Un «laboratorio» para cambiar vidas

Manuel Moya es conductor en la empresa de inserción impulsada por Prodiversa, dedicada al servicio de 'catering'./ Francis Silva
Manuel Moya es conductor en la empresa de inserción impulsada por Prodiversa, dedicada al servicio de 'catering'. / Francis Silva

Prodiversa cumple 25 años ayudando a los más necesitados a construir su futuro

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Manuel Moya recuerda perfectamente la primera vez que un empresario le dijo que era «viejo» para trabajar: «Se me cayó el mundo encima». Dedicado toda su vida a la construcción, se quedó en paro con 50 años. La prestación por desempleo y las ayudas se acabaron –también su matrimonio– y, tras no encontrar ninguna oportunidad laboral, se encerró en su casa y en sí mismo –«no tenía fuerzas para nada», dice–. Hasta que alguien le habló de Prodiversa, una ONG malagueña «que me ha devuelto la vida». «Llegué sin autoestima, pero aquí creyeron en mí», relata este malagueño de 57 años que, gracias a la atención psicológica que le prestaron en la asociación y a un itinerario formativo y laboral personalizado, hoy tiene un trabajo y vuelve a sonreír. En buena parte por su tesón, que demostraba cada día que, sin dinero para el autobús, recorría andando durante más de una hora el camino entre su casa de El Palo y la sede de la asociación para hacer un curso o buscar empleo.

Este es uno de los casos de éxito de Prodiversa-Progreso y Diversidad, un colectivo que cumple 25 años acompañando a los más desfavorecidos a construirse un futuro mejor. Se trata, según su presidente, Juan Carlos Espejo, de un «laboratorio» en el que se ponen en marcha los procesos «para que las personas puedan cambiar su devenir». Uno de estos 'experimentos' fue la empresa de inserción social en la que trabaja Manuel, Acompanya, creada en 2010 para favorecer la integración laboral de personas en riesgo de exclusión.

La ONG, que surgió para acoger a refugiados bosnios en Málaga, ha ampliado su acción social a todos los sectores en riesgo de exclusión

Prodiversa presta apoyo escolar y gestiona dos centros de menores tutelados

«¿A qué loco se le ocurriría montar una empresa en plena crisis?», apunta Espejo, que argumenta que «como no había empleo, había que crearlo». Hoy en día esta empresa dedicada al servicio de 'catering' tiene beneficios y da empleo a 14 personas, 11 de ellas de colectivos desfavorecidos como víctimas de violencia de género o parados de más de 45 años. Entre ellos, Manuel, que se encarga del reparto de la comida desde hace tres años.

Actos de aniversario

'25 años trabajando por la paz'.
Juan Carlos Espejo, presidente de Prodiversa, conversa con Paquita Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz (MPDL) desde 1985, abogada laboralista y presidenta del Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid. El 13 de septiembre a las 19.30 horas en el Instituto de Estudios Portuarios.
'Igualdad: Reconocimiento de la mitad del mundo'.
Lola Sánchez, expresidenta de MPDL-Málaga, charla con Matilde Fernández, presidenta del Comité español de ACNUR y exministra de Asuntos Sociales. El 20 de septiembre a las 19.30 horas en el Ateneo de Málaga.
¿Qué política migratoria para la Unión Europea? El papel progresista de España'
Ignacio López, director general de Salvamento Marítimo y expresidente de MPDL-Málaga, habla con Sami Naïr, politólogo, sociólogo, filósofo y catedrático especialista en movimientos migratorios, asesor de los presidentes de Francia François Miterrand y Lionel Jospin. El 27 de septiembre a las 19.30 horas en el Ateneo de Málaga.
Fiesta en Palma-Palmilla.
El 18 de octubre en el parque Manuel Navarrete.

Como él, cerca de un millar de personas acuden cada año a esta ONG, según señala el presidente de la entidad, cuyo germen fue el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), del que salieron en 2010 aunque mantienen su filosofía de «contribuir al cambio del sistema social, político y económico hacia un modelo más justo con las personas y el entorno». Como recuerda Espejo, el MPDL nació en Málaga con el objetivo principal de acoger a refugiados bosnios de la guerra de los Balcanes, aunque su punto de inflexión fue el huracán 'Mitch', en 1998, una tragedia que reactivó este movimiento social, provocando una marea de solidaridad «desbordante» entre los malagueños. Desde entonces, la atención a los inmigrantes y la cooperación internacional han centrado buena parte del trabajo de esta ONG, que con los años ha ampliado su acción social a todos los colectivos en riesgo de exclusión y a otras provincias andaluzas.

La atención a las víctimas de violencia de género y la sensibilización sobre esta lacra social es uno de sus pilares principales, así como la ayuda a menores desfavorecidos. Además de clases de refuerzo escolar a unos 140 escolares en Palma-Palmilla dentro del programa CaixaProinfancia, Prodiversa gestiona dos centros de menores tutelados en Málaga, uno de atención inmediata y otro residencial, con 19 y 28 plazas, respectivamente. Cuando estos jóvenes cumplen la mayoría de edad y abandonan las instalaciones, se les sigue acompañando en su camino hacia la inserción social y laboral.

Atención psicológica

En cuanto a los usuarios que llegan a pedir ayuda a la asociación, mayoritariamente de Palma-Palmilla y del distrito Centro, lo primero que hacen después de valorarles psicológicamente es realizar un itinerario sociolaboral personalizado tras comprobar sus puntos fuertes y débiles, huyendo siempre del asistencialismo y con el convecimiento de que «la fuerza para que uno cambie sus condiciones de vida está en buena parte en uno mismo». «Nosotros les damos las herramientas y les acompañamos, pero ellos son los protagonistas de su cambio», afirma Espejo, que explica que además de darles formación propia, buscan cursos en otras entidades. La oportunidad laboral puede llegarles de la mano de la empresa de inserción o bien a través de acuerdos o peticiones puntuales que reciben de empresarios que demandan mano de obra y dejan a un lado los prejuicios. Para favorecer el autoempleo, en 2010 la asociación puso en marcha otro 'experimento': un modelo de franquicia social, El Colmaíto, de venta de comida preparada, que no funcionó como esperaban pero que Espejo confía en reactivar algún día.

Rocío Rodríguez.
Rocío Rodríguez. / F. Silva

De las personas a las que atiende Prodiversa, cerca del 30% consigue cierta estabilidad laboral, según el responsable de la ONG. Una de ellas es Rocío Rodríguez, una malagueña de 33 años, madre de dos niños, que llegó a la asociación hace dos en una situación «desesperada». Sola, sin vivienda –vivía con su hermana– y sin apenas ingresos, recuerda que estaba «destrozada anímicamente». Para ella, Prodiversa «fue como un milagro, un ángel caído del cielo».

Después de recuperar su autoestima, se formó haciendo cursos y prácticas en el sector de la limpieza. Le enseñaron a elaborar un currículum y le facilitaron la búsqueda de empleo –la ONG cuenta con centros de acceso público a Internet–. Se sacó el título de auxiliar de ayuda a domicilio, gracias al que desde hace unos meses tiene un trabajo. «Por primera vez este verano he podido comprarle algo a mi hijo pequeño, unos zapatos que me han costado 19 euros, pero que para mí significan mucho», señala.

Educación, sanidad y violencia machista, claves en el exterior

En el ámbito de la cooperación internacional, uno de los pilares principales de Prodiversa, la ONG malagueña se centra en dos ámbitos de actuación fundamentales para el desarrollo de cualquier comunidad dentro de la defensa general de los derechos humanos: la educación, la sanidad, principalmente de mujeres y niños, y el acceso al agua potable. En todos sus proyectos trabajan con perspectiva de género, «intentado cambiar la situación de las mujeres y favoreciendo su papel en el desarrollo de esas zonas empobrecidas», tal y como señala Rabía Zbakh Barhoun, coordinadora del Área de Cooperación Internacional de la asociación, que actualmente está presente en Marruecos, Haití y República Dominicana.

La sensibilización sobre la violencia machista y la atención a las víctimas ha cobrado un papel esencial en el colectivo malagueño, que siempre trabaja con una metodología participativa, coordinándose con las asociaciones locales del territorio en el que van a actuar, así como con la población beneficiaria. De esta forma, antes de iniciar cualquier proyecto se reúnen con colectivos de la zona para identificar las necesidades de mujeres, hombres y niños. Todo desde el firme convencimiento de que otro mundo es posible.

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