Emma Penella, la gruñona entrañable

La popular actriz de 'Aquí no hay quien viva' fallece a los 76 años a consecuencia de una septicemia

OSCAR L. BELATEGUI
QUERIDA. Emma Penella se ganó el respeto de la profesión y el cariño del público./
QUERIDA. Emma Penella se ganó el respeto de la profesión y el cariño del público.

Emma Penella personifica los avatares de buena parte de los actores del cine español en el último medio siglo, esos a los que Juan Antonio Bardem dedicó una película, 'Cómicos', que ella protagonizó. Cuando ya parecía condenada al júbilo de algún papelito de reparto en cine, una serie de televisión marcó un punto y seguido en su carrera. A los 76 años, fallecía ayer en su domicilio madrileño la pendenciera, rácana y cotilla comadre de 'Aquí no hay quien viva' y 'La que se avecina'. Cualquier parecido del personaje con su auténtica personalidad era pura coincidencia.

El corpachón de Emma Penella se resquebrajó hace dos meses al sufrir una caída en el jardín de su casa. Padecía una diabetes. Dos operaciones de columna la misma semana derivaron en una septicemia que le ocasionó insuficiencia renal y cardiaca. Del hospital la llevaron a casa a morir.

«Ya estaba sin conocimiento. Es lo único que me consuela, que no ha sufrido», se apena Mariví Bilbao, su vecina televisiva. Le velaban sus tres hijas -Emma, Lola y Emiliana-, amigos y compañeros: Loles León, Gonzalo Miró -que siempre la trató como su abuela- y un inconsolable Fernando Tejero, su portero de finca en la ficción. Cuando el actor estuvo convaleciente de una operación, ella no se separó de su lado.

Amigos en la profesión

Vital, generosa y humilde. Así era Emma Penella, que además de protagonizar clásicos del cine español como 'Cómicos' y 'El verdugo', no se ganó un enemigo en la profesión. «Gran actriz y, sobre todo, gran persona», resume Luis García Berlanga; «una actriz completa e insuperable», alaba José Luis Borau; «tenía tres cualidades por encima de todo: juventud interior, humildad y generosidad», enumera Luis Merlo. Hoy será enterrada en el cementerio de la Almudena, justo cuando se cumplen dieciséis años de la muerte de su marido, el productor Emiliano Piedra.

A su lado, Penella disfrutó de la compañía de genios como Orson Welles -Piedra produjo 'Campanadas a medianoche'- y apuró cócteles en Hollywood cuando en Madrid aún no se habían arrugado las cartillas de racionamiento. La Historia de España se le torció nada más nacer. Emma Penella (Madrid, 1931) era hermana de las actrices Terele Pávez y Elisa Montés. La culpa de que no compartan apellido la tiene su padre, Ramón Luis Alonso, un tipógrafo ultraderechista. Ian Gibson le acaba de dedicar un libro: fue el hombre que detuvo a García Lorca en Granada, el infame verdugo de un mito.

Voz cazallera

En la Salamanca umbría de la Guerra Civil, Emma vivió interna con las monjas salesianas, que la castigaban por hacerse pis prohibiéndole actuar en las representaciones teatrales. Allí aprendió «a llorar sola». Abandona el Bachillerato y, gracias a una amigas que conocen a Luis Escobar, entra de meritoria en el María Guerrero. Tiene su primer papel como prima rica de la protagonista al sustituir a Mayrata O'Wisiedo. En el cine aparece sin acreditar en 1949: doble de luces de Amparo Rivelles en 'La duquesa de Benamejí'.

Irónicamente, el principal rasgo de este bellezón moreno y rotundo, su voz cazallera, le condena a ser doblada en papeles de mujer de rompe y rasga en los años 50: 'Los ojos dejan huella', 'Carne de horca', 'Los peces rojos', 'El batallón de las sombras' Sólo Juan Antonio Bardem deja su vozarrón en 'Cómicos'. En los 60 se dedica al teatro salvo contados trabajos en cine: 'El verdugo', 'La busca' y 'La cuarta ventana'.

Al casarse con Emiliano Piedra, sólo protagonizará sus producciones: 'Fortunata y Jacinta', 'La primera entrega', 'La Regenta' En teatro la reclaman Nieva, Marsillach Su semirretiro en los 80 sólo es roto por las llamadas de Francisco Regueiro ('Padre nuestro'), Carlos Saura ('El amor brujo') y Eloy de la Iglesia, que en 1986 le ofrece su último gran papel en el cine, 'La estanquera de Vallecas'.

Su segunda juventud la propició la directora de 'casting' de 'Aquí no hay quien viva'. Hace cinco años, Elena Arnao la visitó en su casa y le preguntó cómo andaba de salud. Emma Penella le bailó una jota. A los setenta y tantos, hasta le dio tiempo de doblar a un personaje de dibujos animados en 'Los Increíbles'. En una entrevista, se enorgullecía de no haber encarnado nunca a una trepa. Y desvelaba la ilusión de su vida para cuando fuera mayor: «Ser santa, pero sin que nadie lo sepa».

Fotos

Vídeos