La Antequera milenaria, patrimonio de la humanidad

  • Bartolomé Ruiz, director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera y de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera

Este año celebramos el 130º aniversario de la declaración de Menga como Monumento Nacional, ciento treinta años de tutela por parte de las diferentes administraciones competentes.

Los últimos treinta y dos años han sido gestionados por la Junta de Andalucía en los que se han promovido acciones de incremento de su patrimonio con la adquisición del tholos de El Romeral y el dolmen de Viera, el Centro de Recepción de Visitantes y el Museo de Sitio de los Dólmenes de Antequera, entre otros. Desde el punto de vista de la protección se ha declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica los Dólmenes de Antequera, la Peña de los Enamorados y muy recientemente la cueva del Toro en El Torcal.

Todo un proceso encaminado a la valorización del sitio para lograr la tutela patrimonial efectiva, enfatizando la importancia de la investigación y la generación de conocimiento como estrategia fundamental y hacer, así, la transferencia a la ciudadanía como depositaria del mismo, porque -de acuerdo con el mandato del legislador- «Todas las medidas […] que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo. Porque […] estos bienes deben estar adecuadamente puestos al servicio de la colectividad en el convencimiento de que con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y que ésta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos». Así figura en el preámbulo de la Ley del Patrimonio Histórico Español.

Es por ello que la Junta de Andalucía para alcanzar un nivel de excelencia patrimonial impulsó la Candidatura del Sitio de los Dólmenes de Antequera a la Lista Representativa de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Para definir el Valor Universal Excepcional del bien propuesto hemos contado con la asesoría científica del doctor Michael Hoskin, catedrático emérito de Historia de la Ciencia de la Universidad de Cambridge y de una pléyade de investigadoras e investigadores de las universidades de Málaga, Sevilla, Granada, Alcalá de Henares, La Laguna y Southampton.

Hoy me gustaría hacer un homenaje. A las comunidades constructoras de las tres grandes arquitecturas europeas en Antequera, a los hombres y mujeres que contribuyeron a su levantamiento, a las mujeres y hombres de la ciudad antigua, a los antequeranos y antequeranas de todas las épocas que han mantenido este lugar de memoria desde el neolítico hace siete mil años hasta la actualidad con el cementerio de Antequera a los pies del gran túmulo de Menga y con la Peña mirando al cielo bajo el telón de fondo de la Sierra de El Torcal. A Antequera que, en palabras de nuestro académico Damián Álvarez, era antes que fuera.

No contemplemos estos dólmenes tan solo como excepcionales vestigios del pasado. Ni siquiera como fragmentos de un paisaje que la memoria recuerda porque nuestra propia naturaleza humana sigue encerrada ahí, en esos tres sobrecogedores espacios sin tiempo.

Observándolos, entendemos mejor nuestro presente. Su pervivencia nos desconcierta. Su fuerza gravitatoria nos fascina porque siguen 6.000 años después contándonos historias de perduración y fragilidad. Tal vez esperando de nosotros, sus ancestros actuales, algo más que una mirada compasiva.