El metrobus de Limasa

Sin ir más lejos

Arreglar la limpieza de la ciudad es de esos retos titánicos que garantizan en caso de éxito la estatua en una glorieta

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

El viaje hacia un futuro mejor de la limpieza de Málaga -a peor es imposible- inicia la cuenta atrás, incluso con una barredora inesperada para el pacto entre PP y Ciudadanos calentado motores. Se ignora si el futuro de la basura será en metro o en tranvía, en metro en superficie o en tren ligero con neumáticos. La municipalización 'made in De la Torre' iba a ser un vehículo híbrido, pero va ya por un artefacto desconocido, un enigma que trae también faena para la ciudad inteligente -incluye futuras encuestas para saber el grado de contento/enfado vecinal- que los concejales de izquierdas ven fuera de lugar. Cassá y los suyos comprueban que el alcalde es de ideas tan fijas como escasamente duraderas, aunque esto no sea el metro al Civil ni la Junta ande por medio. Los compañeros de viaje no dan crédito, los socios privados de Limasa callan como siempre -es público y notorio que solo hablan para pedirle a De la Torre que se remangue en los convenios y afloje más dinero- y los trabajadores guardan silencio en medio del guirigay municipal. Ellos son el otro gran termómetro del asunto y prefieren la foto fija a la encuesta. En el último pleno, Ciudadanos pasó al estado de perplejidad de ese viajero sin equipaje y plantado que ha perdido el tren. Cassá se queda sin voz ni billete y casi sin discurso después de sentirse engañado. Casi le habían convencido de que otro mundo híbrido para Limasa era posible: empresa pública para la basura y privada para limpiar las calles. Con la calculadora aplicada a la fe del converso, De la Torre teje una bandera para la Limasa municipal, la 'chorrada' que le costó el área al concejal Raúl Jiménez aunque entonces no venía con recetario neocon.

A falta de grandes obras, arreglar la limpieza de la ciudad es de esos retos titánicos que garantizan en caso de éxito discreto la estatua en una glorieta. El PSOE amagó con contraprogamar pero el alcalde es ya un Lenin subido al ferrocarril para difundir la revolución pendiente en Limasa III, un mundo anacrónico que incluye hasta convenio/palacio con derechos laborales dinásticos. Una historia por borrar, como el leonino contrato privado ya vencido por el que los malagueños apoquinamos 173 euros por cabeza, la factura más cara del país. La izquierda hiperventila ante la extraña arenga que lanza De la Torre con sus encuestas, baldeos pedagógicos y salarios para la plantilla según resultados. La oposición no quiere saber nada de medias tintas mencheviques. Aspira a lo máximo según el viejo manual de un rescate dorado, que tendrá que ser de purpurina. El futuro de Limasa después de casi dos décadas se parece a un baldeo sobre mojado del que nadie quiere salir sin mancharse. La plantilla observa y calla por ahora, mientras la concejala Teresa Porras devuelve a los barrios a personajes que se creían ya perdidos como el barrandero y el tipo de la manguera. Málaga está sucia y la porquería, como los euros para limpiarla, no caen del cielo. El día a día es un pasado sin barrer.

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