Chiquito eterno

¡Que Chiquito no se ha ido! ¡Que Chiquito ya estará pa siempre en Málaga!

Chiquito eterno
Manu sánchez
MANU SÁNCHEZ

Se murió en noviembre, la caló apretaba. Gregorio Esteban Sánchez Fernández, Chiquito de la Calzada. Hace un año murió el Genio, falleció el Maestro, y partió el flamenco por su Calzada. Una vez le preguntaron por la vida tras la muerte; sentenció: «No sé si vida, pero seguro que hay Fanta y Coca cola». El surrealismo es la hiperrealidad del genio. La verdad incontestable de las cabezas rápidas que las lentas nunca alcanzan.

Un año ya de aquel día que para llegar al sepelio en la Iglesia de San Pablo me dijo mi GPS que girara en la avenida de Conrad Adenauer, y entonces yo ya no supe si entraba en la Trinidad o en pleno Chiquitistán porque le faltó decir «y aparca a 500 metros por la gloria de tu madre». Al llegar frente al Cautivo, comenzó la santa misa y el cura nunca sabré si queriendo o sin querer comenzó apropiadamente: «Reconozcámonos todos pecadores» y fue el comienzo perfecto y la forma de saber que Chiquito allí seguía porque te pedía el cuerpo contestar todos a una con su gran guasa solemne: «Pecador de la pradera». ¡Que Chiquito no se ha ido! ¡Que Chiquito ya estará pa siempre en Málaga!

En el altar una imagen, un cuadro, una idea, Chiquito vivo, muy vivo, elegante, muy elegante y hasta guapo, muy guapo y es que para eso era su foto favorita, en la que él decía que se veía «como el Ford el de los coches» cuadro ese que colgaba, cuelga y colgará por siempre sobre la mesa en la que a diario comía Don Gregorio, en el Chinitas, casi en Larios. Que uno es mucho de su tierra, su ciudad, su barrio y siendo de «la Calzá» hasta de su calle, pero no hay nada más andaluz que tener de cuadro presente el homenaje más gordo, que es el del bar de tu vida. Que aquí sabemos de sobra que los homenajes buenos se los pega uno en la calle, en los bares, con amigos, con vino, muchas risas y pa matarse… pero en vida, que no hay mejor homenaje que darse a la buena siempre.

Y con buen cante Maestro, porque no olvidemos nunca que aunque todo el mundo crea que se murió el humorista, hace ya un año, hace un 11 de noviembre, despedimos a un flamenco. Uno que empezó Chiquito, con 8 años, y se subió a un escenario «Capullito malagueño», y más nunca se bajó, por eso estaban allí Fosforito, Chiquilín, Adelfa Soto, Antonio de Canillas, Pepe de Campillos o el Niño de Bonela y por eso no faltaron esas grandes bailaoras: Mariquilla, Carmen Juan, La Amores… con las que el Maestro en Japón pasó fatigas, le hizo karate a la rata, aprendió sumo, perfeccionó pataita de artes gitanas marciales y se hartó de saludar «3 ó 4 veces al mismo» por traerse los jurdeles. «Lago negro, lago blanco». Pero siempre lago flamenco.Y hay que ver la de humoristas que hubo ese día en ese entierro: buenos amigos, compañeros, pupilos, familia, devotos, donde solo fue mayor que la cantidad de humoristas que había, la de humoristas que faltaron. Se fue Camarón sin llave y Chiquito sin medalla. Y como él dijo siempre: «Esa me parece que pa tenerla voy a tener que comprarla» Y llegó pero llegó tarde, porque fue «después de los dolores». Y es que en Andalucía con medalla sobran grandes de España… ¡y faltan Chiquitos de Málaga!

Y mira que la inmortalidad de los genios presume de ser eterna. Y será que ante tanta eternidad, la autoridad se relaja. Que la medalla llegó tarde, muy tarde, y un homenaje a destiempo es ceremonia de vivos. Porque Chiquito siempre será el más grande, y el irse sin su medalla, que llegó tarde, muy tarde, no hizo más grande a Chiquito hizo chiquitito al premio. «¿Te da cuen?»

Y ya hace un año de aquel día de nudos en las gargantas, en el que se hizo hueco la risa y rompimos en carcajadas al saber que fue un tal Lucas, el que firmó los papeles al llegar la funeraria. Al final fue ¡Lucas win! «Y siete caballos que vienen de Bonanza». Y como dijo magistralmente el gran Manolo Medina, se irá Gregorio por siempre a pasear con Pepita, pero Chiquito se queda, y siempre seguirá vivo si al despedir a un amigo suena un «¡Hasta luego Lucas!»

Hoy hace un año que despedimos su cuerpo, el del Maestro al que todos y todas recuerdan, mayores, jóvenes y pequeños, un año del hasta siempre al Dios del humor que algunos subestiman, porque olvidan que él siempre fue brillante sin querer pero queriendo, un creador incansable, mezcla perfecta de arte, gracia, flamenco, supervivencia y talento. Honores al más Grande, al referente, a mi tío, al que podremos «llamar Trigo por no llamarle Rodrigo», el que siempre será Leyenda y nunca fue friki exótico. Honores, recuerdos y risas para el que nunca se irá. Para el que nunca se fue. Honores, recuerdos y risas para Él que era sobre todo Málaga, verdad, gracia, rapidez, inteligencia, generosidad, para Él, que era ante todo auténtico. Era y es. Era y será, porque solo los grandes así están llamados a ser eternos. Un año sin el más grande, un año ya sin el Genio. Chiquito de la Calzada, Chiquito de todos, Chiquito, genio y figura, Chiquito de Andalucía, Chiquito de Málaga, Chiquito del Universo. Don Gregorio Esteban Sánchez Fernández, amigo, infinito, inmortal, fistro, Maestro, diodenal, flamenco y eterno.

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