Lorca y Primo de Rivera, amigos en la clandestinidad

Lorca y Primo de Rivera, amigos en la clandestinidad
  • El malagueño Jesús Cotta defiende en un libro la amistad que existió entre dos personajes en principio antagónicos

«Ni Lorca era un poeta político, ni Primo de Rivera era un símbolo reaccionario». Por mucho que la Historia haya colocado a cada uno de ellos a un lado distinto de la trinchera ideológica, Federico y José Antonio tenían más que común de lo que parece. Incluso llegaron a ser amigos. Es la tesis que defiende el autor malagueño Jesús Cotta en ‘Rosas de Plomo’, libro ganador del I Certamen de Biografía Histórica de la editorial Stella Maris que acaba de ver la luz. Cotta compila declaraciones de sus coetáneos, indicios y datos que permiten deducir que esa buena relación fue real, aunque oculta. «No podían reconocerlo. A ninguno de los dos le convenía», señala el escritor.

En opinión de Cotta, «no hay razones lógicas sino ideológicas para negar esa amistad». Nada más morir –con pocos meses de diferencia uno y otro–, ambos personajes fueron «politizados» y elevados a mitos de diferentes bandos. «José Antonio fue utilizado como mito franquista, que neutralizó su mensaje revolucionario y lo convirtió en una especie de novio casto y virginal. Y García Lorca fue convertido en un mártir republicano». Desde esa perspectiva, concebir que ambos se vieran en más de una ocasión para hablar sobre poesía, política y lo que fuera resulta inconcebible para algunos.

Pero para el escritor se trata de un error de partida. «Las personas son las que se conocieron y fueron amigas. Sus mitos, tal y como han sido concebidos, sería imposible». Porque Lorca, mantiene Cotta, evitaba cualquier afiliación ideológica, no era ni de izquierdas ni de derechas. «Y politizarlo como se ha hecho con él es matarlo otra vez. Era un demócrata liberal, se movía por valores éticos y estético y simpatizaba con las personas no con sus ideas. Él tenía amigos en todas partes», apunta. Y el fundador de la Falange era un hombre «ecléctico», «conservador en lo moral, pero revolucionario en lo económico».

«Las personas son las que se conocieron. Sus mitos sería imposible», argumenta

A ambos les unía «el amor a España, una España unida pero diversa, popular y culta, moderna pero con valores tradicionales... una España para todo el mundo». Primo de Rivera dejó clara su admiración por el escritor, de quien decía que sería «el poeta de la Falange». Y se sabe que Lorca quiso conocerle en varias ocasiones, «pero tenía un miedo horrible» a la repercusión que tendría en su carrera. «Porque él se veía más apoyado por la izquierda, que dominaba la prensa y la opinión pública entonces», reflexiona Cotta. Y, a pesar de que existe algún testimonio en contra de esa amistad (como el del falangista Sandoval, «que fracasó en los intentos que hizo para que se conocieran y murió pensando en que eso nunca había sucedido»), otros lo corroboran.

Cotta recoge las palabras de Gabriel Celaya, que contaba que en su última conversación con el poeta, este le confesó: «¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos salir juntos en un taxi con las cortinas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él». También Luis Rosales, gran amigo de Lorca, le reconoce a Ian Gibson en una entrevista que el autor de ‘Bodas de sangre’ «era amigo de Azaña y de José Antonio Primo de Rivera». Además, existen informaciones que les situaban a ambos en tertulias simultáneas en el local La Ballena Alegre, entre 1935 y 1936. Y es precisamente a finales del 1935 cuando Cotta sitúa sus primeros encuentro. Así las cosas, apenas fueron amigos unos meses porque en el 36 ambos fueron ejecutados. «Fue una amistad breve, pero intensa», señala.

Diferencias

No obstante, a pesar de las afinidades había grandes diferencias porque Lorca «era amante de la libertad». «Coincidía con Primo de Rivera en casi todo menos en la parte fascista de su mensaje», matiza. Pero las personas estaban aquí por encima de las ideologías.

Cotta le ha quitado toda la política «que ensucia» a estos dos personajes para acercarlos. Él puede hacerlo, dice, porque no ha vivido la guerra y eso le permite ver la Historia con distancia y perspectiva. «Hace 20 años no se habría podido hablar de esto sin miedo», admite. Reconoce no obstante que en varias ocasiones estuvo a punto de tirar la toalla: «Porque esta amistad siempre será puesta en duda». Dice que a unos les preocupa que se «azulee a Lorca» y otros temen que se «violetee a José Antonio». «Y ni mucho menos», sentencia, e insiste en que se trató de simples encuentros de amigos por encima de las ideologías dominantes. Al final se decidió a terminar el libro, convencido de que esta relación beneficia a la memoria de ambos. «A Lorca le despolitiza, y gracias a él he descubierto a un José Antonio alejado del gángster que pensaba que era. Fue un muchacho que abrazó una ideología equivocada pensando que era lo mejor para el país». Pero sobre todo, dice, ayuda a todos «a superar traumas al ver dándose la mano a los dos mitos de las Españas enfrentadas».