Codesarrollo es la palabra

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Todos los segundos miércoles de cada mes se forman 'círculos de silencio' en plazas de ciudades que reciben inmigrantes. Comenzaron en Cádiz, Tarifa, Algeciras, Ceuta, porque la iniciativa ha sido del secretariado de migraciones de la diócesis gaditana, pero ya se extienden a Málaga, Melilla, Tánger, y siguen creciendo en convocatorias y en asistencia. Quienes viven de cerca la tragedia de la emigración hacen pública su solidaridad sin palabras, frente al griterío de la jauría política que quiere rentabilizar la crisis humanitaria y extender la ola populista, a la que ya se apuntan el PP y C's para insuflar en la sociedad una xenofobia aún incipiente. Me pregunto si quienes quieren sacar votos de esto no recibirán un efecto rebote. Es la Iglesia, y no el Soviet Supremo, quien más se distingue en defender los derechos de los que llegan.

La crisis migratoria no es nueva, pero de pronto parece vislumbrarse en toda su dimensión. José Chamizo me alertaba ayer, de regreso de Algeciras, de que aunque «todavía» prima la solidaridad, con centenares de voluntarios y donaciones particulares, se intenta extender «el odio del pobre contra el pobre». En el acto de Vox en la Plaza Alta había mucha gente humilde, a los que se les quiere hacer creer la falsa idea de que los inmigrantes les quitan recursos. La mecha del odio, del fascismo, prende fácil.

El silencio de los círculos no es pasivo. Denuncia y reclama y reúne a ciudadanos de este y el otro lado del mar. Desde allí me cuenta Omar El Hartiti, presidente de Sevilla Acoge, que se están produciendo redadas indiscriminadas contra subsaharianos incluso con permiso de residencia. La Policía marroquí coloca autobuses delante de las casas y vacía barrios enteros, para soltarlos luego en el sur, cerca del desierto. Describe imágenes violentas y terribles que recuerdan los barcos negreros, esclavistas, de siglos pasados. El vecino país ejerce de gendarme de Europa, que hasta le paga por estas deportaciones, mientras juega un equívoco papel, graduando el flujo de salidas y lavando la cara con estas redadas.

Las ongs son ahora mismo la voz más autorizada para conocer la dimensión de la crisis que arriba a nuestras playas y las únicas que mantienen la esperanza en la decencia del género humano. Gota a gota, con pequeños proyectos de codesarrollo, en línea con la idea de Sami Naïr, ellas representan la única salida posible, una alianza eficaz que permita el progreso de los países de origen. Más allá de la cooperación, se trata de hacer partícipe a los lugareños de los proyectos y existen fórmulas para sortear la corrupción de las élites de los países destinatarios. La Junta de Andalucía, y me lo dice el exdefensor, tiene un buen modelo en sus convenios con las ongs. Mientras otros lanzan ideas ya trilladas o peregrinas que sólo buscan incendiar el debate y rascar votos.

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