El brutal Asurbanipal reina en el Museo Británico

Una mujer observa una de las cacerías de Asurbanipal. /Facundo Arrizabalaga (Efe)
Una mujer observa una de las cacerías de Asurbanipal. / Facundo Arrizabalaga (Efe)

Londres dedica una exposición al 'rey del mundo', un guerrero que también se dedicó a la recolección de conocimientos de su época

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

En el siglo VII a. C., la zona conocida como el Creciente Fértil albergaba un panorama complicado. Varias civilizaciones entidad se dispersaban por una tierra próspera gracias a la agricultura pero terrible debido a las amenazas. En esas condiciones solo un gran hombre, decisivo, fiero e inteligente podía emerger para someter el área y ese fue Asurbanipal.

Para comprender la figura del rey asirio se presenta en el Museo Británico de Londres una exposición ('Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria') con numerosas muestras en una colección inigualable gracias a que muchas de las piezas permanecieron enterradas durante más de 2.000 años. En 1842, varios arqueólogos ingleses encontraron las ruinas de la biblioteca del Palacio de Asurbanipal en la antigua ciudad de Nínive (la actual Kuyunjik). Rescataron 20 720 tablillas de barro y fragmentos que no se extinguieron durante el incendio de la ciudad y trasladaron las piezas desde la orilla izquierda del Tigris al Museo Británico. Ahora, muchos de ellos pueden verse en Londres con su contexto.

Una trabajadora del museo posa frente a un relieve con el rostro del rey asirio Asurbanipal.
Una trabajadora del museo posa frente a un relieve con el rostro del rey asirio Asurbanipal. / Efe

Lo que pueden observar los visitantes es parte de la propaganda de un rey que debió enfrentarse a egipcios y a la coalición babilónica encabezada por su hermano. Asurbanipal fue fiero como su predecesor, despiadado y firme. En uno de los relieves de la exposición se puede observar cómo mandó cortar las lenguas de tres enemigos como inicio a toda una colección de torturas. Fue el primero en ayudar a magnificar su bravía, pues se dedicaba a cazar leones y se dedicaba a engrandecerse con grandes paneles de alabastro y piedra caliza que retratan sus proezas. «Despiecé las gargantas de los leones furiosos, cada uno con una simple flecha», se lee en una de las tablillas. Con sus enemigos tampoco mostró misericordia. Sus súbditos siempre recordaron cuando colocó una de cadena de perro a uno de sus reyes enemigos y lo encerró como si fuera un animal. Y se autodenominó 'rey del mundo' gracias a su dominio de Mesopotamia, aunque perdió las tierras egipcias conquistadas por su padre.

Tablillas cuneiformes de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal.
Tablillas cuneiformes de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal. / Efe

Pudo ser el propio Asurbanipal quien escribiera el borrador de sus hazañas, puesto que tuvo la inusual voluntad de aprender a escribir y a leer, algo que muy pocos reyes de su época intentaron. Es más, su interés por la recolección de conocimientos le llevó a construir una gran biblioteca en uno de los pisos altos de su Palacio. Aquel lugar permitió, permite y permitirá a los expertos profundizar en el Código de Hammurabi, la Tableta del Diluvio (leyenda heredada en la Biblia cristiana) y los poemas de Enuma Elish y de Gilgamesh. También se pueden leer fórmulas para alcanzar la inmortalidad, manuales de gramática, astronomía y matemáticas, obras literarias o ritos para conectar con los oráculos.

La escritura cuneiforme fue el modo empleado en su novedosa recopilación de historias con páginas enfrentadas y sujetas por bisagras que se asemejan a la publicación actual de libros. Medos y babilonios arrasaron las bibliotecas años después de la muerte de Asurbanipal, mientras que algunos oportunistas saquearon numerosos ejemplares. Afortunadamente, se han hallado 30 000 tablillas y gran parte de ellas se almacenan en Londres porque 3.000 años después los soldados del autodenominado Estado Islámico se dedicaron a arruinar el legado asirio. Con herramientas y hasta martillos neumáticos han destruido piezas o desfigurado a los 'lamassu', los gigantes toros alados que franqueaban las ciudades y de los que hay todavía se expone algún ejemplar en museos europeos.

Una trabajadora del museo observa una estatua con cuerpo de toro, cabeza humana y alas de pájaro conocida como 'lamassu' durante la presentación a la prensa.
Una trabajadora del museo observa una estatua con cuerpo de toro, cabeza humana y alas de pájaro conocida como 'lamassu' durante la presentación a la prensa. / Efe

Durante su reinado (669 - 631 a. c.), dio muestras de numerosos y variados intereses. Si podía capitanear el asedio de Babilonia (del que hay numerosas historias truculentas y sádicas) también podía regresar a disfrutar de sus victorias a los maravilllosos jardines de Nínive regados por agua de las montañas gracias a una red de canales de unos 50 kilómetros.

'La muerte de Sardanápalo', cuadro de Eugène Delacroix.
'La muerte de Sardanápalo', cuadro de Eugène Delacroix. / Archivo

El final de Asurbanipal es un misterio. Hay leyendas pero ninguna evidencia sobre su muerte. A ello contribuyeron los griegos con su fabulación de Sardanápalo y su continuación siglos después en el cuadro de Eugène Delacroix. Es más, ni siquiera fue el último rey de Asiria, como han demostrado los arqueólogos en contra del relato establecido en el imaginario colectivo. No obstante, 30 siglos después, su figura permanece viva, brutal y majestuosa como sus escritos y batallas.

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