video

Kyle Chandler y Casey Affleck, en una escena de la película.

Un drama sin sentimentalismos

  • 'Manchester frente al mar' es la sorpresa 'indie' del año, un drama pudoroso y contenido protagonizado por un Casey Affleck favorito al Oscar

Empecemos por aclarar que el Manchester del título no es la localidad británica célebre por su glorioso pasado industrial, sino el Manchester-by-the-Sea de Massachussets, un pintoresco pueblo pesquero y turístico de 5.000 habitantes cercano al Cabo Ann, conocido por sus playas y paisajes. Una de esas localidades bucólicas que nos acostumbra a mostrar el cine estadounidense, con casas de madera, un muelle pesquero donde graznan las gaviotas y vecinos que se conocen desde hace varias generaciones. El escenario ideal para una comedia romántica, aunque el director Kenneth Lonergan lo escoja como fondo de un drama tristísimo y emocionante.

'Manchester frente al mar' echó a andar en el Festival de Sundance del pasado año, donde a cambio de irse de vacío en el palmarés obtuvo un millonario contrato de distribución en EE UU de diez millones de dólares pagados por Amazon. El tercer largometraje de Lonergan tras 'Puedes contar conmigo' y 'Margaret' es uno de los títulos en liza este año en los Oscar, con seis nominaciones: mejor película, director, guion, actor protagonista (Casey Affleck), actor de reparto (Lucas Hedges) y actriz de reparto (Michelle Williams). Un triunfo del cine independiente y el espaldarazo definitivo para el hermano pequeño de Ben Affleck, que tiene muchas papeletas de hacerse con la estatuilla.

Affleck es la columna vertebral de una cinta protagonizada por un hombre devastado. A lo largo del metraje iremos conociendo qué es lo que le ha llevado a esa situación. La primera vez que vemos al lacónico Lee descubrimos que trabaja como manitas en un bloque de viviendas en un barrio periférico de Boston. Rechaza las insinuaciones sexuales de una de las vecinas, discute con su jefe, que le recrimina no ser amable con los clientes, y mata las noches buscando pelea en un bar. Vive con un zombi, evitando el contacto humano y torturándose por un suceso de su pasado.

Lonergan, reputado dramaturgo además de guionista y realizador, arriesga a la hora de emplear flashbacks que descubren poco a poco la vida anterior del protagonista. Lee tuvo una mujer y dos hijos. Hasta que algo ocurrió y provocó que abandonara Manchester y se instalara en Boston, a hora y media en coche. Cuando su hermano mayor muere víctima del cáncer, a Lee no le queda más remedio que regresar a su 'hometown' para hacerse cargo como tutor legal de su sobrino (Lucas Hedges, también nominado al Oscar). La vuelta le obligará a enfrentarse a su pasado y a tratar de entender a un adolescente que parece más maduro que su tío.

Al igual que ocurre en la reciente 'Loving' de Jeff Nichols, el argumento de 'Manchester frente al mar' parece carne de telefilme de sobremesa. Sin embargo, no hay un ápice de sentimentalismo o de trampas melodramáticas en un filme sutil y de ritmo moroso, de combustión lenta, (137 minutos), que recupera el tono adulto del cine americano de los años 70. Lonergan describe a la perfección los códigos de comportamiento de una familia de clase obrera y el desfase generacional que se da entre los dos personajes principales. El peso de la culpa y la imposibilidad de la redención dotan de sustancia un drama elegante y pudoroso.

Casey Affleck consigue reflejar la desolación interior de un alma torturada y rabiosa a través de una intepretación contenida, sin aspavientos ni exhibicionismos. El juicio de una comunidad que pesa como una losa está apuntado a través de unos cuantos detalles. 'Manchester frente al mar' contiene asimismo momentos de humor negro, según avanza la comunicación entre tío y sobrino. No estamos en los territorios de la 'feel good movie', pero entre tanta desolación hay un espacio para la sonrisa helada.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate