Prato y Pistoya, dos tesoros en el corazón de La Toscana

Prato y Pistoya, dos tesoros en el corazón de La Toscana

Entre las famosas ciudades de Florencia y Lucca se esconden localidades que aún conservan toda la esencia de esta fascinante comarca italiana

ÁLVARO ROMERO

La Toscana italiana es belleza pura, se mire por donde se mire. Sus campos, pueblos y ciudades parecen competir por acaparar todas las miradas. De momento ocupa escenas en películas románticas, versos en libros de poesía e imágenes en centenares de revistas, mientras espera la visita de los incontables turistas que pisan cada año sus tierras.

Se encuentra en el centro de Italia y se extiende desde los Apeninos hasta el mar Tirreno. En la costa intercala extensas playas con rocosos acantilados. En el interior el paisaje ondulado domina el entorno, provocado por montes y colinas, dueños de la región. A veces, asoman de forma tímida pequeñas llanuras entre las que se pueden contemplar cuidados viñedos. Así es la campiña italiana.

Esencia medieval

La Toscana es una de las comarcas más conocidas de todo el planeta, allí dominan ciudades no menos famosas como Pisa, Siena, Lucca o Florencia. Esta última, capital y urbe más destacada de la zona. Entre las tres acaparan el grueso de turistas y muestran una espectacular arquitectura, herencia de pueblos y civilizaciones pasadas con un marcado estilo medieval. El arte y la cultura se observan en cada rincón y en cada calle, donde también abundan los museos.

A la sombra de estos tres núcleos urbanos aparecen ciudades y pueblecitos de mayor belleza si cabe. Lugares que viven al margen de la masificación y explotación turística. Dos de ellas, Prato y Pistoya, encuentran su sitio entre Lucca y Florencia. Un enclave ideal para todos aquellos que decidan hacer una parada a medio camino o alguna escapada desde cualquiera de ellas.

Prato.
Prato.

Prato se localiza en el corazón de La Toscana y alberga una de las poblaciones más grandes del país transalpino. Destaca por su herencia artística, la naturaleza que le rodea y el importante peso económico que allí tiene el sector textil. Se trata de un territorio variado que ofrece diferentes ejemplos históricos y artísticos de gran importancia, tesoros de época etrusca o renacentistas hasta llegar a la época contemporánea.

Allí lo clásico se funde con lo moderno para formar una ciudad acogedora y llena de contrastes. El casco histórico es su parte turística más atractiva, donde destaca el Castillo del Emperador, una obra única de la arquitectura sueva. El Duomo de Prato es el elemento religioso más reseñable, dedicado a San Esteban preside la plaza de la Catedral dejando una hermosa estampa pues, pese a no presentar un gran tamaño, su encantadora fachada atrae todas las miradas. Levantada en época medieval intercala mármol blanco con verde, dejando hueco a un coqueto reloj.

Palacios, de Datini y el de Pretorio; museos, de Pintura Mural, deTejido o del Tesoro de la Catedral y plazas como: Santa María delle Carceri, Mercatale o San Francesco, completan una visita que se quedará para siempre en el recuerdo de todo viajero que hasta allí se acerque.

La vecina Pistoya suele pasar inadvertida en los itinerarios turísticos, toparse con ella es toda una suerte, el entorno está lleno de maravillas paisajísticas y su nutrido patrimonio artístico y cultural supone un auténtico descubrimiento. Tanto la ciudad como sus alrededores ofertan variados estilos turísticos, desde el artístico al de montaña, pasando por gastronómico, cultural y de bienestar.

Edad Media, Renacimiento y Barroco se ven las caras en el entramado urbano en forma de palacios, logias e iglesias, El itinerario puede proseguir a través de burgos, castillos e iglesias llenas de testimonios históricos y artísticos. Visitar el casco histórico de Pistoya es como hacer un viaje en el tiempo, le sobra elegancia y belleza.

Entre las callejuelas medievales y las plazoletas irregulares surgen refinados palacios y pequeñas casas- torre dentro de una ciudad sorprendente, de una belleza discreta, perfecta para el que ama un tipo de turismo lento, tranquilo y de calidad. La plaza del Duomo es el epicentro de la ciudad vieja, allí se alza la Catedral de San Zeno, con su imponente torre. Junto a ella se sitúan el baptisterio de San Giovanni in Corte y diferentes palacios, como el de Azzolini, Capitano del Popolo o Bracciolini delle Api, entre otros.

En las calles y plazas de Pistoya abundan los cafés, bares y restaurantes, locales perfectos para los amantes de la gastronomía, quienes podrán descubrir allí sabores genuinos y auténticos degustando productos típicos, platos tradicionales de la zona y exquisiteces locales.

Mientras, en sus alrededores, arroyos de agua y castaños conviven con molinos, restos de antiguas murallas y vistas pintorescas del valle, un enclave perfecto para disfrutar de relajantes caminatas entre la historia y la naturaleza.