Puesta en valor de los dólmenes de la Planilla

Estado de los dólmenes de La Planilla. arqueoronda
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Estado de los dólmenes de La Planilla. arqueoronda

El descubrimiento de este conjunto dolménico aconteció en la década de los ochenta del pasado siglo por miembros colaboradores del equipo del Proyecto de Investigación de la Prehistoria Reciente en la Depresión de Ronda. La envergadura del hallazgo aconsejó su incoación como Bien de Interés Cultural en 1987

A pesar de las voces alzadas por algunos ciudadanos sobre los ciertos problemas de conservación y protección de los dólmenes de la Planilla, el Ayuntamiento de Ronda, a través de su Delegación Municipal de Patrimonio Historio, tenía contemplado en su planificación la puesta en valor del Conjunto Dolménico. Prueba de ello es que en colaboración con la Delegación de Obras más Parques y Jardines se está culminando la redacción del proyecto de puesta en valor del ámbito de referencia. Dicho proyecto deberá ser autorizado por la Delegación Territorial de Cultura de Málaga, puesto que los dólmenes son Bien de Interés Cultural. Mientras tanto, desde el Ayuntamiento se están realizando las gestiones oportunas para obtener la financiación necesaria que posibilite el desarrollo de las acciones de puesta en valor proyectadas (limpieza, adecuación naturalística, vallado, señalización, paneles interpretativos, etc.)

El descubrimiento de este conjunto dolménico aconteció en la década de los años ochenta del pasado siglo por miembros colaboradores del equipo del Proyecto de Investigación de la Prehistoria Reciente en la Depresión de Ronda (Francisco Moreno y otros), liderado por aquel entonces por el Dr. Pedro Aguayo de Hoyos. La envergadura del hallazgo aconsejó su incoación como Bien de Interés Cultural en 1987.

De manera general, la distribución de este tipo de necrópolis y sepulturas aisladas abarca tanto la depresión de Ronda como las sierras que la circundan, aunque se observa una predilección por las zonas escarpadas de los bordes de estas sierras en detrimento de aquellas otras áreas de menor elevación, como es el caso de la meseta de Ronda, en la que se buscan las zonas más montaraces para el establecimiento de estos monumentos megalíticos.

La ubicación de la necrópolis objeto de nuestra atención, para nada caprichosa, se halla estrechamente relacionada con el poblado de la Edad del Cobre que tuviera como solar el actual barrio de La Ciudad de Ronda. Su constatación ha venido avalada por los numerosos restos de este período que se han encontrado en el transcurso de las excavaciones arqueológicas desarrolladas en la ciudad de Ronda desde mediados de los años ochenta de la centuria anterior. La prueba de la existencia de un poblado, del que todavía no conocemos lo suficiente acerca de su extensión real, aunque casi con seguridad vendría a ocupar la parte alta de la mesa de Ronda, y el descubrimiento de esta necrópolis, tan cercana a Ronda y situada en un cerro de características muy similares al del asentamiento, suponen, sin duda, uno de los mejores ejemplos y ocasiones en los que la relación entre el mundo de los vivos y el de los muertos del tercer milenio antes de Cristo ofrece unas posibilidades excepcionales para poder completar y ampliar el estudio sobre una comunidad humana como la de la Edad del Cobre, sobre la que se ciernen, como en otros tantos casos, numerosas sonbras de duda.

El fenómeno megalítico en la Serranía de Ronda podemos ubicarlo cronológicamente entre la segunda mitad del III milenio a. C y comienzos del II milenio.

El patrón que se repite es el de la dispersión, que se ha relacionado intrínsecamente con la ocupación y explotación del territorio que se va configurando hacia la segunda mitad del III milenio en esta zona, y cuyo sistema fundamental consistía en la colonización a través de la roturación las tierras que pertenecían al bosque.

Por otro lado, aplicando criterios formales encontramos diversos tipos de construcciones megalíticas en la zona: cistas, cuevas naturales y artificiales, covachas, galerías cubiertas o sepulturas mixtas. Aunque podemos destacar el marcado predominio de los dólmenes de galería.

Además del conjunto dolménico de La Planilla, también encontramos dentro del término municipal de Ronda otras necrópolis como la de los Gigantes, compuesta por dos construcciones, la del Gigante y la de La Giganta, distantes entre sí a más de un kilómetro, la de Las Angosturas (con tres dólmenes: Lagarín, Charcón y Algarrobales), o la necrópolis del Moral, todas ellas con la característica común de pertenecer al tipo de dolmen de corredor con cámara con plantas trapezoidales y rectangulares.

La distribución de las sepulturas megalíticas de la depresión de Ronda, sin aparente vinculación a un lugar concreto de hábitat, hace que se piense que los enterramientos podrían simbolizar un hito de demarcación sobre el control de los recursos, en este caso la extracción y transformación de materia prima silícea que, junto con la agricultura de subsistencia, son el sustento de estas poblaciones. La ubicación de las necrópolis sirve, pues, de indicación de un espacio de la comunidad que puede tener un carácter sagrado, o bien de señalización de un territorio, de sus recursos y de los medios de producción. El culto a los muertos es uno de los aspectos antropológicos que cohesionan y forman estos grupos, de ahí la importancia de este tipo de construcciones mortuorias.

Aunque resulta apresurado generalizar tratando con una misma tipología el conjunto megalítico de La Planilla, dado el estado de conservación que presentan los dólmenes, en el que la pérdida de volumen en el túmulo de algunos hace posible ver alguna que otra cubierta y estructura, podemos aventurar que, en el caso que nos ocupa, se tratan de dólmenes de cámara, corredor y galerías cubiertas, con plantas de tendencia trapezoidal en las que se reserva la zona más ancha como cámara, formados por grandes ortostatos hincados y de plano y cubiertos por un montículo de tierra y piedras que normalmente lo delimitan y que generalmente lo hacen destacar sobre el terreno que lo circunda. No obstante, no podemos descartar la existencia de otros modelos de enterramientos, como son las cistas de carácter individual, ya que, de hecho, cabe la posibilidad de que, junto a uno de ellos existan algunas, incluso expoliada desde antiguo.

A pesar del tiempo transcurrido desde su descubrimiento, por fin todo parece indicar que la acción municipal podrá frenar los problemas de conservación de este complejo dolménico localizado en pleno núcleo urbano, pero tan oculto para la ciudadanía.

Bartolomé Nieto es coordinador de la concejalía de Patrimonio Histórico y Cultural de Ronda

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