Cambio, pero no retroceso

Es evidente que el PP ha tenido que recurrir a la ingeniería semántica para poder asumir algunas de las ideas de Vox

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Andalucía votó el pasado 2 de diciembre por el cambio y ayer se refrendó con un pacto inédito entre el Partido Popular, Ciudadanos y Vox que llevará al malagueño Juanma Moreno Bonilla a la presidencia de la Junta de Andalucía. Se pondrá así fin a casi 37 años de gobierno del PSOE en la comunidad autónoma y por primera vez la derecha estará al frente de una región con 8,5 millones de habitantes, la mayor de España.

Hasta aquí, nada que objetar. Y especialmente porque es fruto de las urnas democráticas. Pero también hay que tener en cuenta la preocupación de muchos ciudadanos –de la derecha también– sobre el verdadero efecto de un pacto que incluye a Vox, un partido con propuestas instaladas en la derecha más radical.

Si la aritmética ha permitido configurar legítimamente esta mayoría parlamentaria, es evidente que el PP ha tenido que recurrir a la ingeniería semántica para poder asumir algunas de las ideas de Vox. Los tres partidos tienen todo el derecho a llevar a cabo el cambio en Andalucía pese a que el PSOE sea el partido más votado, como la izquierda lo hizo en 2012 cuando el PP alcanzó los 50 parlamentarios pero PSOE e IU hicieron valer su mayoría, pero ello no impide estar en alerta sobre el funcionamiento de este pacto de legislatura.

Andalucía votó por el cambio, pero de ningún modo ese cambio puede significar un retroceso en las conquistas sociales sobre las que se sustenta nuestra forma de vivir. La igualdad entre hombres y mujeres, la lucha contra la violencia machista, la defensa de los derechos LGTBI, la solidaridad con los migrantes y el combate permanente contra la desigualdad deben seguir siendo una prioridad del nuevo Gobierno. Sin dudas ni ambages.

A partir de ahí, hay que desear suerte y tino al nuevo Gobierno para sacar a Andalucía de la cola de Europa, sin caer ni en el tremendismo ni en el alarmismo, porque nuestro sistema democrático, la Constitución Española y el Estatuto Andaluz son eficaces herramientas que protegen y garantizan nuestra convivencia.