Maeso, hakuna matata

Elena de Miguel
ELENA DE MIGUELMálaga

Las ratas tienen una función. Los concejales también la tienen, aunque haya descreídos que lo pongan en duda. La concejala del distrito de Campanillas, la popular Elvira Maeso, ejerció el lunes la suya y convirtió las ratas en tema de debate político. Sólo hay que teclear la palabra en Google y en 0,47 segundos te pone en la palestra a roedores, Maeso y su respuesta a las quejas vecinales. «Es una especie animal que convive con las personas en las ciudades; tiene su función». Como los mosquitos del Guadalhorce, la cucaracha 'volantona' pluridistrito o las medusas del litoral. Todos en armonía en un hakuna-matata del ciclo de la vida. Bien es verdad que la concejala también habló de desratización, pero eso no trascendió tanto, a su pesar. Lo habitual no debería ser noticia. Más tarde, se desdijo, o más bien dijo que se le malinterpretó, aunque, como el mero hecho de rectificar ya es una disfunción política, su reacción es cuanto menos loable. En realidad, su interés estaba en matizar un verbo - las ratas coexisten, no conviven-, que tampoco era para tanto, ni cambiaba casi nada. En el ínterin, los socialistas vieron carnaza. Sergio Brenes ironizó con el tema, con un socorrido «por muy amante que usted sea de las ratas...» y Daniel Pérez postureó en redes sociales y le recordó que estos bichos contagian hasta la peste, aunque él habló de «vectores de transmisión de enfermedades»; que así quedaba bien claro que, además de líder de la oposición, es biólogo de carrera.

El otro día me crucé con una rata, por si le interesa a la señora Maeso. No es broma. No sé si nuestro encuentro fue en régimen de convivencia o de coexistencia. Siempre me he burlado un poco de la gente que ve ratas en todos sitios, porque yo tiendo a toparme con pocas o ninguna; mezcla de las prisas que me corroen (con perdón) y de mi escasa agudeza visual. «Nos comen las ratas», insistía la gente cada vez que caía una huelga de Limasa. No digo yo que no estuvieran ahí, pero tampoco me salían al paso, pese a que mi calle era un terreno posapocalíptico a modo de 'Mad Max', pero con menos sangre y más basura orgánica. La rata del otro día se me paró a apenas un metro. Quizá porque me hacen gracia los roedores, me agaché un poco para verla mejor. Mis ocurrencias. El animalito vino hacia mí y yo protagonicé una escena realmente bochornosa que evitaré describir.

Hace poco le leí en Twitter a la farmacéutica especializada en innovación Gemma del Caño que, cuando ella estuvo en Cruz Roja, aprendió a no decir nunca «no te preocupes», sino «voy a ayudarte, estoy aquí». Otra lección le llegó trabajando en equipo, cuando asimiló la importancia de utilizar la frase «no me estoy explicando bien», en lugar de «no me estás entendiendo». Los dos consejos me los repetí varias veces por simples y trascendentales, incluso, concejala Maeso, para las comisiones donde se habla de ratas y quejas vecinales.

 

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