El meteorito

Es difícil no quedarse perplejo ante esta sucesión de nuevas corrientes como el terraplanismo o los antivacunas

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

No voy a negar que a veces resulta divertido. Otras no tanto, pero es cierto que esta universalización de la memez permite siempre una singular observación antropológica del entorno. Sobre todo, porque el ser humano en general, y el español en particular, es poco dado a los matices. Quizá por esa condición frecuente de iletrado que arrastra una población más dada a consumir las aventuras y desventuras de tonadilleras convictas en la selva de la tele que a ilustrarse para que no le tomen el pelo. Y a eso se suma esa idiosincrasia impulsiva que nos ha llevado históricamente a despellejarnos antes de escuchar al contrario o al de al lado. En realidad, con esto de las redes hemos sustituido la bravuconería de barra de bar encendida por combustión del Soberano por el dedo rápido y visceral del Twitter, avivado por el siempre cobarde anonimato. A eso hay que añadirle la osadía alimentada por la ignorancia que a muchos les hace perder el miedo al ridículo. Y ya tienen ustedes un explosivo cóctel para que esto se nos haya poblado de idiotas con ínfulas de eruditos.

Viene esto a cuento porque es difícil no quedarse perplejo ante esa sucesión de 'nuevas corrientes' que le hacen a uno pensar a menudo si no sería mejor que cayera de una vez una gran bola de fuego y los que estamos aquí pasásemos con boleto directo a la sexta extinción y ya se quedaran unos pocos que, acompañados de las resistentes cucarachas, empezasen todo de cero.

Porque lo peor, por ejemplo, de este movimiento antivacunas emergente no es que lo piensen. Lo malo es que ponen en riesgo a sus hijos y por extensión a todos los que convivimos con ellos al permitir el rebrote de enfermedades ya erradicadas, como si todo el camino recorrido desde Edward Jenner hasta nuestros días no hubiese existido.

Menos tóxico, aunque no por ello menos imbécil, es esto del terraplanismo. Sí, ya saben, esa panda que sostiene que la Tierra no es redonda. Les hubiera bastado con leer algunos manuales, incluso algún viejo esquema del cole sobre Copérnico y Galileo para no rebuznar de esa manera en Youtube, Facebook o vaya usted a saber dónde. Claro, que a lo mejor es mucho pedir en estos tiempos en los que asistimos a un juicio en el que un espécimen de esos bautizados como 'youtuber' justifica que se mofó de un indigente ante la cámara del móvil porque estaba «de coña». En fin.

Porque eso sí es un denominador común de esta tropa. Todos nacen de la estupidez sin control que fluye por las redes. Y quizá se propaga porque le damos demasiada prioridad a lo superficial, al escaparate. Quiero pensarlo, al menos. Si no, de corazón, no creo que sea tan mala idea lo del meteorito y punto y final.