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El penúltimo verano de la censura

El descontrolado pero nunca sobreactuado grito de Elisabeth Taylor al final del metraje es una de las escenas clave de la película./SUR
El descontrolado pero nunca sobreactuado grito de Elisabeth Taylor al final del metraje es una de las escenas clave de la película. / SUR

Taylor, Hepburn y Clift sellaron el guión de Tennessee Williams con una escena final memorable rodada en la España franquista

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

A finales de los años 50 la práctica de la lobotomía aún estaba justificada; la homosexualidad era un tabú; y en la costa catalana había tribus caníbales que se comían a los extranjeros. Así lo plasmaba –al menos en su novela y posterior guión cinematográfico– el escritor Tennessee Williams, que junto al director Joseph L. Mankiewicz consiguió reunir en una cinta a tres auténticos monstruos interpretativos del 'star system hollywoodiense'. El duelo en escena de Katharine Hepburn, Montgomery Clift y sobre todo Elisabeth Taylor (nacida para interpretar los personajes creados por Williams) solo es comparable al oscuro argumento que les rodea, y que hizo de España una inesperada protagonista.

'De repente, el último verano' tiene un argumento con todos los elementos del autor sureño. Una madre posesiva con el complejo de Agripina; un personaje secretamente homosexual; y una mujer joven e incomprendida. Frente a ella, un médico paternalista que pretende sacarle a la joven (Taylor) qué ocurrió el último verano. Su tía (Hepburn) apuesta más bien por una lobotomía que le haga olvidar a su sobrina (y a ella misma) cuál es la verdad sobre Sebastian, el hijo del que estaba 'enamorada'.

La dinámica de la película (no suficientemente premiada) se rompe cuando en los últimos instantes la escena sale del jardín de Hepburn para trasladarse a un pueblo costero. Aunque en la película sale referido como Cabeza de Lobo, en realidad se trata del municipio de Begur, en la Costa Brava catalana. Hasta allí se marchó la producción con Taylor para rodar una de las escenas más memorables de la historia del cine, que concluye precisamente con un grito desgarrador de la actriz ante la inevitable y literal cacería de los lugareños hacia su primo.

Hepburn, Clift y Taylor, en una escena de la película.
Hepburn, Clift y Taylor, en una escena de la película. / SUR

En realidad, al gobierno franquista de la época los estudios de Sam Spiegel se le jugaron a base de bien. En aquel momento, la llegada de la Taylor a España fue todo un acontecimiento, pero que a la larga terminó con la película censurada. Los informes de estos censores no dejaban espacio para la duda: «Película toda ella de tipos anormales, que se desarrolla en un clima morboso hasta en los más mínimos detalles –la decoración– y que nos presenta unos personajes dominados, en virtud de esta anormalidad, del homosexualismo, el complejo de Edipo, etc. La considero irrepresentable para representaciones comerciales, sin posibilidad de arreglo», llegó a manifestar uno de ellos.

A pesar de que en los años 60 había un atisbo de apertura, la película rodada en parte en este país no fue estrenada. En 1969, y ante una segunda intentona, la respuesta fue similar: «Pese a la turbiedad de la trama –desviaciones sexuales: sugerencias incestuosas y homosexualismo– esta película podría autorizarse para un público adulto; pero lo que es totalmente inadmisible es la localización española, y más concretamente, catalana, de la parte final de este filme donde el autor desarrolla la secuencia de canibalismo por parte de unos pilletes, de una chiquillería depauperada y miserable, y que, como es natural, es intolerable», manifestó otro de los censores.

La adjetivación sobre la trama fue tan exagerada que aquello hizo que el propio Tennessee Williams interviniera. En una carta enviada a los medios de comunicación españoles, el escritor defendía la alegoría como parte de creación artística: «Los golfillos hambrientos, los pilletes desesperadamente hambrientos, son todos los jóvenes del mundo, tan gastados y agraviados». A pesar de ello, Williams avisaba de que había prometido a su anciana madre, de setenta y ocho años, un viaje a Madrid. «Yo espero que ustedes no nos rechacen y si nos reciben confío que me permitirán esclarecer cuanto aún permanezca oscuro para ustedes en 'Suddenly, Last Summer' y en el conjunto de toda mi obra».

Aún así, ni la censura española, ni la falta de premios de la Academia, ni las propias críticas en los Estados Unidos impidieron que 'De repente, el último verano' se convirtiera una película tan oscura y fría como brillante. Y por supuesto, en la vista y en los oídos del espectador quedará registrado para siempre el lamento de Elisabeth Taylor frente a las costas de nuestro país.

De repente, el último verano (1959)

Director: Joseph L. Mankiewicz

Reparto: Elizabeth Taylor, Montgomery Clift, Katharine Hepburn

Premios: Globo de Oro para Taylor. Tres nominaciones al Oscar (incluidas Taylor y Hepburn)

Dónde verla: A la venta y en Movistar+