Los estados que votaron por Trump serán los que más su contrarreforma sanitaria

A algunos podrá parecerles justicia divina, pero como lo que hay en juego es cuestión de vida o muerte se guardarán de decirlo. «¡Obamacare ha muerto!», clamaba Donald Trump en Twitter. La ley que su partido aprobó el jueves en la Cámara baja, por un solo voto y sin ninguno de la oposición, da la opción a los estados de anular la obligación de que las compañías de seguros tengan que aceptar y ofrecer la misma cuota a todos los clientes, sin importar su edad o los riesgos de salud. Once de los 50 estados de la Unión tienen más de un 30% de la población menor de 65 años con alguna condición preexistente que les pondría en esa bolsa de clientes ‘de alto riesgo’. Todos ellos votaron por Trump.

Se trata de ese núcleo de la América profunda más depauperada que se ha aferrado a un clavo ardiendo en estas elecciones, desde los mineros de Virginia occidental hasta los granjeros de Kansas, pasando por los fanáticos religiosos de Misuri y los estados sureños de Misisipi, Alabama, Tennessee y Luisiana. Hasta las víctimas de los tornados en Oklahoma.

Según el Center for American Progress, las compañías de seguros podrán cargar hasta 142.600 dólares (130.000 euros) más anualmente a alguien que sufra un cáncer con metástasis, lo que supone un 3.500% de aumento sobre el precio de su póliza actual. Si bien ese es un caso extremo, otros riesgos más comunes que supondrán un incremento de las cuotas si el Estado en el que se vive permite volver al patrón previo a la reforma sanitaria serán supuestos tan simples como tener la presión alta, padecer diabetes, artritis, depresión posparto, úlcera, migrañas y un largo etcétera.

Pérdida de subsidios

Las aseguradoras también podrán cobrar hasta cinco veces más a los mayores que a los jóvenes. Y mientras los que están ligeramente por encima del umbral de la pobreza perderán los subsidios que les permitieron pagarse cobertura sanitaria, los ricos, los muy ricos que ganan más de 250.000 dólares (227.000 euros) al año recibirán sustanciales deducciones fiscales que se estiman en un total de 300.000 millones de dólares (272.000 millones de euros). «No hay nada bueno que alabar en esta ley. Solo responde a un eslogan político de campaña», concluyó Jonathan Grober, un economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que participó en el diseño de la Ley de Sanidad Asequible (ACA) en la que Barack Obama invirtió su capital político. «Es el mayor traspaso impositivo de ricos a pobres que haya visto en mi vida», añadió.

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