Logran reabrir el caso de la muerte de su hijo en un accidente de tráfico

Isabel y Aurelio, los padres de Jorge, que falleció en 2011.
Isabel y Aurelio, los padres de Jorge, que falleció en 2011. / SUR
  • Los padres del fallecido encargaron una investigación a un detective convencidos de la implicación de otro vehículo en el siniestro

Jorge García Jiménez falleció en 2011 en un accidente de tráfico en Vélez-Málaga. Tenía 22 años. La investigación concluyó que se había caído él solo de la moto en la que circulaba, sin que intervinieran otros vehículos. Pero a sus padres nunca les convenció la «explicación oficial» y tienen la convicción, apoyada en las pruebas que aseguran haber recabado, de que en el siniestro pudo estar implicado un coche.

Desde entonces, la familia de Jorge mantiene una batalla judicial contra el archivo del procedimiento penal e incluso ha llevado a cabo una investigación paralela con un detective privado para que se esclarezca lo ocurrido. Después de mucho litigar, han conseguido que la Audiencia Provincial reabra el caso.

El accidente se produjo a las 17.30 horas del 18 de junio de 2011 en el kilómetro 265 de la autovía A-7 a su paso por el término municipal de Vélez-Málaga. Ese mediodía, el joven había estado comiendo con los compañeros de la empresa de transportes –era camionero– a la que iba a incorporarse en unos días. Llevaba el casco puesto cuando se despidió de ellos y se marchó en su Yamaha XT de 600 centímetros cúbicos. Según su familia, no bebía. Ni siquiera fumaba.

Jorge se dirigía a Vélez-Málaga, donde convivía con su novia en el piso que había comprado con sus ahorros, «sin pedirme un céntimo», recalca su padre, Aurelio García, que lo define como un «currante» que no descansaba ni los fines de semana. Iba a recogerla para desplazarse a Málaga en busca de unos muebles para su casa.

El siniestro se produjo a unos 900 metros del cruce de Cajiz, en la calzada en sentido Málaga. La moto volcó y acabó chocando contra la barrera metálica de seguridad. El joven salió despedido. Murió allí mismo. La Guardia Civil, que se hizo cargo del atestado, localizó a un testigo directo, quien aseguró que «en modo alguno» intervino otro vehículo en el accidente. Según dijo, la moto hizo un extraño –la parte trasera se movió de un lado a otro– y el conductor perdió el control.

Sobre el asfalto quedó una pronunciada huella de frenada perteneciente a un coche. El testigo afirmó que correspondía a un Mercedes Benz de color gris en el que viajaban un médico y una enfermera. «Tuvo que maniobrar hacia la derecha para no atropellar al motorista», declaró ante los agentes de la Benemérita.

Un mes después del siniestro, el juzgado archivó provisionalmente el caso al entender que «no aparecía debidamente justificada la perpetración del delito». La familia presentó un recurso contra la decisión pidiendo una investigación más exhaustiva, pero fue desestimado. En octubre de 2011 apelaron a la Audiencia Provincial. Y obtuvieron la misma respuesta.

Los padres de Jorge contrataron entonces a un detective para indagar en el accidente y en la posible participación de terceras personas que «estaban en el lugar de los hechos e incluso se las menciona en el atestado». El investigador identificó al supuesto conductor del Mercedes Benz, que según las pesquisas de la familia no era médico, sino fiscal, tal y como consta en la solicitud de reapertura del procedimiento formulada por los padres del joven. También localizó a otros tres testigos, dos de los cuales lo reconocieron como la persona que estuvo presente en el accidente.

Al inspeccionar el coche, el detective observó un desperfecto en la aleta delantera derecha, «provocado al parecer por un golpe», y averiguó que fue reparado en marzo de 2012 en un taller de Torremolinos. Por otro lado, la familia encargó a un perito que examinara los daños de la motocicleta de Jorge. El experto halló lo que «parecen ser marcas de pintura gris metalizada» en los neumáticos y señaló como «causa probable» del accidente un roce que desequilibró la moto.

A la vista de la investigación impulsada por los padres, la Audiencia Provincial considera que existen motivos suficientes para reabrir la causa, escuchar a los nuevos testigos y tomar declaración al conductor del Mercedes Benz así como a su acompañante. «No se comprende la razón por la que han negado su presencia [...] cuando algunos testigos señalan no solamente que estuviesen allí, sino que intentaron atender o ayudar al fallecido, manifestando incluso la señora que era enfermera», dice la resolución de la Sección Primera, que no es recurrible. «Es una guerra para conocer la verdad», concluye el padre de Jorge. Y la reapertura del caso significa, para ellos, ganar una batalla.