«Si hubiera querido hacer una empresa más grande habría ido a los bancos»

Antolín Martín, en las obras de la futura urbanización Colinas del Limonar, donde su empresa es contratista en UTE
Antolín Martín, en las obras de la futura urbanización Colinas del Limonar, donde su empresa es contratista en UTE / Fernando González
  • Antolín Martín, ingeniero y fundador de Guamar - la empresa que creó para quedarse en Málaga en 1986- repasa su trayectoria

Si de niño le hacían la famosa pregunta, ya contestaba que quería ser ingeniero, como los de Iberduero que construían presas en su tierra natal y frecuentaban su casa. Sus padres salieron de Vitigudino (Salamanca) rumbo a Madrid para buscarle futuro a una patulea de siete hijos que cerraba él. Para la carrera se ayudó con su paga de futbolista modesto, aunque llegó a calentar en la cantera madridista con Julio Iglesias. El deporte sigue estando entre sus pasiones -socio del Madrid y del Málaga- que reparte entre golf, esquí y el abono en barrera en La Malagueta.

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Antes de crear su empresa, ¿era lo que se decía, un ingeniero con brillante porvenir en Ferrovial?

Creo que sí. Había entrado en 1974 y en el 78, después de estar en Levante, vine aquí, a hacer la ronda oeste. Así que la ronda, pero sobre todo mi mujer, hizo que nos quedáramos aquí para siempre. La forma de hacerlo era montar una empresa, que es lo que he querido hacer toda mi vida. Yo soy ingeniero, de la promoción del 70. Soy salmantino, de Vitigudino, un pueblo más conocido por el toreo, no por los ingenieros, aunque ahora el alcalde lo sea. Tuve la suerte de que mis padres se trasladaran a Madrid y así pude hacer la carrera.

¿Era una familia de ingenieros?

Ninguno. Mi padre era industrial, se dedicaba a alquiler de coches, carnicerías... Tan sólo un primo mayor, que fue el primer ingeniero del pueblo. Yo fui el segundo. Éramos siete hermanos.

¿Y en casa le decían: tú para ingeniero?

No, pero yo sí lo decía.

¿Con qué edad lo tuvo tan claro?

Con ocho años. Se hacían grandes presas entonces en la zona y los ingenieros vivían en Vitigudino. Eran amigos de mis hermanas que tenían 23 años. Me acuerdo de José María, uno de ellos, de Iberduero, que me lo preguntaba. Me llevaban a ver las obras, que eran grandiosas.

¿Ha hecho alguna presa?

La de del Celemín, en Cádiz. En la época de Franco se hacían muchas pero ahora. Esa es la historia. Soy ingeniero por...

¿Transpiración?

Eso. Siempre entre obras.

Pero ese doble perfil de ingeniero y empresario no es tan habitual

Pues sí. Ahora soy más empresario que ingeniero, como es lógico. Ferrovial, que es una empresa extraordinaria, te dejaba trabajar. De ahí han salido muchas empresas como la mía. Se nos formaba muy bien, y sin duda era también una gran escuela para ser empresario.

¿Cómo empezó?

Con muchas dificultades y mucho esfuerzo.

¿También inconsciencia?

No. Lo tenía muy claro, aunque algunos amigos me decían que me lo pensara mejor.

¿Y los hechos le dieron la razón desde el principio?

Sí, gracias a Dios, sobradamente.

¿Su primer gran proyecto?

Hemos hecho muchas obras y muy buenas. Empezamos con pequeñas y luego hicimos grandes. El año pasado nos dieron el Premio Nacional de arquitectura.

¿Se sigue implicando en cada una de ellas?

Al principio, sí. Ahora no. Yo empecé a pie de obra, en Marbella. Allí hicimos muchas cosas -la circunvalación, el campo de fútbol...- y estuvimos hasta que llegó Gil, tuvimos la suerte de tener vista y marcharnos. Tenía referencias de quién era Gil en Madrid. Nos dejaron a deber 300 millones de pesetas. Lo pudimos cobrar gracias a la gestora que se creó tras la disolución del Ayuntamiento, gracias a una inyección de la Junta. Teníamos todo por el juzgado, pero hasta entonces tuvimos que asumir esa deuda. Ahora hemos vuelto a trabajar este año, en avenida Nabeul, en el reacerado, servicios nuevos.

La licitación pública, en general, está bajo mínimos

Vamos a ver. Hay una pequeña reactivación en edificación, pero en urbanizaciones y en infraestructuras, cero, muy mal. Sin embargo, hay más empresas que antes. Hace tres meses se produjo la licitación más concurrida que haya visto. Fue en Jaén. Para un millón y pico de euros se han presentado más de 140 empresas.

Ahora en Málaga se ha revisado el método de licitación de obras por distritos por las quejas de empresas.

No solemos concurrir a obras menores de 200.000 euros, salvo si es un cliente nuestro. Lo que hay es obra pequeña, el Gobierno no saca nada.

Cuando lee que se va a hacer el enlace de los alhaurines con el aeropuerto, o el acceso norte, es como si le hablaran de la presa de Asuan

(Ja,ja,ja) Más o menos.

¿Este tiempo de bajas licitaciones ha venido para quedarse?

Todos dependemos de la capacidad económica de España. Obras para mejorar el país hacen falta todas las que quieras, pero si el Estado no mete dinero cerrarán empresas.

¿Cómo les va en Perú?

Llevamos tres años. Nos estamos situando poco a poco porque somos una empresa muy conservadora. Ahora ha habido elecciones, y a ver qué pasa. Nos han adjudicado el aeropuerto de Jauja, y esta semana se colocó la primera piedra. Estuve hace un mes. Tenemos ciertas esperanzas. Creo que hemos pasado lo más difícil.

¿Siempre con socio local?

Siempre así. Si no, es muy difícil. No vamos a grandes obras. La del aeropuerto es la más importante. Somos una UTE de dos españolas, y aportamos a las peruanas sobre todo avales. De tesorería están muy bajas.

Lo de empresa conservadora en un país emergente con mucha competencia...

Es como creo que hay que actuar, pero allí hay de todo, como aquí.

¿Qué porcentaje esperan tener de facturación en Perú?

Ahora es un 15, pero esperamos que aumente. Hace falta que haya buenos dirigentes. Hay minas, gas, petróleo, turismo, tiene porvenir pero la administración es mejorable.

¿Qué le parece un modelo público-privado en España, del que se habla pero se hace poco?

Hay poco dinero para todo, y cuando una nación quiere prosperar debe tener los proyectos, los deberes hechos. Eso no está ocurriendo, porque no hay para obras ni para proyectos. Lo imperante es tener proyectos.

Por ejemplo, depuradoras.

Ahora estamos empezando una grande en Jaén, en Arjona, pero el dinero de depuración no debería dedicarse a otros fines. Ahora se saca proyecto y obra, y eso provoca retrasos.

¿Cómo ve construir y explotar proyectos como el tren litoral?

Es muy interesante para que se buscara una fórmula público-privada. Es una infraestructura ganadora. Es un medio importantístimo para el desarrollo de la Costa.

¿Cómo recuerda el año de máxima actividad de la empresa?

Llegamos a tener 200 empleados, y había dificultades para encontrar personal con cuatro millones de inmigrantes en el país. Estábamos sobre los 25 millones de facturación.

¿No le tentó dar un salto?

No. Lo tuve claro siempre. Cuando creé la empresa le dije a mi mujer que íbamos a dormir tranquilos, y así llevamos 30 años.

Pero era difícil sustraerse al pelotazo en su sector.

Difícil. Para eso hay que ser conservador, y saber adonde puedes llegar. Comprar con dinero y no con créditos. Así pasas los momentos malos sin problemas, porque no debes.

¿Lo máximo que le ha debido a un banco?

Cero. Hemos tenido momentos difíciles en que hemos tenido que hacer pólizas de crédito, pero no hemos tenido que utilizarlas nunca. Si hubiera querido hacer una empresa más grande hubiera ido al banco, al crédito. Sin eso no creces.

¿A Guamar le han salido novios?

Han llamado varias veces para uniones, para comprar.

¿No piensa en jubilarse?

Para mí es una diversión. Vengo por la mañana y mi personal está preparado para vivir sin mí. Ahora me voy hasta septiembre. La empresa soy yo, mi mujer, mi hija mayor está aquí, la otra es farmacéutica. El segundo en la empresa es Rodolfo, primo hermano. Tenemos 10 ingenieros, otros ocho arquitectos. Somos unos 40.

¿A Málaga le hace falta subir peldaños en su calidad empresarial?

Yo vine en el 78. Y me llevé una sorpresa tremenda. Estaba por hacer. No se podía ni andar por las aceras. La mentalidad era muy antigua.

¿Hicieron muchas obras?

-Con Aparicio se pudo hacer poca cosa. Hicimos el desdoblamiento del paseo de los curas. Remetimos la verja, que fue un número. Él decía: llevaros la verja y no la volváis a poner. Veo que sigue ahí, y no pinta nada.

El balance en Málaga en infraestructura, pese a todo, es fantástico.

Pero siguen faltando cosas. Falta el palacio de la Música, un hotel en el puerto marcando diferencia con un gran edificio singular. La ciudad está falta de edificios modernos. Vas a Lima y tienes edificios en la zona de San Isidro como las 80 plantas del BBVA y hay otros 15 igual. Claro, hay 10 millones de habitantes.

¿Y el suelo en Málaga cómo lo ha visto como empresario?

Siempre interesante. Tenemos nuestro suelo dentro de nuestra capacidad, y otras dos empresas para promover. En esta calle, donde compré suelo cuando dejé Ferrovial, hicimos este edificio en los 80, el de Correos y otro de apartamentos turísticos, un edificio precioso. Cinco plantas, cinco apartamentos. Estamos sacando al mercado también una promoción en la Térmica de 80 viviendas. Era una actuación junto a Ferrovial, Piscis y quedábamos nosotros. En Trévenez también tenemos suelo industrial y comercial, y en Colinas del Limonar.

¿Cómo ve Málaga en diez años?

Un futuro prometedor. Yo voy siempre a corto plazo y creo que se abren seis años muy buenos.

¿Cuál es la identidad de Guamar?

La calidad en sus obras, que es lo importante para poder tener clientes. Es un boca a boca. No se hace sólo con publicidad, te ayuda. Calidad y seriedad. Guamar no ha rescindido una obra en su vida. Algunas nos han costado el dinero, y las hemos aguantado.

¿La plaza de la Marina?

No.

¿Entonces cuál?

El auditorio de la feria. Pusimos mucho dinero. Las cosas fallan porque hay veces que te equivocas en tus ofertas. Ahora se cometen más fallos porque las ofertas son supervivencia. Se hacen unas bajas impresionantes porque no hay trabajo, pero nosotros tenemos limitado nuestro riesgo y si sale bien, y si no, nada. El sector está, como diría el otro, en mantenimiento.