Málaga y el sexo fuerte literario

De izquierda a derecha y arriba abajo, Violeta Niebla, Isabel Bono, Cristina Consuegra, Beatriz Ros, Herminia Luque y María Victoria Atencia. /Ñito Salas
De izquierda a derecha y arriba abajo, Violeta Niebla, Isabel Bono, Cristina Consuegra, Beatriz Ros, Herminia Luque y María Victoria Atencia. / Ñito Salas

Siete escritoras malagueñas de diferentes generaciones hablan sobre literatura y perspectiva de género

MIGUEL ÁNGEL OESTE

A unque nos pese, hasta no hace demasiado tiempo la tradición literaria era básicamente masculina. En realidad no solo ocurría en literatura, también en las demás disciplinas artísticas. La mujer era una mera evocación del hombre. Simone de Beauvoir lo expresó de un modo agudo: «La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él. La mujer no tiene consideración de ser autónomo». Hoy, aunque la cultura siga girando en torno a los varones, las cosas han cambiado. Y han cambiado porque de un tiempo a esta parte muchas mujeres de diferentes generaciones comenzaron a escribir. Ya lo hacían antes. Pero ahora se muestran, no son solo lectoras, el recipiente de otros, empezaron a narrar sus historias, separadas de los modos de representación que se les adscribían y que tal vez se asemejaba más a diversos estereotipos. Como afirma Marta Sanz: «La escritura femenina dejó de ser excepcional. Una rareza». Si en el terreno nacional se puede hablar de una nómina de novelistas y poetas espléndida y nutrida, en paralelo, también sucede lo mismo en Málaga, donde la relación de novelistas, poetas, ensayistas, dramaturgas con propuestas estéticas diferentes es amplia.

Ante la celebración el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, hemos hablado con algunas de ellas, como Aurora y Herminia Luque, Isabel Bono, Cristina Consuegra, Violeta Niebla, Beatriz Ros y María Victoria Atencia, pero hay muchas más. La lista es numerosa: Isabel Pérez Montalbán, Toñi Martín, María Eloy-García, Chantal Maillard, Sora Sans, Sonia Marpez, Inés María Guzmán, Bárbara Zagora Cumpián, Esther Morillas, Laura Franco, Virginia Aguilar, Raquel Rodrein, Lola Clavero, Carmen Enciso, Eloísa Alba, Loli Pérez, Mari Ángeles Pulido, Monserrat Claros, Rosa Romojaro, Carmen Ramos, Presina Pereiro, Amor de Pablo, Lola Valle, Carmen López y la relación continúa, una suerte de polifonía con la que empieza a replantearse cosas que se daban por sentado.

Como comenta la escritora y gestora cultural Cristina Consuegra: «La escena local, compuesta por autoras, goza de un momento único y muy potente». Tal vez, como señala Aurora Luque «lo mejor de Málaga fue siempre su flexibilidad, su apertura a todos los vientos ('elástica, impulsiva', la calificó Juan Ramón Jiménez) y eso propicia y beneficia a la literatura escrita por mujeres». O como dice Isabel Bono -ganadora del Premio Café Gijón con 'Una casa en Bleturge'-: «Creo que la fuerza va a más. He visto un cambio enorme desde los 80 hasta ahora. En los 80, gracias a 'Las diosas blancas', la poesía escrita por mujeres dio un salto a nivel nacional, pero en Málaga no noté ningún cambio: las lecturas/publicaciones que recuerdo eran siempre de hombres. Sin embargo, ahora las mujeres están por todas partes. Creo que han perdido totalmente el miedo/complejo a mostrarse, ya no 'piden permiso' para 'estar'. Y si alguien las vetara por ser mujeres, se lo montarían por su cuenta».

Pensar en femenino

A la pregunta de si se puede hablar de literatura de género, Herminia Luque contesta que «se puede hablar sobre todo de una intensa conciencia crítica en estas escritoras; crítica que abarca muchos aspectos de esta sociedad. Un ejemplo de ello es el libro colectivo 'Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista' (coordinado por Cristina Consuegra), donde dieciséis autoras y tres autores reflexionan desde parámetros muy distintos sobre temas como los referidos al mundo laboral, las relaciones afectivas, el cine, las series televisivas, internet o el deporte». La joven poeta Violeta Niebla explica que se puede hablar de literatura de género pero que ella no lo haría, sino que prefiere aludir a las obras de las autoras, «al igual que se hace con los reportajes de los escritores», y no le falta razón. «Mientras estas preguntas se sigan haciendo, estaremos más o menos en 'stand by'. Nosotras seguimos escribiendo, ya lo hacíamos antes, y ahora es cuando están saliendo a la luz todas esas escritoras como las del 27 que estaban a la sombra. En el caso de mis antecesoras sí lo veo muy necesario porque muy poca gente las conocía. Pero nosotras estamos vivas, se supone que en igualdad de condiciones. Si se sigue hablando solo porque somos mujeres que escriben sin hablar de lo que escriben, no avanzaremos», concluye la autora.

Por su parte, Beatriz Ros, otra joven poeta, alude a que quizá no es un término muy claro según como se enfoque. A la vez, al ser un concepto complejo y amplio «puede ser útil para analizar y enfrentarse a algunas obras literarias pero el enfoque generalmente asociado a ese concepto -«literatura de género»- le parece un problema más relacionado con la aproximación del análisis que con el objeto de análisis. «Diferente sería hablar de literatura con perspectiva de género», para ella esta aproximación es más interesante «porque describe a un autor consciente en lugar de a un autor que se descubre al leer la etiqueta que otros han escrito para él», explica Ros. Cristina Consuegra apunta a que «existe una vocación feminista», vocación que según la escritora se puede medir en dos aspectos: «La recuperación de las obras de mujeres a lo largo de la historia (Aurora Luque, Herminia Luque, especialmente); y la incorporación a la poética de asuntos íntimamente relacionados con la identidad de la mujer». También le parece importante señalar que: «Esta preocupación por asuntos identitarios no debe hacernos caer en el error de pensar que son obras escritas por mujeres para otras mujeres -esto ya lo hace la mayoría del entramado masculino-. La mujer, como el hombre, escribe para la humanidad». Por su parte, Aurora Luque expresa que no cree en la literatura de género, para ella, «hay mujeres que escriben literaturas diferentes desde posturas dispares y desde experiencias muy distintas. Y ojo, cuidado: sigue existiendo un sordo malestar ante esta mayor presencia de nombres de mujer. He llegado a leer que ahora ganamos demasiados premios 'sólo por ser mujeres'».

Buena literatura

Al margen de la definición y del género de la autoría, llegará un momento en que solo se hablará de si es buena literatura, pues como advierte la poeta María Victoria Atencia: «La literatura es una sola, grande e indescriptible y no entiende de géneros». Cada vez hay más visos y posibilidades de que esto se produzca. No solo relacionado con las perspectivas de género, sino también en un contexto global, que establezca dinámicas que difuminen la territorialidad y el legendario centrismo. A ello ayudan, por ejemplo, los festivales de poesía, pues funcionan para situar en el contexto nacional las ciudades donde se celebran. «En el caso de Málaga creo que 'Irreconciliables' es un proyecto muy valioso, además de por su enfoque y propuesta artística, por su capacidad de señalar la ciudad como lugar donde la poesía está aconteciendo», expresa Beatriz Ros.

Poco a poco la enérgica creatividad de estas autoras se expande fuera de Málaga, aunque Herminia Luque indica que en el ámbito nacional aún se recibe «con demasiada prudencia»; sin embargo, prosigue, «es cuestión de tiempo que de esta pujanza haya más y mejores noticias». Sin duda alguna, la tradición literaria de la ciudad -femenina y masculina- es muy fuerte. Es más, no tiene visos de estancarse, más bien de extenderse y ramificarse. Por eso, como anota Herminia Luque: «Hay que saber de dónde venimos (nuestra genealogía) para saber no sólo qué somos sino qué queremos: qué sociedad, qué literatura queremos». Una en que lo femenino no esté marginado de ningún ámbito cultural, social ni profesional.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos