MÁLAGA

La sensación de inseguridad ha provocado que, incluso, algunos colectivos suspendan todas sus actividades hasta que vuelva la calma. La Asociación para la Integración Gitana Palma-Palmilla, por ejemplo, no impartirá ninguno de sus talleres, como mínimo, hasta el próximo jueves. Temen que se produzca un incidente en las calles y salpique a los alumnos mientras van o vuelven de clase.
Guerra soterrada
El bullicio habitual del barrio ha desaparecido. Los días de tiroteos han dejado paso a una guerra soterrada. El enfrentamiento entre dos grupos ha desembocado en una serie de alianzas entre clanes que han aprovechado la coyuntura de las rencillas familiares para disputarse el control del territorio. Se habla de amenazas con prender fuego a viviendas, y de órdenes de desahucio dictadas por la ley de la calle, la ley del más fuerte.
Los tambores de guerra volvieron a sonar el pasado fin de semana. En el barrio se corrió la voz de que una de las alianzas, aparentemente la más poderosa, celebró un cónclave y empezó a prepararse para actuar, para echar a los otros. Y cuentan que los que ahora se presentan como amenazados han buscado incluso protección policial.
Sea como fuere, los Cuerpos de Seguridad se han visto obligados a blindar La Palmilla. El domingo, el dispositivo que mantenía la Policía Nacional en la zona tuvo que reforzarse. El despliegue tuvo un efecto analgésico. Porque en el barrio se sigue respirando la misma calma tensa de malos tiempos.












