Una carrera de superación

Rossmarie (derecha) y su hermana Evelyn, en la Facultad de Comercio y Gestión. /Fernando Torres
Rossmarie (derecha) y su hermana Evelyn, en la Facultad de Comercio y Gestión. / Fernando Torres

Cuatro universitarios cuentan cómo han logrado romper el círculo de la exclusión social

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Dicen que han tenido una infancia feliz, aunque al recordar cómo fueron aquellos años admiten que pasaron por momentos muy duros. No obstante, afirman que esas malas experiencias les hicieron ver cómo no querían que fueran sus vidas y qué hacer para cambiarlas. Ellos, que por circunstancias familiares o económicas podían estar condenados al fracaso escolar y a la exclusión social, han conseguido reescribir su futuro. Lo han hecho con su propio esfuerzo, principalmente, pero también gracias a la ayuda de entidades sociales que colaboran con el programa CaixaProinfancia en Málaga, que les dieron el empujón necesario para luchar por sus sueños.

Álvaro González, las hermanas Evelyn y Rossmarie Valdiviezo y Jennifer Alcoholado fueron beneficiarios hasta la adolescencia de este proyecto de la Obra Social 'la Caixa' que persigue romper el círculo de la pobreza hereditaria y ofrecer oportunidades. Sus familias recibían cada año ayuda económica para material escolar mientras ellos iban a clases de refuerzo educativo, talleres y campamentos de verano en las asociaciones Arrabal-AID, Fundación Don Bosco y Trans. Allí también se les prestó atención psicológica o logopédica cuando fue necesario. Pero, sobre todo, recibieron cariño por parte de los monitores y aprendieron una lección de vida: puedes ser lo que quieras ser. Y así ha sido. Hoy estudian en la Universidad de Málaga y están a un paso de convertirse en profesionales. Además, devuelven parte de lo que han recibido colaborando con las asociaciones en las que ellos encontraron tanto apoyo. Para los niños que hoy están en el programa son un ejemplo a seguir.

Gracias a su empeño y a la ayuda de asociaciones que colaboran con el programa CaixaProinfancia hoy se plantean un futuro lleno de oportunidades

«Jugando y yendo a clase conseguí alejarme de los problemas y no perder la alegría»

«Mi hermana y yo podemos hacer una carrera porque mi madre se ha matado a trabajar, lo mínimo que podemos hacer es responder con nuestro esfuerzo». Rossmarie Valdiviezo está a punto de terminar el Grado de Marketing e Investigación de Mercados en la UMA. Sus palabras y reflexiones denotan una madurez tal vez impropia de una veinteañera, pero se explica al conocer sus vivencias personales desde que hace unos 15 años llegó a Málaga de Ecuador con su hermana Evelyn para reunirse con su madre. Ella se había trasladado un año antes «huyendo de la violencia machista». Una vez aquí empezaron los problemas económicos, ya que su madre no pudo homologar su formación en administración de empresas y sólo encontró trabajo en la limpieza. «Hemos vivido época de vacas muy flacas», cuenta Rossmarie. Cuando tenía unos 13 años, acudieron a Arrabal en busca de ayuda económica y se les incluyó en el programa CaixaProinfancia, a través del que recibían un cheque periódico para material escolar. Asimismo, junto a su hermana, que hoy estudia Biología, empezó a recibir clases de refuerzo educativo, atención logopédica y también psicológica, ya que sufrió 'bullying' en 4.º de ESO.

No perder la infancia

Gracias a esta asociación dice que no perdió la infancia. «Jugando y yendo a clases conseguía alejarme de los problemas y no perder la alegría», señala Rossemary, que destaca cómo los monitores, «que se convirtieron en amigos», conseguían motivarla cuando sus resultados académicos empezaron a empeorar. «Me convencieron de que todo se puede lograr con esfuerzo», afirma la joven, que compagina los estudios con el cuidado de una señora mayor, contribuyendo así a la economía familiar.

Jennifer está estudiando en Alemania.
Jennifer está estudiando en Alemania. / SUR

A Jennifer Alcoholado le falta presentar el Trabajo de Fin de Grado para terminar Turismo. Esta joven de 24 años llegó a la asociación Trans cuando tenía 11 y a la difícil situación económica se sumaban las consecuencias emocionales derivadas de una situación complicada en casa, con una familia reconstituida tres veces. Todo esto le afectó a la motivación y al rendimiento académico y fue entonces cuando una monitora de Trans le propuso colaborar con la asociación, convirtiéndose en usuaria-voluntaria. Le gustó tanto ayudar a otros niños que ha seguido trabajando con la ONG.

Álvaro quiere ser empresario.
Álvaro quiere ser empresario. / Francis Silva

De niña, dice que ha echado de menos, sobre todo, «hacer cosas en familia», ya que ir a comer fuera o al cine era algo impensable. Pero las dificultades le han valido «para convencerme de tengo que conseguir una vida mejor», dice Jennifer, que ha podido costearse la carrera gracias a las becas y a una buena gestión de ese dinero. «Después de darle parte a mi madre, he invertido siempre en formación porque he tenido claro que es lo que me va a dar una vida mejor», señala esta universitaria que trabaja en un punto de información en el aeropuerto de Málaga y que ahora está en Alemania en un curso de idiomas.

Diez años construyendo un futuro para los niños

«Yo seré lo que quiera ser». Es el lema elegido por la Obra Social 'La Caixa' para conmemorar los diez primeros años del programa CaixaProinfancia, que en la provincia de Málaga –está presente en la capital y en Torremolinos– ha atendido a casi 30.000 niños a los que ha ofrecido apoyo escolar y económico para que puedan salir de la exclusión social y cumplir sus sueños.

Para celebrar esta primera década construyendo un futuro para los más pequeños, el próximo jueves por la tarde tendrá lugar una gala en la Casa Diocesana en la que se entregarán unos reconocimientos a jóvenes y familias usuarias y a entidades y personas colaboradoras del programa, que ya ha invertido más de 58 millones de euros en Málaga.

En el caso de Álvaro González, a raíz de un incendio en su casa en el que lo perdieron «casi todo», su madre acudió a la Fundación Don Bosco. Allí recibió apoyo escolar y disfrutó de campamentos y colonias, además de la ayuda económica de La Caixa. «Yo aproveché todo lo que tenía a mi disposición», cuenta este joven de 19 años que actualmente estudia 2.º de Administración y Dirección de Empresas. Recuerda que en los años de la crisis su situación económica empeoró porque sus padres, que estaban separados, llegaron a estar los dos en paro. No obstante, hace un balance positivo. «El dinero no da la felicidad y gracias a la ayuda que he recibido he aprendido a compartir, a ser más generoso y a ver las cosas desde otro punto de vista», señala Álvaro, que sueña con ser empresario.

 

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