Bochorno

Lo peor no es que nos hayan tenido como imbéciles durante un año con el carrusel electoral; lo peor es el mamoneo

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Es probable que a estas alturas resulte ya más insoportable que la plasta que nos trae el 'taró' este espectáculo bochornoso de la política. Porque ya no se trata sólo de que nos hayan tenido como imbéciles durante un año con el carrusel electoral, con todas las administraciones paralizadas hasta después del verano, los proyectos congelados (si es que alguna vez los hubo de verdad) y con la maquinaria fiscal en marcha, eso sí. Tampoco es uno u otro: no es sólo el mercadeo de carteras de Pedro y Pablo en su particular reparto del botín. Ni es únicamente la indignación que produce esa unanimidad de los concejales de Málaga para subirse un 20% el sueldo o los de Sevilla un 43%. Quiero decir con eso que lo peor de todo es que en esta doctrina generalizada del mamoneo no hay buenos ni malos ni mejores ni peores. Detrás de la propaganda del Twitter, del ruido de pancarta del que subyacen las diferencias ideológicas, lo que queda es un chiringuito, el de la partitocracia, donde hace años que parasitan especímenes que han venido a este negocio de la cosa pública a buscar, como se decía antes, una 'plaza en propiedad' para tener el potaje garantizado de aquí a la jubilación sin más ansia productiva que cumplir a rajatabla el argumentario que impone el carné del partido.

Miren, si no, junto a los ejemplos anteriores, lo que ha sucedido con el reparto de miembros del consejo de administración de la Radio Televisión de Andalucía. Canal Sur era una oportunidad de oro para que las organizaciones políticas andaluzas, especialmente el PP y Cs, que llegaron en diciembre con la bandera de la regeneración y el manido 'cambio', demostraran que sí se pueden hacer las cosas de otra manera. Pero no, al final el consejo de administración de la radio televisión pública andaluza seguirá siendo el refugio de esos políticos vegetantes que lo mismo son candidatos en Almogía o Estepa que van un día a la semana a Sevilla a hacer sofismo de barra sobre una parrilla televisiva en la que María del Monte y Juan Y Medio son las grandes estrellas.

Y así nos va, con espectáculos chuscos como el de Torremolinos, donde Fernández Montes pasa de ser demonio a amigo; o Mijas, donde un pleno de investidura acaba convertido en un circo de dos pistas de alianzas inverosímiles con coordenadas estrictamente ideológicas y con un concejal del PP expedientado por votarse a sí mismo. Y esperen, que aún quedan por repartir las mancomunidades (otra agencia de colocación de nombre tan rimbombante como la magnitud de su inutilidad), las diputaciones y, en fin, toda esa estructura donde algunos se instalan cómodamente y fresquitos mientras aquí fuera a los ciudadanos nos mata el bochorno.