«Los barrios periféricos deben sentirse parte activa de la ciudad para no convertirse en zonas de conflicto»

Marco Marchioni ha asesorado buena parte de los procesos comunitarios desarrollados en España. /SUR
Marco Marchioni ha asesorado buena parte de los procesos comunitarios desarrollados en España. / SUR

Marco Marchioni, investigador, trabajador social y experto en intervención comunitaria

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Desde hace más de 30 años reside en España, donde tiene una fuerte vinculación con Málaga. En la provincia, concretamente en la comarca de la Axarquía, el trabajador e investigador social Marco Marchioni (Italia, 1937), dirigió en la década de los 60, de la mano del Obispado, la que se considera la primera experiencia de intervención comunitaria en nuestro país, promoviendo la participación activa de la población en procesos de mejora de la realidad local. Después se han llevado a cabo proyectos similares en barrios de la capital como El Perchel o Palma-Palmilla con los que este experto, un referente a nivel internacional, ha colaborado.

A sus 81 años, el premio estatal de Trabajo Social 2017 sigue al pie del cañón y actualmente es asesor general del Programa de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) que la Obra Social La Caixa desarrolla en 37 territorios de España, entre ellos el distrito Bailén-Miraflores, uno de los más poblados de Málaga y caracterizado por la multiculturalidad. En colaboración con la ONG ACCEM y con el apoyo de las instituciones, el proyecto busca favorecer la cohesión social y la tolerancia trabajando desde la prevención en los ámbitos de la salud, la educación y las relaciones ciudadanas.

–¿Por qué se eligió Bailén-Miraflores para el desarrollo de este programa?

–Porque uno de los elementos clave del proyecto es que España es un país multicultural y hay que afrontar el tema de la integración para que las personas que vienen de fuera sean efectivos miembros de las comunidades donde viven. Uno de los objetivos de este programa es crear una convivencia real en las comunidades en las que todos participen en igualdad de condiciones. Dentro de eso, trabajamos para que haya menos conflictos. Estamos intentando crear convivencia donde todo el mundo participe en la mejora de la comunidad.

El italiano, muy vinculado a Málaga, es asesor de un programa que la Obra Social La Caixa desarrolla en Bailén-Miraflores para mejorar la convivencia entre los residentes

Después de cuatro años de intervención, ¿qué balance hace?

–Nadie tiene la varita mágica para solucionar los problemas de hoy en día, pero tenemos un método que la realidad ha demostrado que es válido y en los territorios en los que hemos trabajado la convivencia en general ha mejorado. Lo que hace diferente al programa ICI es que no es un proyecto que viene, hace las cosas y se marcha, que es lo que ha caracterizado a la política pública durante 30 años. Los proyectos muy específicos que atienden demandas particulares y no implican al conjunto de la comunidad no contribuyen a cambiar realmente las cosas. La ciudadanía, en vez de decidir pasivamente las cosas, debe ser un sujeto activo del proceso de mejora. Para la mejora social de los territorios debe participar toda la comunidad.

–¿La gente se implica?

–Decir que todo el mundo participa sería mentira, pero el proceso comunitario crea las condiciones para que todos puedan hacerlo.

–¿Vivimos en un sistema participativo?

–No. Realmente la posibilidad concreta de participar en paridad de condiciones es muy complicada. El proceso comunitario sostenible es el que permite a todo el mundo poder participar si así lo considera. España es un país democrático, puedo participar en asociaciones, partidos, sindicatos, pero donde es más importante que la gente pueda participar activamente es en el día a día, donde uno vive o trabaja, en acciones que permitan mejorar lo que hay en el territorio.

«Los proyectos muy específicos que atienden demandas particulares no contribuyen a cambiar realmente las cosas»

–¿La crisis ha incrementado los problemas de convivencia?

–En general, seguramente sí, pero no tenemos datos. Lo que sí sabemos es que en los territorios ICI esta separación no se da; al contrario, hay muchos más proyectos e iniciativas de interés general compartidos por todo el mundo con participación de las diferentes nacionalidades, razas y culturas.

–¿Y se ha fomentado el individualismo?

–Uno de los cambios fundamentales que se ha dado en el mundo occidental es que antes el trabajo, la fábrica, unían. Uno se afiliaba al sindicato y luchaba junto a los demás para defender conquistas comunes, pero la precarización de las relaciones laborales empuja a las personas a buscar soluciones individuales. De este cambio debemos tomar nota. Por eso, como la fábrica ya no es el punto de unión, es importante que en el territorio se construya un proceso que permita mantener las batallas colectivas que defienden los intereses de los más débiles porque si no los sectores más vulnerables son los que van a ser condenados a la exclusión permanente, que es lo que está pasando en España y otros países.

–¿Cree que las ONGestán asumiendo funciones que les corresponden a las administraciones públicas?

–Ese peligro está siempre presente, pero para mí el problema ha sido otro, que las ONG han asumido pasivamente la financiación de las administraciones para proyectos específicos de atención particular a sectores excluidos y no han generado procesos comunitarios de interés general y público.

–¿Qué radiografía hace de los barrios malagueños?

–Málaga ha tenido un crecimiento y un desarrollo impresionante en los últimos diez años, se ha culturizado mucho su imagen, con el Festival de Cine, los museos... Se ha conseguido una imagen muy importante a nivel mundial, pero Málaga tiene pendiente, como todas las ciudades, ser consciente de que los barrios extracéntricos también existen. Los barrios periféricos deben sentirse parte activa de la vida de la ciudad, es importante que los ayuntamientos promuevan iniciativas comunitarias para ello. Es el reto de todos. Porque si no, esto va a llevar a conflictos insostenibles durante mucho tiempo. El dilema de las ciudades modernas de Occidente va a ser este, si no prestamos atención y no trabajamos con óptica preventiva, la zonas de extrarradio se convertirán en zonas de conflicto y exclusión.

Europa ante el drama de la inmigración

Europa está siendo «absolutamente incapaz» de dar una respuesta común al problema de la inmigración. Así lo afirma Marco Marchioni, que considera que, en la búsqueda de una solución, «hay que implicar a los países desde donde salen estas personas». «Si no tenemos una capacidad de respuesta, las respuesta la van a dar los populistas de extrema derecha», señala el sociólogo, que advierte de que «la gente tiene miedo de caer en la exclusión y se agarra a lo primero que llega, a quien le dice: 'el negro te ha quitado el trabajo'». «En Alemania, en el centro de Europa, están temblando por miedo a que la extrema derecha se lleve muchísimos votos en las próximas elecciones», afirma.

A su entender, habría que poner en marcha programas de intervención comunitaria en todas las zonas urbanas donde se concentra la población inmigrante, «que ya son precarias y allí es donde se vive el conflicto; ahí es donde tenemos que actuar, pero ya».

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