'Shaft', el enésimo remake

Jessie T. Usher, Samuel L Jackson y Richard Rountree./
Jessie T. Usher, Samuel L Jackson y Richard Rountree.

La nueva versión de 'Shaft', también con Samuel L. Jackson, vuelve a poner en la picota el sentido real de los remakes cinematográficos

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Cada vez que figura la palabra remake en la noticia del relanzamiento de algún título que marcó nuestra infancia no tardan en aparecer detractores aquí y allá que probablemente se guían por el deseo inmediato de no sentir el paso del tiempo. El desarrollo emocional de toda una generación, la de los años 80 especialmente, parece depender en demasía de los iconos populares que marcaron su infancia y adolescencia. Sin embargo, rehacer películas de antaño no es nada nuevo. Esta operación de puro marketing, que atiende fundamentalmente a razones económicas, existe prácticamente desde que el cine echó a andar, aunque da la sensación de que en las últimas décadas Hollywood no tiene otra cosa que ofrecer. El pasado fin de semana apareció en el menú principal de Netflix, para muchos por sorpresa, una nueva versión de 'Shaft', la cinta de culto de los años 70 que ya había tenido una adaptación renovada en el año 2000, fallida a rabiar, de la mano de John Singleton, últimamente entregado al ámbito de las series de televisión. Ambas películas comparten el mismo actor principal, lo mejor de ambas, el deslenguado Samuel L. Jackson, y la última puede entenderse como una posible secuela, pero lo cierto es que son completamente diferentes en cuanto a tono e intenciones, lo que hace preguntarse… ¿qué sentido tiene?

La nueva 'Shaft', dirigida por Tim Story, especializado en comedias como 'Vaya patrulla' o 'Infiltrados en Miami', no aporta nada nuevo al material de partida ni al actual estado de las cosas en el panorama cinematográfico. Opta por el humor zafio de manual, con gags fuera de lugar en tiempos del #MeToo y unas confusas escenas de acción que parecen haber sido rodadas sin ganas. Como producto de entretenimiento aprueba lo justo, a pesar de contar en el casting con Richard Roundtree, el Shaft original en el filme de 1971, aka 'Las noches rojas de Harlem'.

Una imagen del nuevo 'Muñeco diabólico'.
Una imagen del nuevo 'Muñeco diabólico'.

Paralelamente al lanzamiento inédito de Netflix, la cartelera acogía el reboot de 'Muñeco diabólico'. El retorno de Chucky cuchillo en ristre, criticado online desde el mismo momento en el cual se anunció el proyecto, ha funcionado estupendamente en la taquilla, adaptando la historia macabra a la actualidad, contaminada por 'Black Mirror', como gran parte de la ficción de hoy (el títere sanguinario es un juguete cool que tiene borrado de su circuito integrado las instrucciones de buen comportamiento). Consciente de su condición, autorreferencial sin complejos, aprovecha la ironía y el humor negro para volver a narrar lo mismo a la gran audiencia. El target es nuevo, es el público joven, no el fan de la saga de toda la vida al que le puede la nostalgia, el mismo que se lleva las manos a la cabeza cuando descubre que ya está en marcha una nueva mirada a 'Cuatro bodas y un funeral', de próximo estreno. Hay que aceptar que nuestra existencia pasa, inexorablemente, y aparecen en escena nuevos espectadores que no ven ningún reparo en que les cuenten de otro modo lo que otros ya saben.

¡Han asesinado mi infancia!

La maquinaria hollywoodiense intenta ir sobre seguro, aunque no siempre le sale bien. Realizar un lavado de cara a títulos de éxito es una opción difícil de rechazar, más bien todo lo contrario, al igual que explotar las franquicias con tirón. La prueba máxima y más cercana es la actitud de Disney. Los multimillonarios estudios están rehaciendo sus hits animados en imagen real. Este verano el público visitará en masa las salas para ver 'El Rey León', otra vez (y podemos contar la versión teatral también, de indudable fama). Los más grandes rememorarán el relato que les cautivó a edad temprana, buscan una sensación que quieren transmitir a sus hijos, que no la vieron en su día en pantalla grande. En lugar de volver a estrenar la obra que ya existe, se vuelve a hacer con algunos cambios y se publicita por todo lo alto, porque reestrenar la cinta original no es igual de rentable atendiendo a las cifras (estos días se celebra el 20 aniversario de 'Matrix', de tapadillo en nuestro circuito de exhibición). En los comienzos del arte cinematográfico el celuloide era perecedero, no se cuidaba como ahora. Almacenar el material costaba dinero, no existían las filmotecas y tampoco los avances tecnológicos en restauración y mantenimiento, con lo cual muchos filmes se perdían. La única opción para contar la misma historia al espectador era volver a rodar, antes de que se implantase la televisión.

El remake de 'El rey león'.
El remake de 'El rey león'.

En lo años 80 mismamente, el número de remakes también era abultado, pero como los canales de información eran diferentes, no existía internet, como espectador acudías virgen a la sala oscura. Así, muchos futuros amantes del cine de género aplaudieron propuestas de culto como 'La cosa' (1982), de John Carpenter, o 'La mosca' (1986), de David Cronenberg, sin ser conscientes de que ya existían antes, contadas de otra manera y con otros medios. Rodar éxitos de otros países, por el tema del idioma y otras barreras culturales, es otra costumbre extendida. El cine francés ha nutrido desde siempre al estadounidense, e indirectamente podemos afirmar que a todo el planeta. Últimamente se estilan por estos pagos las nuevas versiones de películas sudamericanas, como es el caso de 'Padre no hay más que uno', de Santiago Segura, que se estrena en unos días y «remakea» la propuesta argentina 'Mamá se fue de viaje'.

'Ha nacido una estrella', con Bradley Cooper y Lady Gaga, es un buen ejemplo de todo lo antepuesto. Es la cuarta versión de una misma historia que sigue funcionando. Lo interesante es que un remake aportase algo novedoso, en la estética, narratividad o idea principal, pero no suele ser lo habitual. Hay quien piensa que si el original es estupendo, ¿porque no fusilarlo hasta el más mínimo detalle? Que se lo pregunten a Gus Van Sant cuando se atrevió a filmar 'Psicósis' de nuevo en 1998, o a Michael Haneke que dirigió 'Funny Games' dos veces sin apenas cambios en los encuadres. Los remakes y reboots confirman que el negocio del entretenimiento tiende a satisfacer los deseos del gran público en lugar de sorprenderle, pero es la serpiente que se muerde la cola. Al final, pierde la creatividad en un pulso con la taquilla porque el personal, generalmente, quiere ver lo que sabe de antemano que va a ver, según ya dictan los trailers y redes sociales. Por otra parte, hay que aceptar que el público joven, y no tan joven, no tiene porqué haber visto los clásicos de siempre de la historia del séptimo arte ni conocer todos los relatos escritos desde el albor de la ficción. ¿Acaso 'Crepúsculo' no vuelve a explicar la historia de Drácula? Y 'Romeo y Julieta', de paso. No ocurre solo en el cine. El déjà vu es inevitable.