«Debemos desterrar de la política española el odio, que es la peor plaga de un pueblo»

José Utrera Molina, en su chalet de Nerja, plagado de recuerdos de su trayectoria como falangista y alto cargo de la dictadura de Franco.
José Utrera Molina, en su chalet de Nerja, plagado de recuerdos de su trayectoria como falangista y alto cargo de la dictadura de Franco. / Salvador Salas
  • José Utrera Molina, abogado y exministro de Franco. A punto de cumplir 90 años, el jerarca franquista ve España «confusa» y cree que Ruiz Gallardón, su yerno, es «el único que puede salvarnos»

En el interior del chalet El Alamillo, en Nerja, José Utrera Molina (Málaga, 12 de abril de 1926) desgrana sus recuerdos y opiniones sobre la vida política actual y su trayectoria como falangista y alto cargo de la dictadura de Franco. La fotografía de José Antonio Primo de Rivera preside su despacho junto a otras de Franco, un piano, una pequeña biblioteca, fotografías taurinas, entre ellas una dedicada de José Tomás, una bandera de Falange, otra de España con el escudo preconstitucional y una de la III Centuria falangista –en un momento de la entrevista con este periódico señala a estas últimas como posibles sudarios el día que fallezca–.

A punto de cumplir noventa años, el que fuera gobernador civil de Ciudad Real, Burgos y Sevilla y ministro de la Vivienda y del Movimiento es un hombre lúcido (sólo en un momento de la hora y media de conversación tuvo un lapsus) y afable al que un problema de cadera le impide moverse con agilidad. Defiende con ahínco el régimen franquista, muestra su preocupación por el futuro de España y elogia a su yerno, Alberto Ruiz Gallardón –casado con Mar una de sus ocho hijos–, a quien ve como el único capaz de sacar al país de la actual situación. Mientras se desarrollaba la entrevista con uno de los seis exministros de Franco que aún viven, el pleno del Ayuntamiento de Sevilla aprobaba quitar el nombre de Utrera Molina a la calle que tenía en la capital hispalense en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, de la que el jerarca franquista abomina.

89 años dan para mucho…

¿Tiene usted idea de que puede ser la última entrevista que pueda conceder? Voy a cumplir noventa años, que son noventa golpes de bronce en mi vida porque tengo un caudal de recuerdos tan nutridos que, a veces, hacen daño a la esperanza; los recuerdos, en muchísimas ocasiones, te levantan el corazón, pero también, en otras, te llenan el corazón de nostalgia y de dolor. Para mí una entrevista significa desterrarme a la memoria y esa actitud de destierro, a veces, me resquebraja el corazón.

¿Cómo ve hoy España?

La veo confusa, contradictoria y peligrosamente inclinada hacia situaciones que pueden ser muy negativas para su futuro. Me preocupa España. Acabo de despedirme de mi yerno, Alberto Ruiz Gallardón, que se marchaba a Tenerife, y con el que suelo hablar mucho sobre España. Tengo por él una pasión absoluta porque creo que es el único hombre que en estos momentos podía salvarnos de esta coyuntura donde la contradicción, el disparate y, a veces, incluso, lo inconcebible tienen lugar sobre nuestro territorio. Todo lo que es España tiene para mí una resonancia importante porque para mí España es un proyecto común.

Escribió recientemente un artículo en el ABC donde alertaba sobre una posible nueva Guerra Civil, lo que generó mucho debate. ¿Tan oscuro ve el panorama?

Creo que me excedí en decir eso. Lo que yo quise transmitir es que las constantes que produjeron la Guerra Civil española se están reproduciendo ahora cuando, por ejemplo, se quitan los recuerdos de un pasado reciente y se sustituyen por otros que representan, en definitiva, un dechado de cosas negativas y atentados contra la esencialidad de España. Veo a España desamparada. No veo una rectoría limpia y decidida. Veo al señor Rajoy indeciso e impreciso; no le veo con la fortaleza que tiene que tener un gobernante.

Mencionaba a su yerno, Ruiz Gallardón, retirado de la primera línea política. ¿Le anima usted a volver?

Sí, siempre le animo a volver. Soy el último fan que se enciende en su palabra para decirle que debe volver, pero me dice siempre igual: ‘Yo ya he cumplido’. El hombre está en esa posición dedicado a cosas particulares que hacen falta para mantener a su familia y no siente apetito ni nostalgia de la vida política. Me lo explico porque en mi época llegó un momento en el que también terminé hastiado del comportamiento político de algunos de mis compañeros. Así como tengo un buen recuerdo de la etapa en que fui ministro de la Vivienda, la secretaría general del Movimiento la veía con unas tremendas dificultades; dificultades que se podrían haber paliado si hubiera tenido mejor compañía. Pero, en definitiva, en el consejo de ministros éramos muy pocos los que comulgábamos con una idea transformadora de lo que el Movimiento Nacional representaba y lo que España podía ser en el futuro. Nada de beaterías, nada de ultraísmo, nada de bunkerización, era simplemente el deseo de poner a España en una órbita distinta y hacer de España una nación moderna.

Podemos

¿Qué le parece la irrupción política de Podemos?

No me gusta nada el advenimiento de un movimiento que intenta liquidar las esencias de la vida española, que está en contra de la unidad de España, que no respeta nuestros valores religiosos y quiere transformar los hábitos de tiempo que han ido conformando el corazón de España.

¿Y Ciudadanos?

Es un partido con buena intención pero no lo veo con la madurez suficiente para hacerse con el Gobierno de España.

Usted es falangista...

Soy joseantoniano auténtico. He conocido a José Antonio a través de sus escritos, de su oratoria y de su actitud ante la vida y no creo que haya habido un español con cualidades más excelsas que las de José Antonio. Ha habido muy pocos españoles como él. Era un hombre sencillo, elegante, fino, con estilo y sin rencores en el alma; un tipo verdaderamente excepcional. Él era un poeta y un poeta no es otra cosa que hacer de las palabras un canto de ilusión, hacer de las palabras un verdadero soneto en el cual la vida se reproduce en ritmo, medida y grandeza. (En ese momento de la entrevista, Utrera Molina recita de memoria un soneto de José Antonio Primo de Rivera).

¿Se siente más joseantoniano o más franquista?

Me siento joseantoniano y, además, se lo dije a Franco cuando me nombró ministro. Franco era más humano y José Antonio era una figura de leyenda. Desde luego la lealtad a Franco por parte mía fue total, absoluta y me enfrenté con todos no sólo en aquella época donde había ya síntomas de traición evidente, sino también después cuando ha habido olvidos inesperados e injustos. Yo he clamado por reivindicar que la figura de Francisco Franco es única en nuestra historia, que representa una etapa de vida donde la paz y la verdad resplandecieron por encima de pequeñas cosas y además Franco amaba profundamente a España. Franco está ya en la Historia y en la Historia se pregona la existencia de un hombre que tuvo siempre en el corazón el nombre y el sentido de España.

Pero el régimen de Franco fue una dictadura. ¿Para usted Franco fue un dictador?

En absoluto y de dictadura nada. Franco no decía: ‘Esto hay que hacerlo’. Él confiaba en las personas que había elegido y yo no he visto una persona más alejada de un sentimiento dictatorial. Muñoz Grandes, que me distinguió con su confianza y ha sido uno de los grandes militares y patriotas españoles, me dijo un día: ‘Parece mentira que haya alguien que diga que Franco es un dictador, Franco es todo lo contrario a un dictador’. Y era verdad, él consultaba con uno y con otro y por eso tuvo una política integradora de mucha gente, incluso de gente que estaba en contra suya. Yo a Franco no le oí nunca una palabra de reproche y odio. Lo que debemos desterrar de la vida política si queremos comportarnos como seres humanos, y esa sería una bella tarea en común, es el odio, que es lo peor que puede tener un pueblo porque es una pasión aniquilante, destructora. El odio es nefasto, terrible, es la peor plaga que pueda tener un pueblo.

Por bandos

Bajo el régimen de Franco se ejecutaron sentencias de muerte, había ausencia de libertades y hubo miles de exiliados. ¿Se arrepiente de haber formado parte de la estructura de un estado dictatorial?

No, no. Mire, la guerra española dividió a los españoles en una parte y otra. Yo tuve familiares íntimos en ambos bandos y mi vida ha girado siempre en el mantenimiento del respeto a unos y la adhesión a otros.

Una jueza argentina pidió su extradición por pertenecer usted a un consejo de ministros donde se firmó la sentencia de muerte de Puig Antich.

Esa denuncia ere nula de pleno derecho. Una sentencia de muerte tiene que estar avalada por un tribunal, en este caso el Supremo, y ejecutada por el Jefe del Estado. La notificación, por un mero trámite administrativo al consejo de ministros, era sólo eso, notificar, que no es ejecutar, ni mucho menos. Aparte de las cuestiones jurídicas, no tengo que pedir perdón por algo que no hice.

¿Qué sintió cuando pidieron su extradición?

No sentí nada, para mí no tuvo importancia.

Hace más de cuarenta años que murió Francisco Franco, ¿qué le diría a un joven sobre la figura de Franco?

Les diría que Franco convirtió un país que tenía solo alpargatas en un país con zapatos y coches, es decir, la transformación social que hizo Franco no la ha hecho ningún gobierno en España, ni siquiera los socialistas más avanzados. La política social de Franco es un golpe revolucionario. No sólo ese tema. Yo he estado en el Ministerio de Trabajo y he visto todo lo que se hacía, que era pro-obrero. Les diría también que a Franco no le oí nunca ninguna frase de desprecio hacia sus enemigos, él quería simplemente mejorar España por encima de todo. Tenía la obsesión por el mejoramiento social de España que no ha tenido ningún político español jamás, ni Maura, ni Sagasta, ni Largo Caballero, ni Indalecio Prieto...

¿Está en contra de que familiares de republicanos que tienen a sus antepasados en cunetas y fosas comunes puedan recuperarlos y darles una digna sepultura?

Creo que esa tarea de recuperar me parece muy bien siempre que sea en un sitio y en otra, porque fosas hubo en un bando y otro. Me parece una tarea humanitaria positiva. No me parece mal que hagan esa búsqueda.

Usted ha sido siempre crítico con la Ley de Memoria Histórica.

No crítico, absolutamente crítico. Creo que es la ley más criminal y canallesca que se ha hecho en España. Ha sido el intento de volver otra vez al enfrentamiento entre españoles. Nunca perdonaré, yo como persona, el establecimiento de la Ley de Memoria Histórica, que es una memoria histórica sesgada, a favor de unos y en contra de otros. Es una ley terrible y Zapatero, que la hizo, algún día la purgará.

«Aberración histórica»

Hay un debate abierto sobre el Valle de los Caídos. ¿Es partidario de que las tumbas de José Antonio y Franco salgan de allí y sus familiares entierren sus restos donde consideren oportuno?

Me parecería una aberración histórica y una actitud intolerable que se hiciera eso. Hay que tener respeto a los muertos y lo que es Historia es Historia y es inamovible. Me parecería un disparate enorme el cambiar el sentido del Valle de los Caídos, que es un monumento para todos, para los de un bando y los de otro, que reposan en un aire de fraternidad.

¿Cree en la democracia?

No estoy en contra de la democracia, lo que ocurre es que yo tengo un sentido de la democracia distinto al que se apoya en el partidismo político, simplemente. Si alguien se acerca a lo que yo quería hacer en la secretaría general del Movimiento reconocerá que quise hacer una cosa distinta y cambiar el sistema representativo e incorporarnos de verdad al sentido de la democracia europea. Esto es muy difícil de entender por gente que esta cegada por la desmemoria y el odio. ¿Odio a mí? ¡Un señor que no fue a la guerra y que lo que hizo fue contribuir al mejoramiento de España…! No me lo explico. Para mí si hay algo reprobable en la vida española es la persistencia del odio, que es nefasto y terrible.

¿Qué le parece la figura del rey Felipe VI?

No soy monárquico, aunque creo que lo está haciendo discretamente bien. Me parece discreto y prudente.