.

A las siete y media de la tarde la cola para entrar en el Museo Carmen Thyssen acariciaba la plaza de acceso a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en la calle Compañía, donde Víctor, un músico callejero, interpretaba al violín la 'Playera' de Sarasate. A sólo unos metros el Ateneo iba diluyendo su propia cola, esta para ver un documental sobre el 'Circo del Sol' y en la confluencia entre Larios y Strachan una acción animalista se colaba en el programa de festejos más o menos culturales.

El 'skyline' de Málaga, Lisboa, Berlín, Barcelona, Londres y otro puñado de ciudades recortado en siluetas de papel y colgado a ambos lados de la calle Larios aguantaba a duras penas las rachas de viento que se colaban desde la plaza de la Marina y el prototipo 'Extraterrestre' creado en exclusiva para el Museo Automovilístico y expuesto a la altura del cruce con la calle Martínez iba calentando los motores de la velada cultural.

Taller infantil en la Aduana

La Noche en Blanco servía de excusa para ver cómo el Museo de Málaga abría, al fin, su acceso por la calle Alcazabilla. En el patio interior, Alejandro, Darío, Emilio, Candela, Elizabeth y Esperanza eran algunos de los niños que se afanaban en el taller infantil dedicado a reproducir el Medallón de Trayamar, una pieza fenicia que destaca en las colecciones del museo. Y sólo la sección de Arqueología podía visitarse en la Aduana. La de Bellas Artes permanecía cerrada. Varios guías explicaron que el año pasado fue a la inversa.

El concierto de David Otero en la plaza de la Constitución empezaba con puntualidad británica, mientras los globos rojos del PSOE con forma de corazón le comían la tostada promocional a los expositores de Adelante Málaga y Ciudadanos instalados entre Larios yla plaza de la Constitución.

El Instituto Vicente Espinel y el Colegio de Abogados destacaban con sus poblados programas y los alumnos de la Escuela de Arquitectura volvían a brillar con luz propia. Su intervención viajaba hasta el Pompidou, dejando una de las estampas más hermosas de la velada, con la luna llena de fondo y el poniente soplando hasta recomendar algo de abrigo, que siempre conviene echar cuando se va de viaje, aunque sea sin salir de la ciudad, nuestra habitación compartida.