Rodando como puedas: la aventura personal de Jaime Ordoñez

Jaime Ordóñez, en el rodaje de la película en el Colegio de Arquitectos. / :: Chus Alonso

El actor y también director malagueño homenajea la comedia disparatada de los 80 en su ópera prima, 'El berrido de los silencios', en la que ha invertido tres años y sus ahorros

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Ha tuneado el despacho del presidente de la Diputación de Málaga para convertirlo en la oficina del jefe del FBI, ha recreado el desembarco de Normandía de 'Salvar al soldado Ryan' en una playa de Torrox y con hidropedales, y ha puesto a desfilar a los 'stormtroopers' de 'Star Wars' por la Alcazaba. Jaime Ordóñez lleva el humor en las venas. Colaborador habitual –habría que decir indispensable– de los 'shows' televisivos de José Mota y de las películas de Álex de la Iglesia, el actor malagueño es de esa generación que creció partiéndose la caja con la saga 'Aterriza como puedas', ' Top Secret!' y el humor absurdo de los 80. Un cine que ha querido homenajear y recuperar en su ópera prima, 'El berrido de los silencios', una comedia que, paradójicamente, es cosa seria para el autor: ha invertido tres años y sus ahorros. Y todavía va por el ecuador del rodaje.

«Si tardo dos o tres años más, no importa porque la película se va a hacer por lo civil... o por lo criminal», avisa un convencido Jaime Ordóñez, que ha podido hacer realidad este proyecto gracias al apoyo de un equipo técnico y artístico de profesionales malagueños, además de más de 300 empresas de la provincia que están aportando tanto capital como colaboraciones en especie. De esta forma, las escenas de 'El berrido de los silencios' se han rodado con jeeps, con generosidad de armamento y hasta con helicópteros para las escenas aéreas, un lujo de medios en pantalla que deja «sorprendido» a todo el que ve el trabajo que está haciendo el actor y director debutante.

'El berrido de los silencios' alcanza el ecuador de su filmación que se ha realizado íntegramente en la provincia y con un equipo malagueño

«Normalmente se tiene un dinero y se hace la película que se puede, pero yo me he planteado rodar la cinta que quiero ver», sostiene Ordóñez que para cumplir su objetivo ha renunciado al rodaje estándar en mes y medio o dos meses para afrontar una filmación por capítulos que se ha extendido en varias campañas durante un trienio. «Soy un caracol, al que lo adelantan por la izquierda y por la derecha, pero voy con paso seguro», ilustra el cineasta que, en realidad, empezó esta aventura como una proyecto familiar y amateur hace más de una década, junto a su hermano, Javier Ordóñez, coproductor y uno de los actores de esta disparata comedia.

Arriba, el director Jaime Ordóñez, junto a uno de los actores del filme, Ignacio Ordóñez. Sobre estas líneas, rodaje en Le Grand Café y el director planificando una escena junto al director de arte Sergio Hernández. / :: chus alonso

De los hermanos Marx a Gila

«De hecho empecé este proyecto cuando a nadie en el cine español se le había ocurrido llevar este género surrealista y de risas cada cinco segundos a nuestra industria, pero en un punto del camino dimos un salto y la película se convirtió en un proyecto profesional», señala el actor y director debutante, que comenzó a rodar de nuevo hace tres años con esa nueva ambición y dimensión. Ordóñez se muestra feliz del resultado de este filme que mezcla «el humor de los hermanos Marx con el de Gila» y en el que se ha propuesto «inmortalizar Málaga a través de la magia del cine».

«Ahora hay un 'boom' de rodajes, sobre todo series, y es genial, pero nosotros llevamos ya unos años convirtiendo la provincia en un plató gigante», reconoce Jaime Ordóñez, que ha transformado La Concepción en la selva del Vietnam o el Colegio de Arquitectos en la casa de 'Psicosis', además de sacarle partido al Castillo de Gibralfaro, al río Guadalhorce, a la Universidad de Málaga, a la Iglesia de San Juan de Dios de Antequera o al característico Le Grand Café. «Esta película aúna mis dos pasiones que son Málaga y el cine», resume el cineasta, que destaca el apoyo de las empresas privadas que se están volcando con este proyecto. «Éste es el desafío más grande que me he planteado en mi vida», reconoce el autor, que se ha propuesto la estrategia del caracol para hacerlo realidad. «Y el caracol siempre llega a la meta», avisa.