Antonio Mairena, entre lo clásico y lo popular

Farruquito, anoche en un momento de su actuación en el Teatro Cervantes./Francis Silva
Farruquito, anoche en un momento de su actuación en el Teatro Cervantes. / Francis Silva

La Bienal de flamenco que organiza la Diputación clausura su quinta edición con ‘Mairena Clásico’, un espectáculo de producción propia

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El Teatro Cervantes estuvo a punto de agotar todas sus localidades en la noche del sábado 9 de septiembre, fecha elegida para clausurar la V Bienal de Flamenco de Málaga que produce la Diputación de Málaga y que lleva celebrándose desde principios de abril. El cantaor Antonio Mairena (Sevilla, 1909), una de las figuras más relevantes de la historia del flamenco, fallecido hace ya 34 años, fue el protagonista de este histórico homenaje basado en la adaptación de temas de su repertorio al formato clásico, gracias a la producción musical de Jesús Bola, con la colaboración del sobrino de Mairena, Antonio Cruz, y a la instrumentación de la Orquesta Sinfónica Provincial bajo dirección de Salvador Vázquez.

El espectáculo, de unos 90 minutos de duración y concebido de manera coral, es una apuesta de la propia Bienal de Flamenco y supone cumplir el deseo del Mairena, que además de cantaor fue un estudioso del cante, de interpretar sus canciones con una orquesta sinfónica. Ya que no pudo hacerlo en vida, para esta ocasión su voz se reprodujo sobre la música interpretada en directo en un par de ocasiones; por seguiriyas, en una introducción que contó con la proyección de fotografías del artista, y en el tramo final, con ‘Tiene pena de la vía’ por debla, martinete y tonás.

La producción contaba además con dos auténticos prodigios del cante flamenco actual. Se trata del jerezano Jesús Méndez y del cantaor de origen lebrijano José Valencia, además del baile de Farruquito que fue el artista invitado de este homenaje coral que contó con palmas, guitarras de Paco Cruzado y Juan Campallo, percusiones flamencas y hasta la Panda de Verdiales de Jotrón y Lomillas, todo ello entremezclado con soltura con la música de orquesta. La suma, lejos de caer en la amalgama, fue resuelta de una manera equilibrada y con orden, una mezcla ordenada que fusionaba la música clásica con la popular, un poco de cada cosa para homenajear al gran maestro del cante.

Brillo del cante de Valencia

El repertorio estaba compuesto con una selección de temas popularizados por Mairena, y todos ellos fueron recibidos con entusiasmo por el público. Brilló de una manera especial el cante de Valencia, que demostró por qué es para muchos especialistas el número uno del flamenco hoy en día, poseedor de un cante largo profundo y con gran conocimiento y admiración hacia el cante de Mairena. Farruquito, que apareció hasta en tres ocasiones, resultó también resplandeciente en todas sus intervenciones, bien jaleadas por un entusiasta sector de la audiencia. Jesús Méndez, por su parte, también dio buena muestra de su poderío.

Con entradas a partir de 12 euros, cantidad que debería ser constante en las actividades organizadas desde lo público, los asistentes culminaron el tramo final con una larga ovación que se produjo tras el típico fin de fiesta con todos los artistas sobre el escenario, viviendo con complicidad un espectáculo lleno de matices que no solo reivindica a la figura de Mairena, sino al flamenco concebido en su pureza.

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