Invasión de osos polares en el Ártico ruso

Un ejemplar adulto de oso polar con dos cachorros./Reuters
Un ejemplar adulto de oso polar con dos cachorros. / Reuters

Medio centenar de ejemplares campan por una instalación militar en el archipiélago de Nóvaya Zemliá

RAFAEL M. MAÑUECOMoscú

«Bajas por la escalera de tu casa y, al llegar al portal, te encuentras de sopetón un oso polar de dos metros y una media tonelada de peso«, relata en su cuenta de la red social Vkontakte, Nadia, hija de un oficial del Ejército ruso. Menos mal que el animal se asustó y salió de la casa corriendo. De lo contrario, Nadia, que también se arredró y puso pies en polvorosa escaleras arriba, pudo no haberlo contado.

Esta situación o parecida la vienen padeciendo desde la semana pasada otros muchos habitantes del poblado ártico de Belushia Guba, en el archipiélago ruso de Nóvaya Zemliá. En esta localidad, la más populosa de toda la isla, viven unas 1.500 personas, en su mayoría militares de una base allí desplegada y sus familias. «Llevo aquí desde 1983 y nunca antes había visto una invasión semejante de osos blancos», asegura el responsable de la Administración local, Zhigansh Musín, en declaraciones a medios rusos.

Cuenta que en Belushia Guba hay ahora mismo 52 plantígrados, de los que cinco se han metido directamente en los acuartelamientos. Otro lugareño asegura que «mantenemos controlados a los animales porque les damos de comer, pero así no vamos a poder seguir mucho tiempo». Las autoridades locales ya han declarado el estado de emergencia en la zona y circulan noticias de que en algunos casos estos bellos depredadores han mostrado actitudes agresivas hacia personas y perros.

Los vídeos y fotografías colgadas en la redes sociales muestran a los osos por las calles, penetrando en portales y patios, tratando de encaramarse a las ventanas y husmeando en los contenedores de basura. Los especialistas que están llegando a Nóvaya Zemliá para ayudar a acabar con el problema señalan que los basureros será lo primero que habrá que eliminar porque su olor atrae a los mamíferos.

La aparición de osos polares en centros de población en la costa del Océano Glacial Ártico suele ser habitual, pero no en tal cantidad como ahora. Se les ahuyenta con disparos al aire, bengalas, perros o utilizando tractores quitanieves, pero esta vez no están funcionado estos métodos.

Sin disparos

Ya hay quien sugiere la necesidad de emprenderla a tiros con los plantígrados, pero los responsables municipales descartan medida tan extrema. El oso blanco es una especie protegida y su caza en Rusia está prohibida. Así que todos están ahora a la espera de que llegue a la isla una brigada de expertos en espantar a los osos como las que funcionan ya en la península de Yamal y Chukotka. Musín advierte que «librarnos de los intrusos no va a ser fácil ni rápido».

De momento, se ha aconsejado a los habitantes de Belushia Guba que eviten los traslados si no son a bordo de vehículos. Los militares de la base, incluso aquellos que hasta ahora iban a pie por la cercanía con sus viviendas, también deben esperar a ser recogidos por un autobús. Desde el sábado, nadie ha sufrido un ataque serio de estos animales, pero están muy hambrientos y, si no se les alimenta, pueden tornarse muy peligrosos.

Los ecólogos de WWF explican que esta inacostumbrada irrupción de osos polares se debe a que el descongelamiento del mar a causa del cambio climático les está apartando del hábitat en donde capturan su alimento, focas sobre todo. La desaparición de las placas de hielo no les deja otra salida que adentrarse en tierra, en donde en invierno escasea la caza.

Nóvaya Zemliá es un conglomerado de dos islas, la norte y la sur, llamada también Mezhdusharski y en donde se encuentran, además de Belushia Guba, otras tres poblaciones. Juntas no superan los 2.500 habitantes. La isla norte está despoblada y fue un polígono de ensayos nucleares en la época soviética. Allí fue experimentada, el 30 de octubre de 1961, la bomba de hidrógeno cuya detonación nuclear es todavía la mayor en la historia a cielo abierto. Las dos islas que constituyen Nóvaya Zemliá situadas entre los mares de Barents y Kara, tienen una superficie de 83.000 kilómetros cuadrados, prácticamente igual que la de Austria y algo inferior a la de Andalucía.

 

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