José Tomás Boyano: «Los jóvenes son víctimas ideales para el adoctrinamiento político»

El profesor José Tomás Boyano, en el aulario Gerard Brenan de la Universidad. /Francis Silva
El profesor José Tomás Boyano, en el aulario Gerard Brenan de la Universidad. / Francis Silva

Los colegios catalanes, hasta hace unos años modelo de integración, han tenido un papel central en el proceso separatista, asegura el profesor de Psicología Básica de la UMA

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Orientador en el IES Sagrado Corazón y profesor asociado de Psicología Básica en la UMA, José Tomás Boyano cree que uno de los problemas del proceso separatista es que se ha dejado de respetar la diversidad de opiniones y lamenta que los niños y jóvenes hayan sido víctimas de un adoctrinamiento político que les ha dejado sin pensamiento crítico.

Se habla mucho en las últimas semanas del ‘adoctrinamiento’ de los escolares. ¿Qué se entiende por adoctrinar?

–Básicamente inculcar determinados valores o una forma de pensar. Se transmiten a los estudiantes unas consignas que suponen una simplificación máxima de lo que es la complejidad de la vida y de las relaciones sociales, que tiene como objetivo crear un pensamiento único, igual en todos, despojarles de un pensamiento crítico o propio, que es lo que la escuela debería transmitir, separándose de su objetivo que es formar a ciudadanos que piensen en libertad. Al final, las escuelas se han convertido en centros donde no se ha cultivado el pensamiento crítico, donde no se ha respetado la diversidad de opiniones.

Pero la educación catalana se caracterizó por ser inclusiva, innovadora . Recuerdo el caso de colegio jesuita premiado por el trabajo con proyectos, sin libros de texto e incluso sin tabiques entre las clases...

–Sí, resulta paradójico lo que está pasando, porque Cataluña siempre ha apostado por la modernidad, por la defensa de los valores democráticos y la innovación y creatividad. Siempre ha habido un sentimiento de admiración hacia Cataluña y el caso del colegio jesuita ha sido estudiado, valorado y copiado en otros puntos de España.

¿Qué queda entonces de esa escuela inclusiva y democrática?

–Esa es la gran paradoja de Cataluña. Porque esa escuela inclusiva y democrática casa muy mal con el nacionalismo excluyente, el separatismo y las ideas supremacistas. En Cataluña, todos estos centros educativos democráticos, integradores y diversos (aparentemente) han jugado un papel central en el proceso separatista.

«Desde la escuela se debe reconstruir una sociedad inclusiva y solidaria»

¿Qué ha pasado para que se haya producido esa involución?

–Desde el momento en el que el pacto Aznar-Pujol impone el catalán como lengua única en los colegios se trata de favorecer la cultura catalana por encima del resto de culturas del Estado, que también enriquecen y son patrimonio de todos los españoles, incluidos los catalanes. Se transmiten consignas, ideas simples, prejuicios... hacia todo lo que no es catalán.

En gran medida las manifestaciones en Cataluña están protagonizadas por jóvenes de institutos y universidad. ¿La escuela ha sido parte del problema catalán?

–La escuela forma parte de la sociedad y en ese sentido tiene una responsabilidad igual que el resto de la sociedad catalana que ha hecho esa propaganda hacia una independencia unilateral. Esa propaganda en gran parte ha generado esa ilusión de un estado ideal, maravilloso. Los jóvenes, por su ilusión, son una víctima ideal, quieren hacer algo revolucionario en su vida. Y sí, la escuela ha sido parte del problema. Por tanto, desde la escuela se debe reconstruir una sociedad inclusiva y solidaria para todos. Por ahora, parece que solo se ocupa de incluir y cohesionar a los que piensan en la misma dirección.

Se ha llegado a denunciar el uso de niños como ‘escudos humanos’ en alguna manifestación...

–Es algo que llama la atención a toda la comunidad educativa. Incluso en los años del franquismo parece que había un cierto pacto para que los chicos se educaran en una cierta libertad de pensamiento. Hay parte de la comunidad educativa catalana que parece estar en connivencia con ese pensamiento político, con la tergiversación de la historia.

«El proceso sería reversible si todos estuviéramos dispuestos a comprender a los demás y a restaurar los afectos»

¿Cómo entender esa tendencia de muchos jóvenes hacia la independencia?

–Bueno, hay que tener en cuenta que es una historia bonita, inventada y falsa, pero preciosa para un joven. Por esto resulta casi normal que los jóvenes se lancen a esa historia y abracen esos ideales de independencia más que a tender algo tan aburrido como estudiar o consolidar la estructura social que ya tenemos. Tienen por naturaleza la vocación de transformar el mundo. Otra cosa es que hayan sido manipulados por los políticos.

¿Cómo explicar desde la Psicología que un determinado pensamiento o una idea política, por errónea que sea, se pueda imponer a fuerza de repetirla?

–En Psicología Social se conoce desde hace tiempo este fenómeno. Hay una forma de pensar determinada que tiene más eco, repercusión o difusión que otras, aunque no sea la mayoritaria, al resto de grupos sociales les cuesta trabajo salir de ese pensamiento dominante y este es el peligro, que al final toda la sociedad piense en esa misma dirección y no se deje libertad al resto para pensar de otra manera.

Las ideas y consignas políticas han llegado a los programas infantiles, incluso a los juguetes, como ha sucedido con los Playmovil manifestantes...

–Esto es el resultado de esa misma idea supremacista y nacionalista que no permite analizar la complejidad de la realidad social y trata de polarizarlo todo entre buenos y malos. Desde el momento en que se divide a la sociedad y desaparece el pensamiento crítico nos vamos a los extremos y nos olvidamos de que tenemos un pasado común, de lo mucho que hemos compartido y de los grandes logros que nos ha deparado esta convivencia en común.

En Psicología, ¿cómo se explica la construcción de un pensamiento como el independentista?

–La Psicología Social lo explica muy bien. El sentirte parte de tu propio grupo hace que tú mismo te sientas satisfecho con la realidad de tu grupo todo lo que viene de este grupo se valora positivamente y las razones de otros grupos no las atiendes, los ves como un enemigo al que no valoras para nada. Es lo que se conoce como ‘disonancia cognitiva’, es decir, lo que esté en contradicción con mi pensamiento lo niego con argumentaciones absurdas, como que no se irán los bancos, que no habrá problemas económicos o que van a construir un todo será maravillosos,.. la disonancia cognitiva hace que todo se vea las ideas coherentes en tu grupo o tribu, estamos volviendo a la tribu.

Esta situación, ¿puede ser, al menos en el aspecto psicológico, reversible?

–Es fácilmente reversible en la medida en que todos nos sintamos dispuestos a comprender a los demás y a restaurar los afectos. Sí es cierto que habrá una generación que ha vivido en ese engaño e ilusión falsificada, se les ha prometido una fiesta de pijamas y de sonrisas pero la realidad del mundo actual no permite esas fantasías.

Hay quien pide que el Estado recupere las competencias en educación. ¿Lo ve posible?

–Sería muy complicado. Se ha dado mucha autonomía, muchas competencias a las comunidades, es difícil dar más competencias, pero recuperarlas para el Estado parece muy complicado y sería dar razones al victimismo nacionalista.

También se critica la inacción de la inspección educativa, ¿cree que tienen margen de maniobra?

–Creo que es muy difícil actuar cuando los medios de comunicación, la sociedad o los espacios sociales de diálogo se llenan con estos mensajes de independentismo y supremacismo. Creo que es un problema no solo de la escuela, sino de toda la sociedad, que no ha permitido que otras voces se expresen y han impuesto la idea de que la independencia es imprescindible. Resulta paradójico que cuando más libertad, autogobiero y autonomía hay en Cataluña surja este sentimiento independentista.

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