Albas y ocasos

Del aviador del tenis a la actriz del sello: Roland Garros y Bette Davis

Del aviador del tenis a la actriz del sello: Roland Garros y Bette Davis

Tal día como hoy nacía Roland Garros, que primero se convertiría en aviador y después en estadio de tenis, y moría Bette Davis, que el American Film Institute situaría en el segundo puesto de las mejores actrices de todos los tiempos a la zaga de Katharine Hepburn

TERESA LEZCANO
6-10-1888 // 5-11-1918 Roland Garros

Seis de octubre de 1888, Saint-Denis, isla de la Reunión. Nace Eugène Adrien Roland Georges Garros, quien con el nombre ya sabiamente apocopado se convertiría, primero en aviador y después en estadio de tenis, tal cual. Aviador se reivindicó inicial y vocacionalmente volando un monoplano Demoiselle, así denominado porque sólo cabía en él un piloto de escaso peso, cuyas restricciones no tardó en trascender Garros en monoplanos Blériot por si comía un croissant adicional en el desayuno, y en un Morane-Saulnier con el que, saliendo de la francosureña localidad de Fréjus y aterrizando en la tunecina Bizerta, traspasó el umbral de la gloria al completar el primer viaje sin escalas a través del Mediterráneo. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial puso Garros su plumaje de acero al servicio de la patria y revalidó su leyenda voladora destruyendo un zeppelin alemán, antes de que su tanque de gasolina fuera alcanzado por fuego terrestre teutón y su piloto internado en un campo de prisioneros de guerra del que consiguió fugarse a pesar de haber perdido las alas monoplanas en el interín cautivo; las recuperó en febrero de 1918, justo a tiempo para reunirse con su Escuadrilla 26 como piloto de un Spad con el cual, tras obtener dos victorias acabaría derribado en las Ardenas, siendo letalmente despilotado un mes antes del final de la guerra y el día anterior a su trigésimo cumpleaños. Renacería Roland Garros una década después de su muerte, no ya de carne y hueso sino de tierra batida y polvo de ladrillo, con el fin de celebrar torneadamente su ya afantasmada condición de tenista amateur para que Rafa Nadal pudiera hincarle doce veces el diente a la Copa de los Mosqueteros; en aeropuerto homónimo de su reunionesa isla natal, y hasta en coche de marca Peugeot en edición limitada del modelo 205 que, ante el éxito obtenido en sus ventas, ampliaría su rolandgarrocería a otros modelos emblemáticos de la marca francesa que, dicho sea de paso, comenzó fabricando molinillos de café y varillas de paraguas. Por si las matutinas lluvias galas.

5-4-1908 // 6-10-1989 Bette Davis

Ciento un años, bonito palíndromo numérico donde los haya, después del nacimiento reunionés de Roland Garros, moría en Neuilly-sur-Seine, área metropolitana de París, Ruth Elizabeth Davis, Bette Davis para el olimpo septimoartístico. Tras debutar en las icónicas tablas de Broadway, Bette se marchó a Hollywood, donde fue sutilmente ignorada a lo largo de más de veinte películas hasta que su papel como la viciosa y desaliñada Mildred Rogers de Cautivo del Deseo, adaptación de la novela de Somerset Maugham, llamó tan poderosamente la atención de la crítica que la emblemática revista Life llegó a publicar que su actuación fue «probablemente la mejor jamás registrada en la pantalla por una actriz estadounidense». A partir de ese momento, ya fue para la Davis un no parar de elogios fílmicos que iban reseñando de La Mujer Marcada a Jezabel, hasta el extremo de mutar en la estrella más rentable de la Warner Bros y de ser elegida como la primera mujer en ocupar la presidencia de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas; cargo que inauguró con una actitud tan insolente y unas propuestas tan radicales que los miembros del comité la invitaron amablemente a marcharse a freír pollo kentuckiano. Ya académicamente despresidentada, Davis se fue a ejercer de Loba para William Wyler, y tan magistralmente se enlobó la actriz que Wyler y ella acabaron a aullido limpio por los rincones estudiosos y desde entonces se odiaron con notable fruición. El final de la Segunda Guerra Mundial sorprendió a Bette con mil y un reveses profesionales, y cuando los columnistas hollywoodenses ya estaban anticipando el ocaso de su carrera, se deslizó Davis bajo la piel de Eva Al Desnudo y los críticos destilaron unanimidad para refrendar su actuación como «la mejor interpretación de todos los tiempos». Regresaron sin embargo las épocas profesionalmente aciagas, alternadas con éxitos de la categoría de ¿Qué Fue de Baby Jane?, mientras la salud de la actriz iba ya cuesta abajo y sin frenos, con sus diez nominaciones a los Oscar bajo el brazo y dos estatuillas de facto y, si bien todavía le alcanzó el tiempo para acudir a España a recoger el Premio Donostia en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, no le bastó para regresar a América sino apenas al Hospital Americano cercano a París donde se le acabó definitivamente la función . Una década después de su muerte, el American Film Institute situaba a Bette Davis como la segunda mejor actriz de todos los tiempos, siendo la primera Katharine Hepburn, y ocho años más tarde el Servicio Postal de los Estados Unidos la emitía en sello conmemorativo. Previamente, en 1981, Kim Carnes la había homenajeado en soft rock con una canción titulada Bette Davis Eyes; si no la han escuchado nunca, aún están a tiempo. «Until you come out blue / She´s got Bette Davis eyes» ♫...