La Venus itinerante

A pesar del traslado, su playa le seguirá quedando lejos y habrá que seguir explicando a los visitantes y a los nuevos marbellíes el origen de la denominación

Francisco Moyano
FRANCISCO MOYANO

Durante muchos años la escultura 'Venus de Marbella' ha permanecido desapercibida en la plaza de la Fontanilla, delante de la Oficina Municipal de Turismo. La suerte de esta escultura fue ligada a la de los espigones que preservaban la arena de las playas de Marbella, ya que en uno de ellos se encontraba la fuente que albergaba la obra. Dio nombre a una de las playas más populares de nuestro litoral. Próximamente abandonará su actual ubicación para trasladarse aún más cerca del mar. Hubo una época en que la esquiadora se convirtió prácticamente en un símbolo de la ciudad y sus reproducciones en pequeño tamaño fueron entregadas a diversas personalidades que nos visitaron, además de ser motivo central de uno de los carteles anunciadores de la feria de San Bernabé. A pesar del traslado, su playa le seguirá quedando lejos y habrá que seguir explicando a los visitantes y a los nuevos marbellíes el origen de la denominación. La venus posee 47 años de historia. El monumento, instalada la escultura en el centro de una fuente, fue inaugurado en el mes de julio de 1972, siendo alcalde de Marbella Francisco Cantos Gallardo, en el último de sus mandatos al frente del Ayuntamiento; aquel que fue más prolongado y que se mantendría hasta su dimisión en el mes de abril de 1978. La 'Venus de Marbella' es una escultura del artista Francisco López Burgos, nacido en Granada en 1921 y fallecido en la misma ciudad en 1997, tras una fructífera carrera, repetidamente reconocida, y muchos años de docencia en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. En Marbella contamos con otra de sus obras: 'La niña del columpio', todavía más desconocida. La fuente que albergaba originariamente a la 'Venus' tenía una superficie de 130 metros cuadrados y una capacidad de embalse de cincuenta metros cúbicos; estaba construida en hormigón armado. Se utilizaron en su realización siete mil kilos de hierro y 230 metros cúbicos de hormigón. La 'Venus' aparecía esquiando y el efecto del surtidor de la fuente se conseguía mediante una bomba sumergida que elevaba mil doscientos litros de agua al minuto. En el interior de la fuente había otra bomba más pequeña que creaba la estela propia del esquí. El agua utilizada procedía del mar. La iluminación se lograba con cuarenta reflectores, con una potencia conjunta de doce mil vatios. Francisco López Burgos contó para la instalación con la colaboración del aparejador municipal Jesús Urrutia López y el perito industrial Manuel García Santiago. De la construcción de la fuente se encargó Alfonso Gómez Vidal y la iluminación fue de la firma Fernández Bueno e Hijos. La obra de López Burgos, la figura de una mujer desnuda sobre un esquí marino, fue realizada en bronce en el estudio granadino del artista, invirtiendo tres meses en su ejecución. Su altura es aproximadamente de tres metros y la altura de la fuente era de poco más de dos metros sobre el nivel del espigón y casi cinco metros con respecto al nivel del mar. Se fusionan en esta escultura matices de las venus clásicas con la innegable modernidad que supone su actitud de esquiadora en las aguas del Mediterráneo. No sabemos cuánto tiempo permanecerá la 'Venus de Marbella' en su nueva ubicación; posiblemente, si en un futuro se rescatan los desmantelados espigones y se vuelve a construir el de la fuente originaria, no sería descabellado pensar en el regreso a su lugar de tan ilustre esquiadora. De momento, la 'Venus' sigue itinerante, al estilo de lo que ocurrió en su momento con la 'Síntesis de San Pedro de Alcántara', de Vicente de Espona. En Marbella, al menos, los monumentos son susceptibles de mudarse con relativa frecuencia, lo que conlleva, sin duda, su revalorización y la difusión entre una ciudadanía poco dada a indagar sobre el origen de aquellos elementos que se encuentran en calles y plazas y entre quienes hace poco tiempo que llegaron. En esta obra de López Burgos se nos presenta una concepción de la mujer «bella y perpetua», cargada de simbolismo: la alegría y carácter deportista del Mediterráneo mediante la sensualidad de la mujer. Entronca con la tradición en la historia del arte donde el cuerpo desnudo (masculino y femenino) ha sido una constante, generalmente con un planteamiento idealizado. De igual forma repite el diseño recurrente de figuras femeninas coronando fuentes ornamentales.