Albert tiene prisa

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Hay quien cree que conviene apostar por Ciudadanos para el futuro de Andalucía, en general, aunque digamos que también en lo personal. Que sea así dependerá mucho de lo que haga este fin de semana en Málaga Albert Rivera, tras su golpe en la mesa para romper el acuerdo de investidura (que no de Gobierno) con Susana Díaz y de cómo controle sus prisas y gestione la imagen de su partido en esta comunidad. Aunque las encuestas les den un gran ascenso en votos, hay serias dudas de que de Despeñaperros para abajo el partido naranja logre desbancar al PP. Es más, se apuesta por que quedará como cuarta fuerza, rozando a la confluencia Podemos-IU, aunque duplique el número de escaños.

De momento, además de ofrecer a la presidenta andaluza la excusa perfecta para disolver el Parlamento y convocar autonómicas, parece que la puesta en escena tiene un mal libreto. Si hace un par de semanas su líder andaluz, Juan Marín, se ofrecía a negociar el Presupuesto de la Junta a cambio de bajar el tramo del IRPF, de pronto desde Madrid le cambiaron el guión y salió reclamando la supresión de los aforamientos y el cambio de la ley electoral. Aún más, anunció una reunión de su órgano nacional para decidir la postura frente al pacto, dejando así en evidencia dónde se toman las decisiones que afectan a Andalucía, es decir, la fuerte centralización del partido, que sigue dependiendo de su solo líder. El liderazgo de Marín no queda así precisamente reforzado en vísperas de las urnas.

Por demás, Rivera debe saber que el argumentario principal de Cs Andalucía hasta ahora reside en que se han convertido en la 'oposición útil' por haber logrado la práctica supresión del impuesto de sucesiones y una sustancial rebaja del IRPF, más de lo que el PP, ha repetido Marín, ha conseguido en 30 años de oposición. Rivera deberá casar estos logros con la denuncia airada de los incumplimientos del pacto por parte del Gobierno andaluz, además de seleccionar mejor las exigencias: suprimir los aforamientos requiere referéndum, aparte de que no lo haya exigido en Madrid, y para reformar la ley electoral, que se ha debatido en un grupo de trabajo, hace falta también un consenso y tocar la Ley General. ¿Por qué no esgrime la alucinante falta de renovación de RTVA y demás órganos de extracción parlamentaria?

El líder naranja tiene demasiada prisa. Está claro que busca maniobrar para que sus expectativas nacionales no sigan descendiendo. Como lo está que Cs debía escenificar su distancia del PSOE después de respaldarlo durante toda la legislatura antes de las autonómicas. Las formas, dicen, han enfadado a la presidenta de la Junta, que sigue sin tomar la decisión que todos dan por seguro que va a tomar, si bien el PSOE-A ha barajado hasta seis simulaciones de calendario.

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