Diario Sur

Emilio Calatayud: «Los casos de maltrato de los hijos hacia los padres nos tienen desbordados»

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El magistrado de menores Emilio Calatayud, ayer en Málaga durante la conferencia que organizó el instituto Afrontalia. / Foto: Ñito Salas | Vídeo: Pedro J. Quero

  • El magistrado de menores ofrece una conferencia en Málaga y pone cifras a esta nueva lacra: el 40% de las maltratadoras son chicas

Que dos chicas que apenas han entrado en la adolescencia hayan tenido que entrar en el programa de prevención de suicidios por su adicción a las nuevas tecnologías, o que un joven le diera una paliza de muerte a su madre ciega porque ésta decidió cortar la conexión a Internet en casa, o que, en fin, por su juzgado desfilen a diario casos de padres y madres con piernas rotas y caras partidas dice mucho –o poco, según se mire– de una sociedad que afronta un problema extraordinario con cada vez más jóvenes que parecen haber perdido el rumbo y que abocan a sus familias al caos. En sentido literal. Y eso supone un drama difícil de asumir no sólo para el hogar, sino para el resto de instituciones –desde la escuela a los juzgados– que van por detrás de este fenómeno y que contemplan con perplejidad el fenómeno de la violencia de hijos a padres.

«El aumento de casos nos tiene desbordados y es preocupante». Que lo diga así, sin rodeos, uno de los jueces más veteranos en asuntos de menores y que por su trayectoria ha visto de todo en una sala de juicios no deja de ser un aviso que habría que tomarse en serio. Emilio Calatayud, magistrado de la Fiscalía de Menores en Granada y una referencia imprescindible en sentencias ejemplares, no da ni un paso atrás en su diagnóstico: «La realidad supera a cualquier ‘Gran Hermano’». Insistía el juez en este escenario durante una conferencia celebrada ayer en el Aula Magna de Derecho de la mano del Instituto de Psicología Integral Afrontalia y en el marco de un curso que ha reunido a especialistas en la materia durante algunas semanas: psicólogos, maestros, trabajadores de centros de menores o mediadores asentían y aplaudían cada titular del juez Calatayud como profesionales, pero también como padres (preocupados) que son en su mayoría.

«Es cierto. Dicen que los niños dan muchas satisfacciones, pero hoy en día tener un niño es un no vivir. Sólo te quitas los problemas cuando te mueres...», admitía el magistrado granadino, al pie del cañón de un juzgado desde el año 80 y dedicado exclusivamente a menores desde el 87. Por esa amplia experiencia, «y porque soy juez, pero también padre y ciudadano, estoy en el derecho de decir lo que pienso», avanzó al empezar la charla. Y vaya si lo hizo. En primer lugar porque el especialista aprecia que la familia «es la base de la sociedad», pero sobre todo porque la considera víctima fundamental de un sistema «que no conoce el término medio». «En España hemos pasado de un extremo a otro, y ahora estamos pagando las consecuencias». Es decir, de castigar a un niño de tres años que no se toma la sopa a que se la coma para desayunar, para merendar o para cenar «hasta que lo haga», «a negociar con el niño qué consecuencias negativas podría tener para él el hecho de no tomarse la sopa y acabar haciéndole un filete con patatas».

O lo que es lo mismo: la pérdida absoluta de autoridad de los padres, que a juicio del juez Calatayud está en la base de muchos de los problemas que terminan en su juzgado y a los que el magistrado se atreve a poner cifras y datos. Ahí van dos inquietantes: «El 40% de los que maltratan a sus padres ya son chicas, y el perfil de familia afectada se corresponde con una clase media o media-acomodada». Antes de todo eso han venido otros conflictos asociados, como las faltas de respeto a los profesores, las amenazas de denuncias cuando un padre quiere controlar a su hijo o la exigencia por parte del menor «de que él es el rey de la casa». El pequeño tirano, como dicen los especialistas.

Cuando terminó el castigo

Este fenómeno tiene su origen en un devastador cambio social, pero también en uno legislativo, y este es precisamente contra el que se rebela el juez: «Que me digan a mí cómo puedo educar al niño sin ejercer la patria potestad». Es decir, sin aplicar correctivos. Que no tiene por qué ser un cachete, añadió, «pero es una barbaridad que en este país se confunda el cachete con el maltrato». Esta asimilación de conceptos tuvo su máxima expresión en 2007, cuando el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, eliminó del Código Civil el «derecho de corrección de los padres» olvidando –recordó el magistrado– que hay que reivindicar otro artículo (el 155) que recuerda que «los hijos deben obedecer a sus padres mientras estén bajo su potestad y respetarlos siempre», zanjó. Para (re)conducirse en este vacío, el especialista no sólo apuesta por recuperar la autoridad «y la tarima en la escuela», sino por llegar a un gran Pacto de Estado por el Menor que vincule a todas las administraciones.

Esta falta de autoridad en el seno familiar está detrás, por otra parte, de otro fenómeno igualmente nocivo: el del padre-colega. «Y yo no soy el amigo de mis hijo. Soy su padre y punto; y si fuera su colega lo estaría dejando huérfano, cosa que no puede ser», dijo el magistrado de menores, consciente de que algunas de sus declaraciones pueden generar cierta polémica. Ocurrió por ejemplo el pasado verano, cuando el juez afirmaba en una entrevista que «los padres tienen que violar la intimidad de sus hijos». Y no retrocede Calatayud ni un milímetro en su reflexión, aunque incorpora matices: «Hay que hacerlo, intentando que no se den cuenta. ¡Es lo mismo que hacían nuestros padres cuando nos registraban los cajones, las carteras y los bolsillos!».

La diferencia es que ahora esos ‘cajones’ están en el teléfono móvil, otra herramienta que mal utilizada puede ser nefasta para el menor, que se expone tanto a ser víctima de delitos (el cyberbullying) como a ser parte activa en ellos. Y de nuevo en este capítulo tiene el juez las ideas cristalinas: «Lo de los móviles es una auténtica barbaridad. Sin duda son una nueva droga». Y puso ejemplos: «Si al levantarte lo primero que haces es consultar si tienes un whatssapp, estás enganchado». Eso, en niños, deja de ser un juego, aunque a veces incluso es fomentado por los padres en palabras del magistrado: «La misma barbaridad es que yo le dé a mi hijo un cigarro con dos años que dejarle una tableta o un móvil para que deje de molestar». Más claro, agua.

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