La huella solidaria de Málaga en el mundo

Ana Maldonado, durante una estancia en Etiopía. /SUR
Ana Maldonado, durante una estancia en Etiopía. / SUR

Harena, Prodiversa y Codepro son algunas de las ONG locales que trabajan en cooperación para el desarrollo

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Llegó a Perú con una oferta de trabajo para cantar en unos casinos, pero resultó ser «una estafa». No obstante, decidió quedarse allí y probar suerte en la música. Y no le ha ido mal. En el país andino el malagueño Miguel Carlos Ruiz Martín, conocido artísticamente como Miguel Laporte, no solo ha conseguido iniciar una prometedora carrera profesional, sino que además ha desarrollado su faceta más solidaria ayudando a niños y adolescentes con VIH acogidos en una casa hogar del país.

Como voluntario de la ONG Codepro (Asociación para la Cooperación, el Desarrollo y la Promoción), creada en Málaga en 2003, Laporte se encarga de supervisar los proyectos que esta entidad realiza con la asociación Un Día de Esperanza de Perú (AUDE), que lucha por contribuir al desarrollo integral de los menores enfermos, que carecen de unidad familiar, y acabar con los estigmas y la discriminación. Además, este joven de 31 años les da clases de canto y organiza conciertos y otros eventos benéficos para recaudar fondos.

Codepro es una de las entidades sin ánimo de lucro que trabajan desde Málaga en la cooperación internacional, aportando su granito de arena al desarrollo de las zonas más desfavorecidas del planeta. Esta asociación surgió hace quince años después de que Manuel Ángel Olvera, médico de familia, y su mujer trabajaran como cooperantes en Cuba en el año 2000. La situación que vieron allí les impactó tanto que decidieron hacer algo de forma más continuada y junto a un grupo de amigos crearon la ONG, que empezó trabajando en La Habana. Después, tras tener en acogida a un niño de Mauritania que iba a someterse a una intervención quirúrgica, decidieron extender su labor a ese país, donde además de contribuir a mejorar la calidad de vida de ese pequeño y su familia, han desarrollado diferentes proyectos con niños desnutridos y en el ámbito de la educación y la construcción de viviendas, en colaboración con entidades que trabajan en la zona.

Marruecos, Perú y Etiopía se han convertido en el destino de tres malagueños que trabajan en proyectos para mejorar la vida de los más desfavorecidos

En Perú empezaron a trabajar en 2016 cuando Miguel Laporte les habló de la labor que realiza AUDE, asociación a la que conoció en un concierto benéfico y con la que Codepro ha establecido diferentes convenios de colaboración desde entonces. «Es una experiencia muy bonita, porque aunque los niños están enfermos, ellos no se dan cuenta, quieren jugar, ir al colegio y hacer lo mismo que los demás; son súper alegres y con ellos ni te das cuenta de que están en la situación que están», señala Laporte, que lleva casi cinco años viviendo en Lima. «No hace falta ser una entidad grande para ayudar, las ONG como Codepro hacen el trabajo más duro, que es llegar a esas asociaciones pequeñas que tienen necesidades y a las que nadie ayuda ni les hace caso», apunta Laporte, que destaca que Codepro ha conseguido becas para los niños de la casa hogar y recursos para restaurar el techo del inmueble «y arreglar muchísimas cosas del centro». «Esto es una lección de vida, siempre hay alguien que está peor que nosotros, nos quejamos por tonterías», apunta el cantante.

Educación, sanidad y agua

Fundación Harena es otra entidad malagueña que trabaja en el ámbito de la cooperación internacional. Desde su creación hace once años han realizado 68 proyectos en 18 países de África y Latinoamérica, en los que han colaborado más de 300 voluntarios, en su mayoría profesionales de diferentes sectores. Las principales líneas de actuación giran en torno a la educación, la sanidad, la nutrición y el acceso al agua potable. Actualmente están presentes en Etiopía y en Perú, con proyectos financiados por los ayuntamientos de Málaga y Archidona, la Diputación Provincial y aportaciones particulares. Allí trabajan en colaboración con otras entidades.

«Esta experiencia es una lección de vida. Siempre hay alguien que está peor que nosotros»

«La cooperación es una deuda que tenemos con los países en vías de desarrollo, que lo son por responsabilidad nuestra»

En el país andino, concretamente en la región de Piura, en 2008 se construyó una guardería que actualmente acoge a 240 menores y posteriormente se ha hecho un invernadero, con la ayuda de la Fundación Alstom, para proporcionar un medio de vida a la población. En este proyecto están colaborando alumnos de la Universidad de Málaga que durante este curso van a la zona a través del programa 'Caravana solidaria' de la Diputación Provincial de Málaga, tal y como explica la gerente de Harena, Angie Moreno.

Miguel Laporte en una clase de canto a los niños de la asociación Un Día de Esperanza.
Miguel Laporte en una clase de canto a los niños de la asociación Un Día de Esperanza. / SUR

En Etiopía, la Fundación está centrada en mantener un centro materno infantil en Muketuri que acoge a 380 niños y en la mejora de las condiciones de vida de los poblados en los que viven, con la construcción de pozos de agua potable, huertos y comedores comunitarios. Cada año un grupo de voluntarios visita la zona para supervisar los avances, y entre ellos está Ana Maldonado, una enfermera malagueña de 53 años que colabora con Harena desde su fundación. Su primera experiencia en cooperación internacional fue en Perú, adonde fue con otro compañero sanitario para realizar una labor asistencial en un zona muy deprimida.

Después surgió la oportunidad de viajar a Etiopía para trabajar en mejoras y ampliación del centro materno infantil y en el desarrollo agrario y ganadero de la zona, un ámbito en el que Maldonado, vecina de Archidona, tiene grandes conocimientos. «Yo me fui como enfermera de atención primaria, pero en un país en el que hay deficiencias por todos lados, uno no puede decir que trabaja solo como sanitaria, tienes que actuar de una forma integral», señala esta malagueña, que destaca el «increíble potencial» de la zona: «Podría ser la huerta de Etiopía, hay miles y miles de hectáreas de terreno muy fértil».

Enfoque de género

También en África, pero en este caso en Marruecos, está Clara López, otra malagueña que dedica parte de su vida a ayudar a los más necesitados. Trabaja como coordinadora de los proyectos de cooperación internacional que Prodiversa desarrolla en el país. Vive allí desde que realizó un máster en Cooperación Internacional para el Desarrollo hace seis años. Ha estado en diferentes zonas con distintas ONG y desde hace poco menos de un año es técnica de cooperación de Prodiversa. «Principalmente los proyectos que desarrollamos son de educación, salud y enfoque de género y ahora estamos llevando a cabo uno con personas con diversidad funcional», explica esta trabajadora social de 30 años que considera un lujo «poder trabajar de lo que uno ha estudiado y le gusta». «La cooperación no es más que una deuda que tenemos con los países en vías de desarrollo, que lo son por responsabilidad nuestra», apunta.

Clara López con una residente de Marruecos.
Clara López con una residente de Marruecos.

Prodiversa, que cumple 25 años, está presente actualmente en Marruecos, Haití y República Dominicana, donde trabajan siempre con una metodología participativa, coordinándose con las asociaciones locales del territorio en el que van a actuar.

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