Rocío Barroso, la conductora de tráilers de Periana que enseña mecánica a los alemanes

La malagueña Rocío Barroso, con sus estudiantes de mecánica de la empresa Vitalis, en Leipzig. /Sur
La malagueña Rocío Barroso, con sus estudiantes de mecánica de la empresa Vitalis, en Leipzig. / Sur

La joven, natural de Periana, ha sido contratada después de su exitoso paso por un programa Erasmus+ gestionado por su instituto, el Juan de la Cierva de Vélez Málaga

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Lo mismo lleva una carretilla, una retropala que un tráiler. Conductora profesional durante 17 años de vehículos de gran tonelaje, la vida de Rocío Barroso Ortigosa dio un giro radical cuando decidió retomar los estudios. Técnico en Electromecánica de Vehículos, su paso por el proyecto Erasmus+ de su instituto le ha abiertos las puertas laborales en Alemania. Rocío, en pocos años, ha pasado de conducir vehículos en la empresa familiar a enseñar a jóvenes alemanes, polacos y de otros países europeos. Empezó a trabajar en noviembre, con un contrato en principio de seis meses.

Desde la ciudad alemana de Schkeuditz y a unos 12 kilómetros de Leipzig, cuenta «la gran experiencia» que está viviendo y las oportunidades de «crecer y aprender» que le han brindado en primer lugar el instituto y ahora la empresa en la que trabaja, Vitalis.

Un salto de calidad gracias a la internacionalización

El coordinador del programa Erasmus+ del IES Juan de la Cierva se muestra muy satisfecho de los resultados que están dando estos programas de movilidad. En especial se siente muy orgulloso de Rocío, que ha sido la única alumna del ciclo. Junto con Aran, que irá a Vitalis en febrero, representan «historias de éxito que nos reafirman en nuestro compromiso de seguir apostando por la internacionalización de nuestro centro, como vía para mejorar la calidad de nuestras enseñanzas y el futuro de nuestro alumnado», señala. Pero este no es el único proyecto Erasmus del centro. En 2015 tuvieron uno con 15 alumnos de las ramas eléctrica, mecánica y de carrocería. Durante 2016 y 2017, enviaron a cuatro alumnos de Sistemas Informáticos a Frankfurt y para el periodo 2017/19 tienen un programa de intercambio de alumnos y profesores de la rama de Electricidad y Electromecánica con la escuela Franz Oberthur de Wurzburg (Alemania). En marzo de 2018 otros cinco alumnos del ciclo de Gestión Administrativa realizarán prácticas en empresas de países de la UE. «Seguro que volverán a dejar el pabellón de nuestro centro de enseñanza en lo más alto», aventura el profesor Lucena.

La historia de Rocío no es nada corriente. Estudió el Bachillerato de Artes en Málaga, pero dejó los estudios para ayudar en la empresa familiar. Se sacó todos los permisos de conducir y ejerció como conductora profesional durante 17 años. «He trabajado en la empresa de mi padre conduciendo camiones con grúa, retropalas, carretillas, etcétera, y fuera de la empresa familiar he sido conductora de tráiler», explica. Todo este mundo le llevó a tener contacto directo con la electromecánica por medio de los mantenimientos de los vehículos. Acontecimientos familiares le llevaron a desvincularse de la empresa y retomar los estudios. Y se decidió por Electromecánica de Vehículos en el IES Juan de la Cierva de Vélez Málaga. «Decidí vincularme a esta rama profesional ya que mi trabajo siempre tuvo relación directa con la mecánica y era algo que siempre me había gustado». Realizó la solicitud «el último día de plazo y gracias a una gran amiga, Montse», pero consiguió una plaza. Los estudios, reconoce, «han cambiado mi vida laboral por completo». No sin esfuerzo, consiguió terminar el ciclo con una nota excelente, un 8,3 de media.

Rocío recuerda que fue la única mujer en una clase de 30 personas. Pero ella supo encontrar su hueco entre tantos chicos «y sentirme bien a pesar de ser minoría, tuve que redimir mis ganas de abandonar varias veces, ya que en ocasiones me veía fuera de lugar, el más joven de mis compañeros tenía 16 años, y yo por aquel entonces, 35». Pero «gracias al respeto de mis compañeros y al gran apoyo de mis profesores, me vi fortalecida y conseguí llegar al final con todas las asignaturas superadas». Hizo sus prácticas en talleres Oviedo, en su Periana natal, donde tuvo la oportunidad de aprender mucho más.

Es así como llega al programa Erasmus+, gracias a la invitación de su coordinador en el instituto, el profesor Sergio Lucena. En septiembre parten 15 alumnos del centro, ella –de nuevo– la única mujer del grupo. Su destino fue la empresa Vitalis, un centro formativo en la región de Leipzig que recibe a alumnos erasmus de toda Europa para capacitarles en distintas ramas de la formación profesional. El reto del grupo de malagueños fue «construir un E-Buggy –vehículo eléctrico– desde cero, todo mecanizado a mano, cortando y limando pieza por pieza; lo único que nos proporcionan ya fabricado es el motor eléctrico, y los materiales suficientes para llevar a cabo la fabricación», señala Rocío. El equipo no solo logró montar el vehículo, sino que además lo hizo en un tiempo récord, de manera que fueron destinados a otros proyectos, como el montaje de cuadros y circuitos eléctricos, para completar el periodo de estancia en Alemania.

Los malagueños, con el director de Vitalis subido al buggy.
Los malagueños, con el director de Vitalis subido al buggy. / Sur

El presidente de Vitalis, Ralf Giesecke, ofreció a los estudiantes malagueños la posibilidad de trabajar en Alemania. Y a Rocío y a Aran Talboys directamente un contrato en la empresa. «¡No podía negarme! Me pareció una gran oportunidad para ampliar mi futuro laboral», dice Rocío. Ella se incorporó a principios de noviembre y su compañero lo hará el próximo febrero.

Su trabajo en la empresa es rotar por todos los departamentos, como apoyo para grupos sobre todo de alumnos españoles. «Uno de mis puntos fuertes es sin duda el departamento de electro mecánica y el de trabajos metálicos, además de colaborar con la empresa a la hora de contactar con nuevos centros que quieran realizar erasmus en nuestra empresa», explica la joven. Su contrato es en principio de seis meses. La empresa le facilita casi todo, desde alojamiento, comida, billetes de avión, la posibilidad de poder desplazarme con sus vehículos privados, 24 días de vacaciones y un sueldo de 2.000 euros. «Tengo la gran suerte de contar con el apoyo de mi familia, mi pareja y mis amigos, a todos le ha parecido una enriquecedora experiencia profesional y personal», reconoce Rocío desde Schkeuditz.

Superar miedos

Desde esta experiencia profesional y vital tan intensa, Rocío anima a todos aquellos estudiantes a los que se les brinde la oportunidad de poder cursar una beca Erasmus que «las ganas de crecer y aprender puedan más que los miedos, que se atrevan a vivir esta gran experiencia, que se den la oportunidad de sentir cómo se vive en otros países y que experimenten lo maravilloso que es ver todo aquello que aún no han visto». Y a todas esas chicas que les gusta la mecánica, pero que por miedo no se atreven a conocerla más en profundidad, las anima a dar el paso, porque «¡nosotras también podemos!».

 

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