Los primeros trillizos de Carlos Haya cumplen 60 años

Pedro, Maribel y José Antonio Cabrera Collado, en una habitación del Hospital Carlos Haya. /Francis Silva
Pedro, Maribel y José Antonio Cabrera Collado, en una habitación del Hospital Carlos Haya. / Francis Silva

José Antonio, Pedro y Maribel Cabrera Collado nacieron el 14 de abril de 1958 en un parto por vía vaginal que duró menos de dos horas

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El ojo clínico de don Estanislao, que ejercía la profesión de médico en Cuevas de San Marcos, fue certero. Al ver a Carmen Collado sospechó que esta tenía un embarazo múltiple. Acertó de pleno. Meses después, el 14 de abril de 1958, Carmen dio a luz, en un parto por vía vaginal, a los primeros trillizos nacidos en la entonces Residencia Sanitaria Carlos Haya (hoy Hospital Regional de Málaga). El alumbramiento duró menos de dos horas y se desarrolló sin complicaciones, pese a la complejidad de un parto de esas características. Los tres bebés (dos niños y una niña): José Antonio (el mayor, porque fue el último en nacer), Pedro y Maribel Cabrera Collado estuvieron casi un mes en la incubadora antes de poder abandonar el hospital. La llegada de los tres pequeños y de sus padres, Francisco y Carmen, a Cuevas de San Marcos fue un acontecimiento. Ese día las campanas de la iglesia del pueblo redoblaron de alegría para anunciar la venida de los niños. José Antonio, Pedro y Maribel cumplieron ayer 60 años. Esta es su historia.

Dos años llevaba abierto Carlos Haya cuando nacieron los trillizos de Cuevas de San Marcos. El revuelo que se formó en el hospital fue tremendo. Carmen Collado se acercó caminando al centro hospitalario para dar a luz. Lo hizo desde la casa de unos familiares que vivían en Málaga. El alumbramiento comenzó a las tres de la tarde y antes de las cinco ya había terminado. «Todo salió bien y eso que los profesionales que atendían el parto se llevaron una sorpresa cuando, al empezar a sacarnos, vieron dos pies iguales (no sé si derechos o izquierdos), que pertenecían a dos niños diferentes, es decir, estaban tirando de dos bebés a la vez», señala Maribel Cabrera, que es auxiliar de farmacia y a la que le hubiese gustado estudiar Medicina.

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El nacimiento de los tres hermanos fue un acontecimiento en la Málaga de finales de la década de los años cincuenta del siglo XX. La prensa de la época se hizo eco de la noticia e informó del bautizo, celebrado en la capilla de Carlos Haya, que fue adornada por enfermeras del hospital con la colaboración de la Sección Femenina. La ceremonia bautismal fue oficiada por el reverendo José Fernández, capellán del centro hospitalario, tras autorizarlo el obispo de Málaga, Ángel Herrera Oria.

Los pequeños tuvieron unos padrinos relevantes. José Antonio fue apadrinado por el entonces gobernador civil de Málaga, José Luis Julve, y por la delegada de la Sección Femenina, Teresa Loring, mientras que ejercieron de padrinos de Maribel el inspector jefe del Seguro de Enfermedad, Ramón Vida, y su mujer. Por su parte, el administrador general de Carlos Haya, Francisco Sánchez Ocaña, y su esposa apadrinaron a Pedro, que fue el que más contacto mantuvo con sus padrinos. «Ellos vivían en un chalé que había dentro del recinto del hospital; yo los visitaba en verano. Tenían un loro que me llamaba Pedrito. Me abrieron una cartilla en una caja de ahorros», recuerda Pedro Cabrera, carpintero de profesión y que estuvo a punto de hacer carrera en el Ejército del Aire, en el que se alistó como voluntario y estuvo seis años hasta que lo dejó para encauzar su vida a través de la carpintería.

Familia muy unida

Seis décadas después de su nacimiento, los trillizos cuentan cómo fue su infancia y evocan la forma en que sus padres afrontaron la situación de cuidar a tres hijos que se sumaron a los dos que ya tenían. Francisco, el primogénito, contaba con diez años cuando se produjo el parto de los trillizos, y Loli, la segunda, tenía cinco. «Siempre hemos sido una familia muy unida. Los cinco hermanos nos llevamos muy bien», asegura José Antonio desde una habitación del Hospital Regional Carlos Haya, en la que permanece ingresado. El viernes le hicieron un cateterismo cardiaco y está a la espera de saber si deberán practicarle una intervención.

Arriba, los bebés, con su madre y varias enfermeras del hospital. Abajo, los tres hermanos, en una foto familiar. Al lado, dos de los hermanos. / SUR

José Antonio Cabrera, que es constructor, conserva bien fresco en la memoria que él pesó dos kilos y doscientos gramos al nacer, por los dos kilos de Pedro y el kilo y ochocientos gramos de Maribel. «Nosotros estrenamos la incubadora del hospital, en la que estuvimos casi un mes hasta que ganamos el peso suficiente para que nos dieran el alta y nos llevaran a Cuevas de San Marcos», señala.

El parto se produjo cuando Carmen Collado estaba en su octavo mes de embarazo. «Todo lo que sé de esos tiempos me lo refirió mi madre», manifiesta Maribel Cabrera. Yañade: «Ella, cuando se quedó en estado de nosotros, no se lo dijo a mi abuelo hasta pasado un tiempo. Este, al ver la forma de su barriga, le comentó que ese embarazo no era igual a los dos que había tenido anteriormente. Por eso, llamó al médico del pueblo, don Estanislao, que fue a la huerta de mi abuelo y vio a mi madre. Don Estanislao la mandó a Antequera para que la reconociera otro médico. Cuando mi madre regresó le informó de que le habían dicho que el feto estaba atravesado. Don Estanislao rechazó esa posibilidad y precisó que lo que ocurría era que el embarazo era doble o triple. Y así fue».

Francisco Cabrera, el padre de los trillizos, se dedicaba a trabajar en el campo, mientras que su mujer se encargaba de las tareas de la casa y de cuidar a sus hijos. La llegada de los tres niños supuso una verdadera revolución en Cuevas de San Marcos. «El pueblo se volcó con nosotros. Todo el mundo quería vernos», relata Pedro, mientras que su hermano José Antonio apostilla, en tono de humor:«Nos llamaban los saca leche, porque hubo varias mujeres que nos amamantaron y ayudaron a mi madre en la labor de darnos el pecho».

Ayudas para el matrimonio

Alimentar a cinco hijos no era tarea fácil. Por eso, al matrimonio le vino muy bien una serie de ayudas que le concedieron tras el nacimiento de los trillizos para la comida, los pañales y la ropa. «La Casa de Franco envió a mis padres 3.000 pesetas, cantidad que en 1958 era un dinero», destacan José Antonio y Pedro, que son gemelos y a los que de pequeños hasta a su madre –que los vestía con ropa igual– le costaba identificar. Era tal el grado de compenetración de los dos, que cuando uno enfermaba, el otro también contraía la misma enfermedad. Maribel, con los conocimientos médicos que posee, explica que se fecundaron dos óvulos. Uno de ellos se dividió en dos y dio como fruto la gestación de los gemelos, mientras que el otro fue en solitario para ella. «La placenta de mi madre tuvo un tamaño enorme; parecía el de una vaca», dice Maribel con una sonrisa.

A las mencionadas 3.000 pesetas se unieron el regalo de las cunas de los tres bebés y la aportación en especie realizada por Pelargón, que fue la primera leche infantil disponible en España durante la posguerra. La produjo Nestlé a partir de 1944. «Recuerdo que tuvimos una infancia muy feliz. Nuestra familia siempre ha estado muy unida. Los cinco hermanos formamos una piña», afirma Pedro, que se preparó como ajustador y tornero en la antigua Escuela Franco (actual instituto La Rosaleda).

El 14 de abril de 1958 es una fecha que forma parte de la historia del Hospital Carlos Haya, ya que ese día nacieron Pedro, Maribel y José Antonio. Ayer, con motivo de su 60.º cumpleaños, los tres tuvieron especialmente presentes en la memoria a sus progenitores, Francisco y Carmen, ya fallecidos, que se desvivieron por ellos y fueron conocidos como los padres de los trillizos de Cuevas de San Marcos.

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