Casado, KO

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Imagino que la gente sensata del PP, que la hay y la conozco, debe de estar a estas horas ojiplática con la mala digestión que sus líderes han hecho del 28A. Sobre todo porque Casado llegó al Partido Popular como elefante en cacharrería, prometiendo una refundación a base de enterrar en el olvido, cual yihadista en Palmira, todo el patrimonio acumulado por sus antecesores. Ni él ni los suyos, en el arrogante matonismo político tan propio de la partitocracia moderna, tuvieron reparos incluso en ridiculizar a Mariano y a la que despectivamente llamaban 'la chiquitilla', que a estas horas debe de estar desternillándose, desde su puestazo de Cuatrecasas, del desenlace del drama. Pero es lo que tiene la chulería, que te puede salir bien o no. Y en ese último caso te quedas con las patas colgando. Casado llegó al PP como un nuevo líder de un nuevo tiempo. Y lo han dejado KO en el primer asalto del combate.

Claro, que en buena lógica, a usted o a mí después de unos resultados así nos pondrían de patitas en la calle. Imaginen, si no, a un ejecutivo recién fichado por El Corte Inglés o la Renault, por poner dos ejemplos, que cierra su primer informe de gestión con un 40% de pérdidas. ¿No hace falta que les diga dónde estaría al día siguiente, no? Pero en política, no. Casado ha llevado al PP a los peores resultados de su historia, en los que se han dejado en el camino más de tres millones y medio de votantes. Ellos, que en las anteriores elecciones se reían de Pedro Sánchez por la escuálida representación parlamentaria de 85 diputados, afrontan esta legislatura con 66. En fin. Pero este chico pertenece a esa generación de dirigentes contemporáneos que son bautizados desde que están en las nuevas generaciones, juventudes, bases o como diantres le quieran llamar en cada organización, como 'cachorros'. Que en román paladino significa que están ahí, no por ideología ni compromiso con el servicio público, si no para tener sopa caliente en los escalones de las administraciones donde el partido, a modo de agencia de colocación, va poniendo los huevos para cocinar. Algunos con más formación y otros con menos aunque, dicho sea de paso, esto tampoco es un obstáculo porque siempre habrá una escuela de negocios o una universidad privada a tiempo para facilitar un master o un posgrado si hay que justificar la cosa. Y eso es lo que quizá explica la baja tolerancia a la frustración de esta nueva hornada. Eso de culpar del fracaso a la herencia recibida está mal, hombre. Sobre todo porque si llega a ser un éxito el 28A no le hubieran colgado a Mariano ni una triste medalla de hojalata.

Un viejo afiliado me decía el otro día que el PP debe encontrar primero el problema y luego la solución. Guardó silencio cuando le sugerí si a lo mejor el problema del PP se llama Casado.